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Domingo 27 de Agosto de 2017

El humor, una llave salvadora

Desde hace más de seis años, Adrián Giampani coordina el taller abierto a la comunidad "Comicidad e Inclusión". Un espacio de aprendizaje a través de la risa y el arte escénico en el que participan personas jóvenes con distintas capacidades

No es una tarde como cualquier otra. El salón del Centro Cultural Fontarrosa se transforma para recibir a los chicos y chicas del taller de teatro —como le dicen cariñosamente sus alumnos—. Desde temprano algunos aguardan en la puerta. Otros llegan agitados después de hora. Se van acomodando, las miradas trasmiten algo más que el hecho de ir a participar de una clase. Todos se sienten acompañados, expectantes y no tienen ningún tipo de pudor en manifestarlo.

"Me gusta estar con mis amigos del taller, divertirme con ellos, reírme y hacer bromas. Me siento bien cuando estoy acá", dice Lucía, una de las estudiantes.

Juanjo, otro de los alumnos, exclama que le encanta cantar y bailar como Ricky Martin y Chayanne. Se para, muestra algunos pasos latinos y la clase estalla de risa. No obstante, aclara que también le gustan las escenas de terror e interpreta a un zombi, de esos que meten miedo de verdad. Todos aplauden la hazaña.

Romi no se queda atrás y afirma que ella baila como Shakira. También se anima y mueve sus caderas como la cantante.

La clase todavía no empezó y todos aportan su cuota de sorpresa. No se dimensiona el tiempo y no hay lugar para prejuicios.

De a poco se van acomodando y los profesores, Adrián Giampani y Andrea Alberto organizan la jornada con ejercicios de movimiento corporal para ir preparando los sentidos para las actividades posteriores.

"Este taller empezó hace mucho. Debe ser el sexto año que estamos. Es una larga historia. Hubo un momento en que trabajamos con jóvenes con discapacidad y a través de una acción conjunta de la Municipalidad de Rosario con la Escuela de Teatro empezamos a sumar a los estudiantes de actuación y vimos que era una herramienta muy valiosa para que la inclusión se diera de hecho, no sólo en los papeles. Compartimos una actividad inclusiva, creativa, y eso hace que todos nos relacionemos por igual", explica Adrián.

Una nueva consigna hace que el grupo escuche atento y se prepare para interpretar escenas. Cada momento de la clase tiene un matiz distinto. Los sentimientos están a flor de piel y las salidas inesperadas derrumban cualquier rutina.

Acción

La profesora propone una situación hipotética de una pareja que se reúne en un bar para romper la relación. Los primeros en pasar son Juanjo y Lucía, luego Lucas y Mónica y por último Romina y Carlos.

Ninguna escena es igual a la otra. Cada uno le aporta su impronta, creatividad y también algo de humor. En las tramas se pueden reconocer ingredientes de culebrón venezolano, algo de drama y mucho de comedia. Una risa contagiosa asoma entre los espectadores y todos acompañan a carcajadas.

"Este espacio es una experiencia transformadora. Las personas de la comunidad que entran al taller sienten que tienen que ayudar a los que tienen alguna discapacidad y se dan cuenta que no, que es de igual a igual", comenta Adrián. Agrega, además, que "tienen el juego como una alternativa más cercana y que el humor funciona como una llave salvadora".

Andrea, la otra profesora, señala que al no haber filtros todo es muy sincero y eso también se traslada a la actuación.

El sol baja en la ciudad y adentro del taller hay calidez. En el fondo se ve la muestra del Negro Fontanarrosa donde se vislumbra un cuadro con su mirada cómplice, esa que parece estar presente en algunas de las escenas. Tal vez el Negro se ríe de las bromas que todos comparten.

Los chicos disfrutan. Se nota en sus ojos brillosos y sus sonrisas amplias. Un gran aplauso se escucha para cerrar la jornada, que como el telón, se baja todos los martes y se vuelve a levantar con cada clase.

Espacios creativos para todos

Desde el Distrito Centro se coordinan los Espacios Culturales que son talleres de arte, danza, teatro, diseño y que surgieron de propuestas de los vecinos y responden a demandas concretas por necesidades puntuales. Cuentan con el financiamiento del Presupuesto Participativo. Se desarrollan en vecinales, clubes, bibliotecas de barrio, escuelas, parroquias (entidades municipales intermedias). Dentro de estos “territorios de aprendizaje” se encuentra el taller de “Comicidad e Inclusión”, que se dicta todos los martes a las 15.30 en el Centro Cultural Fontanarrosa, de San Martín y San Juan.

Georgina Paladino

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