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Jueves 29 de Octubre de 2015

Massa busca cotizarse con un pliego de condiciones para la segunda vuelta

El ex candidato de UNA Sergio Massa se preocupó por armar una escena de unidad. Quiere hacer valer los 5,2 millones de votos que sacó el domingo pasado.

Cuidando los detalles, Sergio Massa eligió un amplísimo salón del Hotel Hilton de Puerto Madero para juntar a su tropa, armar una escena de unidad y fortaleza política. Sobre mullidas alfombras, más de un centenar de dirigentes se escucharon durante toda la jornada para finalmente dar a luz una pieza discursiva pulida, con algunas definiciones insinuadas pero nunca rotundamente dichas, y con un consenso mayoritario: buscar que Mauricio Macri se abrace a las consignas principales de campaña del FR. Si algo parecido a eso sucede, sobre el 22 de noviembre Sergio Massa anunciará que vota a Macri.

Todo queda abierto a la dinámica del puñado de días que restan. El último recurso, si entendimiento con el líder de Cambiemos no llega, sería votar en blanco. La probabilidad política de un acercamiento formal a Daniel Scioli son de bajas a nulas para el candidato que obtuvo 21 por ciento de los votos el domingo pasado. La llave de la resolución del ballottage estaría en los 5,2 millones de votos que pusieron su voto en la boleta de UNA.

Massa usó con insistencia la palabra “cambio”, está convencido que los argentinos votaron en ese sentido. Y que el ciclo kirchnerista será removido por la fuerza de los votos. Sin embargo, el tigrense no quiere “cualquier cambio”; rechaza el cambio “regresivo” o que produzca un “desbalance” en la sociedad. El objetivo será hacerse valer, y que sus 5,2 millones de votos no se licuen en la Argentina que empieza a partir del próximo 22 de noviembre.

Con astucia, y como indica el manual del buen político, ante la coyuntura del ballottage —inédito en la Argentina—, Massa primero pensó: ¿Quién me conviene que gane el ballottage?; la respuesta es cantada, Mauricio Macri. La razón, obvia: una derrota de Scioli y del kirchnerismo lo posicionaría como posible heredero a capitalizar la inevitable crisis que se desplegaría en el FpV. Un cambio de época.

Roberto Lavagna, por su parte, anunció que no votaría en ningún caso a Scioli, aunque sobre el final de la conferencia de prensa ofrecida ayer, rectificó: “No hablamos de nombres propios, decimos que no vamos a votar por la continuidad”. Por su parte, el candidato a vicepresidente, el salteño Gustavo Sáenz, no descartó la opción Scioli, siempre que se acerque con sus propuestas a al pliego de condiciones programáticas que le presentó UNA ayer. Otros candidatos importantes del massismo, como Facundo Moyano (diputado electo por la provincia de Buenos Aires) ya se manifestaron por la opción de la fórmula del FpV.

El FR navegó de manera deliberada sobre la ola de la ambigüedad, con palabras medidas, siempre fiel a un objetivo principal, conservar su construcción política.

José Manuel de la Sota, la otra pieza clave del massismo, explicó que a Scioli no lo vota, pero evitó también definirse por el candidato del PRO. La elección de UNA en la provincia de Córdoba demostró que el votante mayoritario del referente del peronismo en esa provincia ya decidió por Macri. El partido amarillo obtuvo una altísima votación cercana al 50 por ciento en la provincia mediterránea.

Por su parte, sentado en la cabecera de mesa principal, ayer en el Hilton, el diputado electo por Santa Fe, Alejandro Grandinetti, explicó a La Capital que su objetivo será conseguir que su bloque juegue un rol determinante en el Congreso para “recuperar el republicanismo”. Como una de las medidas centrales, anticipó que su bloque —que tendrá cerca de 30 miembros— impulsará con fuerza la derogación de las leyes de emergencia económica, devolviendo a la Cámara esas facultades cedidas al Ejecutivo nacional.

 

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