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Domingo 05 de Marzo de 2017

La desaparición del matrimonio

Una mirada crítica sobre las declaraciones de monseñor Aguer quien afirmó que la desunión de hombres y mujeres es responsable del aumento de los femicidios.

La frase del título es parte de una sentencia más amplia pronunciada por Héctor Aguer el arzobispo de La Plata en un reportaje al religioso publicado por la agencia Télam. El arzobispo dijo: "la racha de los nuevos femicidios tiene que ver con la desaparición del matrimonio".

Sorprende en primera instancia el uso por parte del religioso de la palabra racha que alude más bien a un período breve de tiempo de fortuna o desgracia. Como la racha positiva o negativa de un equipo de fútbol. O la racha de aciertos o de desaciertos de un jugador.

La gravedad de la matanza de mujeres a manos de los hombres queda casi oculta debajo de la expresión "racha de femicidios". Toda racha en cualquier momento se interrumpe. Pero los asesinatos de mujeres se reproducen día a día. No son con toda evidencia una racha sino una tragedia que estalla en las familias envolviendo a las mujeres en una inseguridad crónica.

Ni aquí ni allá ni la justicia ni la policía pueden evitarlo en la mayoría de los casos. Todos o casi todos los días a pesar del clamor hay una más, por tanto una menos. Hablar de racha de femicidios no ayuda demasiado a que la indespertable conciencia humana despierte en esta como en tantas otras cosas.

Aguer explica que "el matrimonio no existe más hoy en día: es un rejunte provisorio. No hay más marido y mujer; hay ex novia, ex pareja". La calificación de rejunte implica una unión de mala calidad, una junta a contramano de la ley natural bajo las normas Iram del cielo. Si además el rejunte es provisorio es muy proclive a anidar todo tipo de males.

Por lo demás es curioso que en el análisis del arzobispo, a la desaparición del matrimonio le siga: ex novia y ex pareja. No se entiende muy bien el mensaje, pero en todo caso pareciera que el rejunte provisorio termina en ex. Dicho aristotélicamente: el rejunte en su precariedad potencialmente ya es una ex pareja. Sin duda. Tanto como que cualquier unión puede terminar en una desunión. Las pruebas al canto. Como bien debe saber Aguer hasta matrimonios prolijos, por civil y por iglesia, no sólo se divorcian sino que también se anulan Vaticano mediante. Es decir borran lo que unió Dios. Eso sí, se requiere cierto dinero y contactos.

El matrimonio es parte de la diversidad humana al punto de estar muy lejos de tener una forma única de acuerdo a las distintas épocas históricas y a los diferentes lugares. En una definición más antigua que clásica se dice del matrimonio que es la unión de hombre y mujer. Sin embargo el caso es que la unión de hombre y mujer no da cuenta de la realidad de estos tiempos pues en varios países existe el matrimonio igualitario en referencia a uniones de personas del mismo sexo. Es decir que las palabras del padre Aguer, un tanto extremas, tal vez sean una referencia a que el número de matrimonios va disminuyendo.

Sin embargo también es cierto que el matrimonio actual es más amplio que los anteriores al incluir otras formas de unión de los humanos más allá de opiniones y prejuicios al respecto. Para que su posición resulte bien clara, el arzobispo cuenta que sólo deja entrar al seminario a los aspirantes heterosexuales. "A los muchachos que quieren entrar al seminario yo les pregunto si le gustan las chicas. Si me dicen que sí yo les digo? ¡ah! ¡bueno! ¡menos mal!." Aguer señala claramente que los homosexuales no tienen lugar en el seminario. Sí en la Iglesia.

Después de todo en torno a cada templo hay una fila interminable de pecadores que renuevan su alma que nuevamente habrá de contaminarse con el pecado. A cada muchacho para entrar al seminario le deben gustar las chicas, prescribe el arzobispo. Como el aspirante a seminarista ha confirmado que le gustan las chicas sus compañeros no lo tentarán. Sin embargo la sexualidad humana nunca es totalmente transparente menos aún en tiempos de juventud con lo cual siempre es posible que el diablo meta la cola.

Monseñor Aguer define de un modo sintético al matrimonio del cual denuncia-anuncia su desaparición: "La unión del varón y la mujer es unitivo y pro creativo". Estas dos virtudes esenciales del matrimonio, según Aguer, la unión y la creación, lo son en realidad de la pareja humana en varias de las versiones actuales. El clásico problema de la religión (en la ocasión la católica) es que una de sus instituciones fundamentales, el matrimonio, no recubre la amplia fenomenología del amor y la sexualidad humana capaz de desbordar cualquier marco que se proponga regularlas.

La ideología dominante (hoy por hoy en la mayor parte del mundo con sus diferencias y matices) impera siempre con su clásica doble pretensión: una economía supuestamente libre y un amor-sexualidad supuestamente regulados.

Como se sabe tanto como se olvida, a la economía la determina la voracidad de la riqueza. En cuanto al amor-sexualidad no los contiene la institución más grande jamás creada (religión) ni puertas afuera ni mucho menos puertas adentro con su indetenible emergencia. En cuanto al matrimonio, el arzobispo no debiera desesperar.

Aunque las estadísticas actuales no sean las de otro tiempo para el encuadre católico, la inextinguible demanda de seguridad en el amor por parte de los humanos encuentra y encontrará en el matrimonio como debe ser un plus de seguridad al estar certificado por Dios. Nada menos.

La creatividad social todavía no ha creado un seguro matrimonial a todos los efectos y afectos. Por lo demás, siempre es posible que el amor se case con el dinero. En cambio el dinero es imposible que se case con el amor. Tampoco con Dios. Como lo prueban los 16.000 paraísos fiscales que se calculan en el planeta.

Por cierto, son los paraísos requeridos y visitados por los grandes ricos, los funcionarios y demás especímenes afines a lo oculto, verdaderos paraísos terrenales mucho más demandados que el intangible cielo destinado a los pobres.

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