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Domingo 09 de Julio de 2017

¿Por qué tropezamos tantas veces con la misma piedra?

El 95 por ciento de lo que pensamos hoy es igual a lo que pensamos ayer. ¿Por qué nos cuesta tanto andar otros caminos? Cambiar es crear, desafiar y aceptar nuevos estímulos. Lo vale.

Paquetes cerrados de información. Más de lo mismo. Me gusta pensar a la mente como un juguete, un aparato lleno de botones, palancas y luces, repleto de posibilidades, aunque siempre lo usemos de la misma manera. ¿Sabías que si a un niño le das un juguete y le explicás exactamente cómo se usa, cerrando otras posibilidades de juego, entonces así aprenderá a utilizarlo? De esta manera se bloquean las alternativas, entendiendo que esto se usa o hace de esta sola forma y no de otra. Bueno, lo mismo nos pasa con nuestra mente.

El cerebro trabaja con paquetes de información que va armando con su propia experiencia en la que se mezclan las enseñanzas de los padres, el entorno, las situaciones vividas. Desde niños vamos creando estos bloques o sistemas de creencias desde los que vemos el mundo, construyéndolo así ajustado a un molde. De esa forma creamos nuestra (forma de ver la) realidad, dado que ésta no existe por sí misma, sino que es cada uno quien la diseña a la medida de sus posibilidades, de su historia, sus experiencias, recursos, emociones, pensamientos, valores.

Nuestra realidad está entonces constituida por la sumatoria de estos sistemas de creencias, envases cerrados de información que se van haciendo más rígidos cada vez que se usan. Y más repetitivos y automáticos. ¡El 95 por ciento de lo que pensamos es exactamente lo mismo que lo de ayer! Y esto sucede porque a la mente le resulta conveniente tener a mano estos esquemas predeterminados: es un valor adaptativo, dado que se trata de rutas conocidas, rápidas y de bajo costo. El cerebro se las rebusca para agilizar y economizar sus acciones, pero... no es gratuito este sistema: las contestaciones se hacen automáticas e invariables, impidiendo las alternativas, el cambio.

Es por esto que somos es el mismo que fuimos ayer —porque cada día nos copiamos a nosotros mismos— pensando, sintiendo y haciendo de la misma manera que lo hicimos ayer, sin siquiera preguntarnos por qué ni para qué, sin interrogarnos al respecto.

Este es el punto. La mente se siente cómoda con lo que ya conoce, y es así cómo busca ratificar y no rectificar, consolidar y no cambiar.

Distancia y creatividad

Sabemos que la creatividad incluye la participación de ambos hemisferios cerebrales, desafiando lo que antes se creía, que era sólo tarea del cerebro derecho. Muchas regiones deben trabajar en conjunto a la hora de crear, sincronizándose. Pero vamos a reconocer tres redes principales: la red de atención ejecutiva (razonamiento, memoria de trabajo, concentración, que se usa para problemas complejos), la red de imaginación (construcciones mentales dinámicas, simulaciones, divagación) y la red de saliencia o relevancia (encargada de monitorear eventos externos e internos, alternando el mando entre las dos redes antes mencionadas).

Para crear es conveniente lograr un "estado de flujo" que reduce el control y foco exclusivo y excluyente de la red de atención ejecutiva y permite un mayor compromiso de la red de imaginación. La salida creativa convoca toda la historia, las experiencias, los recursos cognitivos, pero sin estar con la mirada fija en el problema sino habiendo tomado una cierta distancia de él.

Con esta pausa se logra cortar con la activación de circuitos "obligados", las rutas predeterminadas o automáticas. Así, frenando lo que dura una inspiración profunda, logramos multiplicar por cien el número de neuronas reclutadas para la respuesta (algunas investigaciones hablan de 40 convocadas en el primer impulso o reacción contra 4 mil de una respuesta mínimamente pensada). Luego será tiempo de ejercitar las nuevas vías para consolidarlas.

"Hay que poner en foco la resolución del problema corriéndose de ahí para buscar salidas, ampliando el horizonte de alternativas, siendo creativos"

Poner límites

Cambiar es crear, innovar, desafiar lo establecido en pos de producir variantes en los modelos mentales. Como lo venimos pensando, se trata de modificar el sistema de rutas neurales, reemplazando los caminos tan andados por otros nuevos que tardarán en hacerse fuertes. El primer paso puede ser reconocer lo que nos pasa, algo así como identificar y comprender el problema, justamente eso que queremos modificar. Sin este paso, no hay ninguna chance de cambio.

El segundo paso es estar atento, de otro modo las respuestas automáticas tendrán lugar sin que lo advirtamos. O, quizás nos demos cuenta, pero tarde.

Es tiempo del tercer paso: hacer una pausa. Una vez que nos enteramos que estamos por entrar a la ruta de siempre, respirar hondo y largar el aire sin prisa, permitiendo que la pausa tome lugar. En esta instancia podemos tomar una cierta distancia de la imagen o estímulo que titula el problema, para no enredarnos y poder mirarlo desde afuera, más calmos. Así estaremos evitando reaccionar, cambiando este impulso por el de responder, barajando alternativas para luego poder elegir libremente.

En el cuarto paso ponemos el foco en la resolución del problema: nos corremos para buscar las salidas, ampliando el horizonte de alternativas, considerando todo un mapa de rutas que nos saquen de ahí. Es necesario en este punto ser creativos, comprendiendo que esto implica correrse de los lugares conocidos, y por esto de confort: nos enfrentaremos a nuestros miedos e incertidumbre, amenazas que buscarán torcer el rumbo hacia más de lo mismo. No lo permitas; es necesario arriesgar, total, fallar no es un problema, es una posibilidad más de aprender. Fracasar es no intentarlo.


¿Vale una última sugerencia?

Los mejores cambios, los más profundos, efectivos y duraderos son los que se hacen desde adentro, no los obligados por otro o impuestos por circunstancias. Por eso es conveniente que te involucres con lo que te pasa y elijas. Como cualquier cambio, requiere de iniciativa para arrancar y esfuerzo para sostenerlo, dado que te enfrentarás a cosas que te cuestan. La fuerza la encontrarás sólo si esta lucha es valiosa para vos. Ya sabés que si la meta da con tus valores entonces el esfuerzo vale la pena.



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