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Domingo 16 de Julio de 2017

El Apolo de Julio Verne

El genial escritor francés de ciencia ficción anticipó muchos de los adelantos tecnológicos del presente con un enorme nivel de precisión y detalle

El 16 de julio de 1969, hace hoy 48 años, partía desde Cabo Cañaveral la misión Apolo 11 con los primeros astronautas que pondrían sus pies en la luna. Una aventura adelantada por Julio Verne más de cien años antes.

Julio Verne no fue el primero que escribió sobre un viaje a la luna. Fue precedido, entre otros, por Luciano de Samosata en el siglo II, por Cyrano de Bergerac en 1657 y por Edgar Allan Poe en 1835. Pero su novela "De la Tierra a la luna" coincide con la realidad en tantos detalles que, para muchos de nosotros, es EL relato sobre viajes a la luna por excelencia.

Verne describe una misión, organizada en Estados Unidos, que lleva a tres pasajeros a la luna. Parte de la península de Florida y llega a la luna en cuatro días. País organizador, cantidad de tripulantes, lugar de partida y tiempo de viaje coinciden con los de la misión Apolo 11.

Que Verne sitúe la acción en Estados Unidos es interesante. En 1865, cuando la novela fue publicada, ese país no era la potencia militar y económica que es hoy. Inglaterra dominaba el mundo y lideraba, junto con Alemania, la investigación científica y la innovación industrial.

Estados Unidos comenzaba a recuperarse tras la guerra civil y sólo se convirtió en una potencia mundial a partir de 1898, tras la guerra con España. Sin embargo, Verne reconoció el espíritu emprendedor de los Estados Unidos y su pasión de hacer las cosas a lo grande. Si a alguien se le ocurriera llevar adelante una misión tan fuera de lo común como enviar una nave a la luna, ese alguien sería norteamericano.

Respecto a la cantidad de tripulantes, el objetivo inicial de la misión era disparar un proyectil no tripulado, con muestras de productos terrestres y mensajes para los posibles habitantes de la luna. Luego, un aventurero francés llamado Michel Ardan telegrafía a los organizadores para que acondicionen la nave como para viajar en ella. Finalmente, a raíz de una disputa, se le unen el jefe del comité organizador y un fabricante de blindajes que dudaba del éxito de la misión.

Así se llega al número de tres tripulantes. No sabemos por qué la Nasa decidió poner tres tripulantes en las misiones Apolo. Pero es atractivo pensar que había, en los responsables de la misión, algún eco inconsciente de sus lecturas juveniles que indicaban que a la luna se iba de a tres. La coincidencia en el lugar de lanzamiento obedece a razones geográficas, distintas en el caso de la obra de Julio Verne y en el caso real. Verne ubica el cañón que disparará la nave en la península de Florida porque necesitaba un lugar donde la luna estuviera en el punto más alto del cielo, en la vertical del lugar. Eso ocurre dentro de los 28 grados de latitud, al norte o al sur del ecuador. La mayor parte del territorio continental de los Estados Unidos está fuera de esos límites, excepto porciones de Texas y Florida.

Los cohetes que llevaron las naves Apolo a la Luna también parten de Florida, pero por otra razón. Cuando se dispara un proyectil al espacio exterior, la rotación de la Tierra provee un impulso adicional. Ese impulso es tanto más importante cuanto más cerca del ecuador esté el lugar de lanzamiento. De nuevo, Florida es el punto del territorio continental de los Estados Unidos que está más cerca del ecuador.

Finalmente, la duración del vuelo también tiene una explicación técnica. Cuando la cápsula de Julio Verne abandona el cañón que la dispara, comienza a caer. Sin embargo, lleva una velocidad y una dirección tales que, en vez de caer de regreso a la Tierra, cae hacia la luna.

Las naves Apolo no eran disparadas por un cañón sino propulsadas por un cohete Saturno V. Pero el cohete funcionaba solamente durante los primeros minutos del vuelo. Su objetivo era darle a la nave la velocidad y la dirección necesarias para que caiga naturalmente hacia la luna, exactamente como lo hacía la nave de Julio Verne.

En esas condiciones, el tiempo de caída hacia la luna puede calcularse y resulta ser de, aproximadamente, cuatro días. Una coincidencia adicional se refiere al contexto histórico. La carrera espacial que llevó al hombre a la luna en 1969 deriva, tecnológicamente hablando, del desarrollo de la balística durante la Segunda Guerra mundial. El conductor del programa espacial de la Nasa fue Wernher von Braun, creador de las bombas voladoras V1 y V2.

En la ficción de Julio Verne, la empresa de llevar al hombre a la luna es hija del desarrollo de la balística durante la Guerra Civil. Los impulsores del proyecto son los miembros de un club de artilleros que quieren aprovechar, en tiempos de paz, los conocimientos adquiridos durante la guerra en materia de cañones y proyectiles.

Entre tanta cita histórica y tecnológica, queda lugar para una perlita cercana a nosotros: los tripulantes de "De la Tierra a la luna" llevaban entre sus provisiones un producto fabricado en esta parte del mundo. Así describe Verne el primer almuerzo a bordo de la nave: "…empezó la comida por tres tazas de excelente caldo, que se preparó disolviendo en agua unas cuantas de las exquisitas pastillas de Liebig, preparadas con los mejores trozos de los rumiantes de las pampas".

Estas pastillas de extracto de carne se fabricaban en el "Establecimiento Liebig" (ubicado en la localidad uruguaya de Fray Bentos. Deben su nombre al químico alemán Justus von Liebig, que desarrolló el método para su fabricación. Fray Bentos no queda exactamente en "las pampas", como afirma el autor, pero lo dejamos pasar para sentirnos más cerca de la epopeya verneana.

Claudio H. Sánchez

Periodista y divulgador científico

Especial para Más

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