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Viernes 04 de Noviembre de 2011

Mazamorra, el taller de folclore protagonizado por adolescentes

Pertenece al Instituto Zona Oeste de Rosario. Lo definen como el "primer ballet folclórico de una escuela secundaria"

“Mazamorra, taller escuela de danzas tradicionales del Instituto Zona Oeste, invita a usted a la peña pro vestuario del ballet. Viernes 11 de noviembre, a las 20, en el club intercambio Evaristo Carriego, Eva Perón 4760”, así se lee en la tarjeta que los chicos de la escuela tratan de vender y que no promociona una peña más. Es parte de un ambicioso proyecto educativo que desde ese instituto ubicado en Santa Fe y Sucre pretenden concretar: la consolidación de lo que ellos mismos denominan como “el primer ballet folclórico surgido de una escuela secundaria privada”.

La profesora de biología Mariela Degano y Daniel Cavallero, un empleado administrativo del establecimiento, son las cabezas visibles de este proyecto hoy convertido en realidad y que busca encontrar eco en otras escuelas públicas y privadas de la ciudad.

A ambos los une la pasión por el folclore. Mariela es bailarina del Ballet Malón de Fray Luis Beltrán y ahora participa del Pampa Ballet de Granadero Baigorria. Daniel está en Pérez desde hace ocho años con la gente del Ballet El Chúcaro. Ellos, junto a los chicos, le contaron a La Capital cómo se fue gestando esta idea.

Buena predisposición. “Soy profe de biología y trabajo desde hace 14 años en la escuela. Doy también tecnología, soy tutora de algunos cursos y siempre ando buscando hacer cosas por ellos y para ellos. Por eso surgió esto del taller de danzas folclóricas. No sabíamos específicamente cuáles pero nos inclinábamos por las tradicionales argentinas. Soy bailarina y esa es mi conexión con las danzas y un poco queríamos transmitirles eso a los chicos. No es fácil en una institución educativa instaurar el tema de las danzas tradicionales, porque casi siempre se aborda la parte teórica. Pero predisposición hubo desde el primer momento, desde la dirección se nos abrieron las puertas siempre pensando en hacerlo extracurricularmente, una vez a la semana, una hora por turno a la mañana, otro a la tarde”, cuenta Mariela en un alto del ensayo.

Entusiasmada detalla cómo se fueron sumando preceptores, algunos docentes, la gente de la biblioteca. “A partir de allí —abunda— dijimos que debíamos hacer algo en la escuela pero que no sólo tuviera que ver con los actos, sino algo sistemático, para incluso poder mostrarlo fuera del Zona Oeste, que otros conozcan a Mazamorra y así sembrar esta semilla en otras escuelas secundarias que tengan ganas de iniciar un taller de folclore”.

Y cuando se le pregunta si a Mazamorra se lo puede denominar un ballet no duda un instante: “Sí, creo que en estos momentos podemos definirlo como un ballet escolar”.

Sobre la injerencia de los chicos en movilizar el proyecto, la docente detalla que “arrancamos en junio con esta prueba piloto. Y hace dos meses (ocho ensayos) que empezamos a trabajar a full. El acto del 25 de Mayo fue el disparador. Se presentó un proyecto, planificamos objetivos a corto, mediano y largo plazo, donde se pueda establecer un trabajo interdisciplinario, como esto de que música, educación física, tutoría, geografía, participen. Es decir que las materias puedan volcar todos sus contenidos a la danza”.

Daniel Cavallero lleva el folclore en la sangre. Se le nota cuando brinda explicaciones precisas de los movimientos y cuando se mueve. Cuando Mariela lo tentó para el proyecto no pregunto cómo sería, sino cuándo empezaban.

Todos los cursos. Orgulloso cuenta que están todos los cursos de la escuela representados, con alrededor de 25 bailarines. También dice que los chicos suben a Facebook “cosas que nos sorprenden, por ejemplo un gato correntino o un malambo. O zambas muy lentas. Hasta ahora estamos trabajando con zamba, chacarera y gato”.

Asegura que el proyecto continúa “más que nada por ellos, por las ganas que le pusieron. Abrieron un grupo, decidieron hacer las coreografías, plantearon el hecho de no sólo quedarse con los actos escolares sino también la posibilidad de poder bailar en otras peñas. Nosotros propusimos una idea sin tener en claro qué respuesta iba a tener. Y salió bárbaro. Cada vez se suma más gente”, destaca.

Mariela aspira a que esta idea “pegue en otras escuelas. Si el proyecto se redondea este año tenemos idea de llevar nuestra experiencia a otros establecimientos, sean públicos o privados. Por lo que estuvimos sondeando, prácticamente no hay talleres de este tipo, y menos en secundaria y privada”.

Orgullo. En esta escuela, que ella misma cataloga como “una secundaria de gente laburante, de clase media, de obreros, de gente que todavía la rema para que sus hijos puedan venir, instalar el tema del folclore es difícil. Uno lo vivencia desde su lugar cuando va a las peñas o se interrelaciona con otros ballets. Pero presentárselo a los chicos como algo nuestro es difícil. Por eso vivo sorprendida cuando los veo hacer la coreografía, y que disfrutan y aplauden, siento orgullo. No por nosotros, sino por lo que ellos logran”.

También resalta que “a fin de año pondremos en la balanza para ver cómo seguimos. El proyecto no es ambicioso, es muy ambicioso. Ojalá que esto de lo interdisciplinario prenda fuerte. Porque además pensamos que para los chicos el taller les sirve de contención”.

Y para cerrar su idea, la bailarina cuenta su sueño: “Creo que en el fondo lo que buscamos es que quede instalado el ballet folclórico del Instituto Zona Oeste”.

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