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Domingo 28 de Mayo de 2017

Unidos por la misión: Mario Pantaleo e Ignacio

Jorge Zicolillo, periodista y agnóstico, cautivado por dos sacerdotes "sanadores", recopila los hechos más impresionantes de las vidas de dos curas que cambiaron la realidad de mucha gente y generan pasiones.

El padre Mario Pantaleo nació en Italia en 1915 y vino a vivir a Buenos Aires. Ignacio Peries nació en la Sri Lanka y luego de los estudios para ser sacerdote llegó a Rosario para cumplir una misión. Los dos son extranjeros e hicieron de la Argentina su patria. Los dos recibieron dones para captar de forma intuitiva el sufrimiento de la gente. A ambos se les adjudican curaciones. Sin embargo, no consta que se hayan conocido. Dos sacerdotes que sembraron la fe y la esperanza en miles de corazones, que se preocuparon en especial por los pobres y enfermos. Dos curas que hicieron historia. Ignacio, ahora en plena vida adulta; Pantaleo, fallecido en 1992.

El periodista y novelista de Clarín Jorge Zicolillo recopiló testimonios entre quienes los conocieron, de personas que dicen haber sido sanadas por sus manos, de los que escucharon revelaciones que ni los médicos podían creer. Luego de escribir en forma separada una biografía de cada uno de estos dos trascendentes sacerdotes, el autor reconoció asombrado las coincidencias que había entre ambos personajes y decidió plasmarlo en el libro Vidas Paralelas. Padre Mario y Padre Ignacio, dos historias en el espejo, editado recientemente por Sudamericana.

Vidas Paralelas aborda la biografía de estas personalidades desde una mirada agnóstica y política. El autor relaciona los tiempos que vivieron ambos, los vínculos con la clase política, la preocupación social de Mario Pantaleo y de Ignacio Peries. No incursiona en la vida espiritual de estos sacerdotes. Los entiende como dos personajes más de esta historia en la que ambos inciden de un modo particular. Alterna anécdotas de gente que los conoció, noticias del momento, retazos de historia argentina que los atravesaron. En un capítulo cuenta lo que pasó con Mario, y en otro sucesos de la vida de Ignacio. Así, intercalando historias y vivencias da un panorama asombroso de las diferencias y similitudes de ambos.

Para los rosarinos el libro cobra especial interés porque permite conocer más al padre Ignacio. Allí se cuenta cómo llegó al país, dónde se formó, cómo era barrio Rucci en aquel momento, en qué contexto empezó su tarea pastoral, y cómo descubrió sus increíbles dones que tanto alivian. Zicolillo, especializado en política, escribe en clave de interpretación, intentando comprender el fenómeno de estos sacerdotes que sin ser argentinos dejaron y dejan una profunda huella en el país. Sin duda, dos líderes ajenos pero no lejanos a la política que cambiaron la realidad de mucha gente.

Junto a un equipo de trabajo, el periodista realizó una exhaustiva investigación para brindar detalles poco conocidos. De manera ágil y amena, el autor relata como transcurrieron ambas historias recurriendo a relatos de testigos. El autor se deja sorprender por los milagros y visiones de estos sacerdotes. Desde su agnosticismo valora con "estupor" la obra de Peries y de Pantaleo.

El relato también alterna entrevistas (escritas en otra letra) y testimonios de personas que conocieron a estos sacerdotes. Como aquel que cuenta que era alumno de la escuela Natividad del Señor y conoció a Peries recién llegado cuando todavía no hablaba el castellano.

En el libro no se recogen entrevistas personales a ninguno de los dos curas, todo lo cuentan quienes los conocieron o fueron beneficiados por sus dones. Zicolillo lo hizo para evitar que su opinión personal interfiriera en la investigación. Quiso que hablaran los testigos de ambas vidas. Sólo entrevistó al actual gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, para que relatara cómo conoció a Peries y como es actualmente su relación con el cura.

Tampoco el autor fue protagonista de ninguna curación, pero sí conoció a personas que admiten que fueron sanadas. Más allá de su escepticismo religioso, no puede negar que en todos los casos sucedió algo "extraordinario".

Pasando las páginas se pueden leer historias de personalidades que recurrieron a estos sacerdotes y modificaron su destino. Tal fue el caso del historiador Félix Luna, cuando Mario Pantaleo le dijo que tenía un tumor de próstata que luego desapareció o el expresidente Carlos Menem a quien el padre Mario, aseguran, sanó de unos nódulos en la garganta. Hasta médicos escépticos admiten que se curaron.

En los capítulos sobre el padre Ignacio, el autor refleja historias de milagros obrados por Dios a través de las manos del sacerdote de Sri Lanka.

Mirada social

Escribir sobre Mario y sobre Ignacio fue una manera de abordar la problemática social que no siempre se percibe, desde la óptica tan particular de estos dos sacerdotes.

El autor no ahorra tinta para contar con detalle cómo se vivía en Argentina cuando ellos llegaron. El deseo de Pantaleo de mejorar la situación de cientos de familias en González Catán, un barrio del partido La Matanza en Buenos Aires donde actualmente sigue vigente la obra del padre Mario y la situación de barrio Rucci, en Rosario, cuando llegó Ignacio.

En 1975 Pantaleo inauguró una capilla en González Catán, más adelante una guardería para los niños del barrio y un espacio de encuentro para los ancianos del barrio, y luego una escuela primaria y otra secundaria.

Mientras tanto ejercía una increíble labor sacerdotal y de atención a todas las personas que querían consultarle algo por su propia salud o por un ser querido.

Entre 1976 y 1992 Pantaleo impulsó la construcción, además de las escuelas, del policlínico Cristo Caminante, la Escuela Laboral para Discapacitados Santa Inés, el Centro de Atención para Mayores y un Polideportivo. Su sueño era levantar una universidad, pero el cuerpo no resistió. Falleció en 1992, adorado por miles.

El autor del libro viajó en más de una oportunidad a Rosario, y fue como un espectador más a la capilla del padre Ignacio Peries. En diálogo con Más reconoció que lo dejó asombrado la actividad del sacerdote y la fe de la gente, al igual que el masivo Vía Crucis que se organiza cada año en barrio Rucci. Fenómenos inexplicables, tal vez, pero contundentes y reales que modifican las vidas de muchos, que mueven a miles y miles de almas que buscan un poco de paz y necesitan quien los ayude.


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