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Domingo 02 de Abril de 2017

"Yendo de la cama al living", el disco de Charly García que marcó una época

Esta obra maestra, que en su momento provocó fuertes controversias por sus niveles de ruptura con el pasado, es minuciosamente analizada en un reciente libro que vale la pena explorar

No bombardeen Barrio Norte (Perro Andaluz Ediciones, 2016), el más reciente libro de Martín Zariello, se suma a la lista de trabajos que se acercan a la vida y obra de Charly García, integrada, entre otros títulos, por la biografía de Sergio Marchi No digas nada (Sudamericana, 1998); la interpretación de sus letras que realizó Mara Favoretto en Charly en el país de las alegorías (Gourmet Musical, 2013); Un dios aparte, de Miguel Ángel Dente (Ediciones Disconario, 2016); el jugoso anecdotario recopilado por José Bellas y Fernando García en 100 veces Charly (Ediciones B, 2016), y el extenso reportaje de Daniel Chirom, titulado simplemente Charly García, que ediciones El Juglar publicó allá por 1983.

A diferencia de sus colegas, Zariello toma un solo trabajo —el primer álbum solista de García, el doble Yendo de la cama al living/Pubis angelical, de 1982— para analizar, como anuncia el subtítulo del libro, el triunfal ingreso de García en la década de los 80, época en la que su explosión creativa se anudó en una seguidilla de discos extraordinarios, cuyas canciones se convirtieron en la banda sonora del período que va de la guerra de Malvinas al final de la presidencia de Raúl Alfonsín.

Para la mayoría de los artistas que habían comenzado a tocar y grabar a comienzos de los años 70, los cambios que se produjeron en el rock mundial a finales de esa década fueron vividos como un interrogante y un desafío no exento de peligros. El recambio generacional y las nuevas tendencias que llegaban desde Londres —el post punk y la new wave, réplicas del brevísimo y feroz terremoto punk de 1977— y Nueva York —el rap y la música disco— dinamitaron los principios estéticos imperantes hasta ese momento, por lo que, al intentar actualizar su sonido, muchos de esos artistas fueron acusados de "venderse" para hacer música "comercial".

García encaró su proceso de adaptación a las nuevas tendencias a mediados de 1982, luego de la separación de Serú Girán, cuando intentó convertirse en una suerte de padrino de la nueva generación al producir los primeros álbumes de Los Abuelos de la Nada y Los Twist, y al declarar poco después, en una canción clave dentro de su apabullante repertorio, su gusto por los raros peinados que lideraban la renovación. Yendo de la cama al living/Pubis angelical —que agrupa sus primeras ocho canciones como solista y la banda sonora del film de Raúl de la Torre basado en la novela de Manuel Puig publicada originalmente en 1979— marca el punto de arranque de esa transformación artística.

Ya en las primeras páginas de su libro, Zariello reconoce su fanatismo por la obra de García y, como bien apunta Gonzalo Curbelo en su reseña publicada en el diario uruguayo La Diaria, esa devoción funciona, al mismo tiempo, como lastre y motor de No bombardeen Barrio Norte: por un lado, lo empuja en más de un pasaje al pantanoso terreno de la hagiografía; por el otro, lo llevó a relevar diarios, revistas y reportajes radiales y televisivos y, sobre todo, a escuchar decenas de grabaciones de conciertos, demos y versiones preliminares de las canciones que finalmente conformaron el primer álbum solista de García, lo que le brinda un conocimiento profundo sobre el modo en que fue concebido y producido el objeto de su análisis.

En No bombardeen Barrio Norte, Zariello desmenuza las canciones de Yendo de la cama al living una por una y en el orden en que fueron editadas y, entre lado y lado de su long play textual, incluye un logrado intermedio dedicado al disco instrumental Pubis angelical, en el que traza líneas de contacto entre la música de García y el universo narrativo de Manuel Puig y se detiene en un tema fundamental en la obra de García, que aún no ha sido explorado en profundidad por el periodismo: su fascinación por el cine y la incidencia que tiene en su música.

Zariello suele ser criticado por la impronta informal que imprime a sus textos. Más allá de cualquier valoración que pueda hacerse sobre su enfoque o estilo, es necesario puntualizar que en la actualidad, el análisis y la crítica musical, tras desaparecer de la mayoría de los medios gráficos, han encontrado un nuevo hogar en los blogs, y este cambio de soporte se tradujo en un modelo textual más ligado a la anécdota autobiográfica y al comentario impresionista. Basta con leer los artículos que integran la reciente antología Esto es una escena (El Servicio Postal, 2016), en la que periodistas y músicos (la mayoría nacidos en los años 80) ofrecen su visión del vibrante mapa rockero cordobés actual, para confirmar que existe un nuevo paradigma escriturario en el periodismo cultural.

Zariello es consciente de la tensión que generan estas transformaciones, y es por eso que a lo largo de su libro aparecen diseminadas todo tipo de aclaraciones y excusas innecesarias. Sólo dos ejemplos: cuando escribe que "la carrera de Charly es tan rica en cuanto conexiones secretas que el famoso concepto de rizoma de Deleuze (signifique lo que sea) seguramente se quedaría corto", o cuando afirma que se enteró de la existencia del Día de la Voz, el flashmob y la Sociedad Argentina de la Voz al momento de realizar la investigación que desembocó en No bombardeen Barrio Norte, demuestra, con esta suerte de actos reflejos textuales, que mantiene la guardia en alto frente a cualquier cuestionamiento que pueda hacérsele desde el establishment periodístico.

El tono del libro fluye, en sintonía con los textos que Zariello publica en su blog (ilcorvino.blogspot.com), a través de una voz narrativa coloquial y amigable. Como toda marca de estilo, el coloquialismo tiene puntos a favor y en contra: si bien hace de la lectura de No bombardeen Barrio Norte una experiencia amena, también le resta espesor cuando roza el registro de la charla de café y el autor se sube, como él mismo afirma, al "polémico tren de las ucronías".

A lo largo de 180 páginas, Zariello interpreta las letras de las canciones del álbum, repasa el contexto en que fue grabado, bucea en el extraordinario universo artístico de Charly García y ofrece sus impresiones personales. Se trata, en definitiva, de un trabajo que aporta una mirada apasionada y minuciosa sobre uno de los discos fundamentales de un artista que signó la música popular argentina de las últimas tres décadas.

Diego Giordano

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