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Domingo 29 de Enero de 2017

Vivir en la terraza

La hija de uno de los caseros brindó su testimonio en el marco de la convocatoria lanzada por Plataforma Lavardén y recuerda cómo era vivir en el edificio de Mendoza y Sarmiento.

En el 69 a mi papá (que era empleado del Ministerio de Agricultura desde los 18 años) lo destinan al edificio de calle Sarmiento y Mendoza como casero, asignándole una casa en el 6º piso para que residiera con su familia. Yo tenía 16 años cuando nos mudamos a la Sala Lavardén con mi papá Orlando, mi mamá Norma y mis dos hermanas, Marta y Silvia. Vivíamos, como decíamos nosotros, arriba de todo, donde está la cúpula.

   La casa tenía dos dormitorios, un baño, un comedor grande y cocina. En la terraza había un juego de jardín y grandes macetones con flores que cuidaba mi mamá.

   En el 5º piso funcionaba la Junta Nacional de Granos y en el resto del edificio distintas oficinas del Ministerio de Agricultura. En el 2º piso estaban la biblioteca y el museo agrícola, en el sótano había un depósito de muebles en desuso y en la esquina: el teatro, donde ofrecían todo tipo de espectáculos que siempre disfrutábamos.

   Nuestros amigos querían venir a casa, siempre nos reuníamos en la terraza con torta y mate que nos hacía mamá, y guitarra y bombo ya que éramos una familia muy musical.

   Transcurrió el tiempo, mis hermanas y yo crecimos, formamos nuestras familias y llegaron nuestros hijos, que también disfrutaron de este lugar.

   En los momentos libres y fines de semana mi padre recorría el edificio para asegurarse de que todo estuviera en orden y muchas veces íbamos a la sala de máquinas del reloj de la terraza, que a veces no funcionaba, y papá buscaba la forma de hacerlo andar.

   Con los años él se jubiló y tuvo que dejar la casa.

   Pasó el tiempo, y un día se inauguró Plataforma Lavardén, por supuesto, fui...

   Cuando entré a mi casa, la encontré renovada, hermosa, llena de colores, sonidos, magia.

   Volví a los lugares donde había estado alguna vez, por supuesto a mi casa, del 6º piso, allí el reloj que durante muchos años estuvo parado, hoy marcaba el paso del tiempo. Todo diferente, deslumbrante, lleno de vida, de actores, música, disfraces, talleres, luces, fuegos artificiales, fue emocionante. El sótano, al que acostumbrábamos ir con papá cuando era un viejo depósito, era un gran salón lleno de malabaristas, acróbatas, cintas de colores, talleres donde los niños creaban en papel y fabricaban juguetes de madera, sentí una gran emoción.

   Días después sentada en la butaca del teatro escuché a mi hija Valeria cantando una ópera. En otra oportunidad llevé a mi sobrino nieto a ver a mi hija Vanesa que estrenaba allí una obra de teatro para bebés, sí... hoy las veía actuar allí, en el mismo lugar donde alguna vez paseaban de la mano con su abuelo.

   Por eso hoy, al soplar las velitas de tus 90 años, pido 90 deseos, para que sigas siendo hermosa y mágica como siempre. Y felicito a todos los que forman parte de ella y trabajan para que esto sea posible.

   Ah... sí... ya escuché pa, vos la seguís cuidando... ya sé... Porque esta es nuestra casa, y la casa de todos, la más hermosa de la ciudad de Rosario, pero ahora es Plataforma Lavardén.

Alicia Campanari

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