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Domingo 26 de Febrero de 2017

El misterioso señor Szoka, un artista muy particular que es furor en las redes sociales

En sus tiras captura como pocos lo más sutil de lo cotidiano. Esa manera de reflejar el amor, la soledad y las desilusiones ha capturado a miles de seguidores. Es un ídolo en internet y uno de los humoristas gráficos con mayor proyección de la Argentina

"Me cuestan mucho las manos", confiesa y aleja la mirada del café que nos separa y la redirige a sus propios dedos mientras los extiende y contrae como un acordeón oxidado.

Por breves y escasos momentos, Szoka abandona su mundo privado. En la Feria del Libro, en La Noche de los Dibujantes recientemente celebrada en el Centro Cultural Konex en Buenos Aires y en charlas de café (rarísimas) como esta, uno de los más interesantes humoristas gráficos argentinos surgidos en los últimos años se vuelve cuerpo presente, sale con timidez de su zona de confort para pacientemente aguardar un bombardeo de solicitudes de autógrafos, pedidos de dibujos, de preguntas. ¿Quién es este misterioso dibujante cuyas viñetas circulan con frenesí por las redes sociales cosechando corazoncitos, likes, halagos?

—Vine solo porque me insististe mucho mucho, me dice. Le escapo a la exposición. Por eso me gusta que solo me conozcan como "Szoka". No me interesa hacerme famoso. Aunque a veces pienso cómo sería vivir de esto.

Szoka no eligió el misterio. El misterio lo eligió a él. En sus tiras, Szoka captura como pocos lo inasible de lo cotidiano. En uno, dos o tres actos: el amor (y su reverso, el desamor), la angustia existencial, la soledad, la paternidad, las desilusiones y demás heridas emocionales. Es un humor gráfico empático: imposible no sentirse identificados con los pensamientos, ideas, situaciones esbozadas por un autor al que luego de leer (y disfrutar) inevitablemente sentimos próximo, un amigo al que no le conocemos la cara.

Al igual que la mayoría de los buenos escritores y humoristas gráficos, Szoka inventó un mundo personal, autónomo en el que sus personajes parecen tener vida y opiniones propias. Detrás de sus comentarios exagerados, se oculta una verdad incómoda.

Dibujar, para Szoka, es un acto privado. No para: de día, de noche, en tiempos libres, él dibuja. Lo hacía ya en la escuela técnica, en el conservatorio de piano por el que pasó y mientras estudiaba para ser lo que es hoy, diseñador gráfico.

Hasta que un día las tiras comenzaron a tomar forma.

—Fue cuando se jubiló mi papá, recuerda. Le enseñé a usar internet. Pero no tenía con quién hablar. Así que cada tanto le mandaba un dibujo con un texto, un chiste interno, familiar, entre él y yo, hecho a mano en una servilleta y luego escaneado. Y él lo reenviaba a todo el mundo.

De a poco, le fue gustando cómo quedaban. "¿Por qué no te armás una página de Facebook?", le dijo una vez un compañero. Y así, en lugar de mandarle las tiras por mail a su padre, se las comenzó a compartir en https://www.facebook.com/yvistecomoes.

Poco a poco, se puso a estudiar cómo hacían otros dibujantes que él tanto admiraba: analizó al detalle a Liniers ("un capo de la acuarela"), a Montt ("un capo de lo digital"), a Decur ("un genio del óleo"). Y se decidió a probar con un mix: dibujar en papel granulado y entintar con tinta china. Tras una buena inversión, se compró un buen scanner y probó pintar las tiras en digital. Hasta que saltó definitivamente a una tableta gráfica Waccon.

La primera señal de sorpresa fue cuando su página de Facebook empezó a llenarse de gente que compartía sus viñetas, sus juegos de palabras, sus observaciones sobre la vida cotidiana.

—Mis tiras no son autobiográficas. Son cosas que en realidad nos pasan a todos.

Los secretos de la viralidad de a poco dejaron de ser para él un misterio. Descubrió que las tiras que por lo general más se comparten en las redes sociales son aquellas que le sirven a una persona para decirle indirectamente algo a otra.

—Las tiras en las que hay parejas son usadas como un vehículo de ideas y sentimientos.

Szoka dice que si no anota rápidamente una idea que le viene a la cabeza se la olvida. Al principio llevaba una libretita pero se dio cuenta de que no se le ocurrían tantas.

—No soy Woody Allen. No me siento esperando a ver qué puedo dibujar.

Entonces probó mandándose mensajes de texto o mails a sí mismo, para luego y subirlas a la noche a su blog Y, viste cómo es (http://yvistecomoes.blogspot.com.ar).

El siguiente gran salto en la carrera de este humorista autodidacta fue cuando, con sus tiras bajo el brazo, un día probó suerte. Invitado a una exposición por su colega Julieta Arroquy, Szoka conoció a Daniel Divinsky y Kuki Miller, editores y cómplices inseparables de aquel gigante argentino llamado Quino. "Hay que hacer un libro", fue lo primero que le dijo Divinsky, mientras Szoka temblaba por dentro y por fuera. "Traeme una carpeta".

En pocos días, Szoka aprendió todo lo que había que saber sobre registro de la propiedad intelectual. Y dejó sus mejores trabajos en las oficinas de Ediciones de la Flor. Pasó un mes. Y luego otro. Szoka llamó y escribió. Y pensó que se habían olvidado de él. Hasta que un domingo, mientras aguardaba su turno para votar a fines de 2015, recibió una llamada de la editorial. Así comenzó el camino que concluyó en Y, viste cómo es, uno de los mejores libros de 2016, en el que compila sus mejores creaciones.

"Vas a tener que ir a la Feria de Libro a firmar", le dijeron en la editorial. "Y no podés decir que no". En un año, pasó de ir como un espectador a ver a humoristas como Liniers, Montt y El Niño Rodríguez a sentarse junto a ellos. El primer día estuvo cuatro horas firmando.

Ya con un libro a cuestas, Szoka dejó de ser solo un fenómeno de internet. Humoristas que tanto apreciaba a la distancia lo recibieron con los brazos abiertos como uno más de los suyos.

Cada viñeta es un universo de infinitas posibilidades. Y aun así tiene sus límites.

—Es un ejercicio de síntesis, cuenta. Es agarrar una idea y comprimirla al máximo tratando que se entienda con lo mínimo posible. Mis tiras son básicamente tuits ilustrados. Me gusta cuando tienen más de un nivel de lectura.

Las tiras de Szoka no generan carcajadas. Su efecto, más bien, es sutil y duradero: empujan a una reflexión, una mirada distinta sobre problemas viejos. "Me gusta mucho cómo los dibujos de Szoka de vez en cuando nos miran y nos revelan algo pequeño, verdadero y gracioso", escribió Liniers.

En sus tiras se ve una evolución gráfica, un estilo que madura y una preocupación por cierta elegancia gráfica.

—Los hombres me gusta hacerlos con nariz redonda y a las mujeres con nariz puntiaguda, dice. Es un recurso. Hacer los ojos con un puntito hace que me cuesten mucho también las expresiones. A algunos humoristas no les importa si no les queda bien. Yo necesito que quede "lindo".

Szoka venera a sus ahora colegas entre los que con cierta timidez y vergüenza de a poco se codea en escenarios, mesas y ferias. Pero siente, como muchos, una especial admiración por uno en especial.

—Además de dejarnos a Mafalda y su humor inteligente, único, Quino nos sacó el peso de pelearnos por ver quién es el mejor.

Federico Kukso

Especial para Más


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