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Domingo 12 de Marzo de 2017

Un bar de Pellegrini

Alguna vez creímos que la elección de las palabras...

Alguna vez creímos

que la elección de las palabras,

con su espuma desintegrándose

en la ficción del tiempo

y el espacio,

bastaría para cambiar

el ángulo de

inclinación de la Tierra,

que es la causa de

todas las locuras

que los hombres cometen.

Creíamos, en aquel

bar de Pellegrini, que

con libros comprados en

librerías de viejo,

podríamos taponar todos esos

agujeros negros, pavorosos,

que desmienten

la ingenuidad del Universo.

¿Y por qué no intentar construir

con las palabras justas

una gruta, una casa

soleada (de aire),

o al menos una piedra

sobre la cual poder

apoyar algún día la cabeza?

En aquel tiempo hasta creíamos

en la gloria: ¡una gloria

tan amarga y tan líquida,

que cabía en una jarra de cerveza!

No sabíamos de la ingratitud

de las palabras, ni que

detrás del oropel y del éxtasis,

yacía el cadáver hambriento

de la nada...

Aquellas palabras

tan escrupulosamente elegidas,

hoy son insectos mínimos,

absurdos, inexplicables

(ningún entomólogo los registra),

que reptan sobre

el sucio piso del bar.

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