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Domingo 30 de Julio de 2017

El amor, ese puente frágil entre dos soledades

La psicóloga, psicoanalista y magister en pareja y familia Cora Rosenzvit se refiere a los problemas más frecuentes que suelen separar a una pareja y también a los lazos que unen y alimentan el amor. Admite que hay una mayor apertura hacia la terapia conjunta y que una de las cosas más difíciles de aceptar es que "cada uno ama a su manera".

¿Por qué cuesta tanto sostener una relación amorosa a lo largo de los años? ¿Qué lugar tienen el deseo y la pasión? Encuentros y desencuentros fueron analizados por una experta en terapia de pareja que asegura, por ejemplo, que el amor maduro requiere de mucho trabajo y que el desgaste de una relación no tiene que ver con el paso del tiempo. Sobre los conflictos más frecuentes en una pareja, y los cambios en los vínculos a través de la historia Más consultó a Cora Rosenzvit, psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario y psicoanalista; magister en Pareja y Familia del Instituto Universitario de Salud Mental de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, y docente del Ateneo de Estudios Psicoanalíticos.


— ¿Qué es el amor? ¿Es el condimento esencial para sostener un vínculo de pareja?
— Definir el amor requiere pensar en una trama compleja de sentimientos. El amor es vivido distinto según las características de cada ser humano y está influenciado por aspectos sociales y culturales. Cuando hablamos de la pareja tenemos que hablar de vínculo, que no es sólo la suma de dos individuos, sino que lo que importa es lo que recíprocamente activan o desactivan uno en el otro. La conocida frase "saca lo peor de mi" es un ejemplo de que en la interacción entre esas personas surgen aspectos negativos que pueden no ocurrir con otras personas. El amor es un sentimiento que atraviesa distintas etapas y va transformándose, ya que en cada período la pareja es distinta. A la primera etapa, de enamoramiento (que a veces puede no darse), los psicoanalistas la describimos como una "enfermedad normal pasajera". El otro es "todo", es perfecto, hay una intensa idealización, posesividad, deseo de fusión. Somos "uno para el otro", "sin vos no puedo vivir", frases que se dicen y se sienten profundamente. Con el tiempo es esperable que se pueda reconocer la singularidad de cada uno, con sus virtudes y defectos, y tolerar la desilusión inevitable que conlleva. Pero es posible mantener la vitalidad afectiva en función de los aspectos positivos que permanecen. Es posible, también, vivir sentimientos de plenitud, con matices distintos. El amor maduro y sano es un encuentro que acepta el desencuentro, acepta la distancia y la no siempre coincidencia.
"Hay nuevas formas de relación, pero se conserva la aspiración a la felicidad. Persiste la idealización como una creencia religiosa"
— ¿Es una construcción?
— Denis de Rougemont, filósofo suizo, sostiene, provocativamente, que el amor es una creación de Occidente. Es decir, cada cultura y época imprime su sello a los vínculos humanos. Asegura que el amor cortés (así se lo llamaba en el medioevo) nace como reacción a la anarquía y fiereza de las costumbres feudales. El matrimonio en el siglo XII les daba a los Señores la ocasión de enriquecerse y de anexionar tierras como dote o herencia. Cuando el negocio dejaba de funcionar, se repudiaba a la mujer. El amor cortés opone a tales abusos la fidelidad —independientemente del matrimonio— y dependiente sólo del amor. Se llega a declarar que amor y matrimonio son enemigos. El cristianismo luego promueve el amor en el matrimonio y la indisolubilidad del vínculo. La familia moderna se funda en la aspiración a la felicidad dada por el enamoramiento, que debe sostener una compleja trama emocional presente en el vínculo. Hoy, en la posmodernidad, la institución amorosa del matrimonio está en crisis. Se buscan nuevas formas de relación. Hay familias ensambladas, uniparentales, pero se conserva la aspiración a la felicidad. Esta expectativa parece no ser confirmada por la experiencia de la convivencia real, que tiende a ser subestimada, y se la contradice e ignora. Persiste la idealización del "estar juntos" casi como una creencia religiosa para una parte importante de la sociedad.

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—Hay una multiplicidad de relaciones de pareja, de modos de vincularse, sin embargo, parece que seguimos demasiado "condicionados" por los modelos tradicionales de relación. ¿Qué efectos tiene esto en la vida cotidiana, en la continuidad de las parejas?
—Es cierto que a pesar de los cambios epocales en los roles de los integrantes de la pareja hay muchas en las que el modelo tradicional sigue imprimiendo cierta presión a través de los ideales transmitidos consciente o inconscientemente. El hombre sigue diciendo: "Te ayudo a lavar los platos", asumiendo que es tarea de la mujer, cuando la mujer hace ya muchísimo que sale a trabajar y aporta económicamente a la familia. También es verdad que cada familia tiene su modelo de "cómo debieran ser las cosas", que lo dicta el "sentido común". Dicho "sentido común" promueve modos de vivir que son naturalizados. Sin embargo, funciona muchas veces como un obstáculo para la pareja, obstáculo que dificulta pensar y elegir cómo se quiere construir la nueva familia. Para que algo nuevo tenga lugar hace falta un no-lugar, un vacío. Es necesaria la presencia de una ausencia para alojar pensamientos nuevos. Esto es intercambiar pensamientos tomados como opiniones, versiones y no verdades absolutas. Este "vacío" de verdades absolutas es una condición para poder dialogar. Paradójicamente el habla es una propiedad humana, pero el diálogo en disenso es muchas veces evitado. Se opta por el silencio, a veces, creyendo que soluciona problemas, pero solamente los deja latiendo, los posterga y trae sus efectos como el alejamiento emocional de la pareja/familia. Poder escuchar eso diferente que siempre —inevitablemente— me presenta el otro como "su" verdad, no "la verdad", es el desafío de toda pareja. El poeta I. Amijai dice bellamente una frase para pensar: "Donde tenemos razón no crecen las flores".

— Se dice que hoy los jóvenes "sueltan más rápido", que son menos durables las parejas, incluso cuando hay hijos, ¿Lo ve de ese modo?
—Podríamos decir que hoy, el matrimonio como institución "hasta que la muerte nos separe" no tiene el mismo peso como mandato social. Esto no quiere decir que no se siga anhelando el encuentro del amor. Actualmente la pareja es más par, no hay lugares preestablecidos como antes, por lo tanto, hay más lugar para el desencuentro, la confrontación de las diferencias. Pero no hay entrenamiento en el manejo del disenso. Venimos de modelos de obediencia o rebeldía. ¿Para llevarse bien hay que pensar lo mismo? ¿Hay que querer lo mismo? La ilusión de la "media naranja" sigue teniendo vigencia. Es la ilusión de encontrar mi complemento, alguien que me complete y me haga feliz como una meta de llegada. Y la realidad humana es que esto es inalcanzable, pero se sigue buscando incansablemente en nuevas parejas.

— ¿Qué rol tienen hoy los hijos en las relaciones de pareja? Me refiero a si ante la decisión de una separación, por ejemplo, hombre y mujer se sienten demasiado presionados por cómo impactará esto en sus hijos. ¿Ha habido cambios en este aspecto en los últimos años?
— No puedo generalizar sobre este tema. Pero hoy se tiene más conciencia sobre los efectos que tiene sobre la salud mental de los hijos los conflictos y angustias que los rodean. Pero cada miembro de la pareja maneja a su modo, según su propia historia, la preocupación por sus hijos.
"El desgaste se da cuando no hay reinvención, no por el paso del tiempo"
— ¿Cuáles son los pilares para que una pareja funcione? ¿Qué lugar ocupan lo sexual y la pasión?
— Uno de los pilares básicos que sostienen una pareja es la confianza, esa percepción del afecto genuino mutuo es un cimiento básico. La sexualidad satisfactoria es sin duda un conector importante en las parejas. Pero el erotismo está muy vinculado a otro elemento también de importancia que es la posibilidad de intimidad, en el sentido de la capacidad para la cercanía emocional. Como diría Ricardo Rodulfo, psicoanalista argentino: intimidad como deseo de estar ahí como experiencia de compartir, disfrutando tranquilos, uno con otro, sin más, por un lapso de tiempo. Con el paso de los años los hijos crecen, los integrantes de la pareja ya no son los mismos. Si la intimidad se logra, el amor se reinventa, recomienza una y otra vez, interrumpido por esperables tormentas va transformando su forma. Pero perdura. El bienestar dentro de la pareja no es algo dado de una vez y para siempre. Ignacio Lewkowicz, un historiador y filósofo de nuestro país, describe la pareja actual no como un espacio al que se pertenece sino un espacio al que se ingresa para construirlo. La solidez del matrimonio, característica de otras épocas, ha dado lugar a tiempos de fluidez. El encuentro es contingente, puede desvanecerse, por lo tanto el trabajo de construcción es necesario que sea permanente. En síntesis: tener una buena relación de pareja requiere la disposición a recibir y aceptar aquello diferente e inesperado que el otro me presenta, sin atribuirle calificación de errado, sin apresuramiento de suponer saber sus intenciones. El otro que creemos conocer nos sorprende inevitablemente. Ese otro con quien estoy tiene su verdad, su sentir, tan válida como la mía.

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La psicoanalista y magister en pareja y familia Cora Rozenzvit.
La psicoanalista y magister en pareja y familia Cora Rozenzvit.
— Suele decirse que la pasión se termina y que hombres y mujeres viven esto de modos muy diferentes...
— El desgaste de la pareja no está directamente relacionado con el paso del tiempo. El desgaste se da cuando no hay reinvención, cuando no se puede aprender cómo estar juntos establemente en el tiempo, conviviendo cada uno con su repertorio de conflictos, contradicciones, sufrimientos. Otra causa posible de disminución de la pasión es cuando hay un estancamiento en el flash del enamoramiento, cuando hay añoranza de la exaltación de esos encendidos sentimientos que producen la imposibilidad de atravesar obstáculos. Ese sentimiento que parecía tan poderoso se evidencia frágil.
No se tolera la desilusión por no poder recuperar el paraíso perdido en los tiempos en que sostenían la ilusión de complementariedad. Cada hombre y mujer lo vive diferente, no por su género, sino por tener historias de vida diferentes.

— ¿Cuáles son los conflictos que una pareja lleva a un consultorio en el caso que decidan hacer terapia conjunta?
— La decisión de acudir a terapia de pareja se debe al malestar que se hace predominante en la relación: cuando no pueden estar juntos pero tampoco separarse. Es sorprendente que, a pesar de que es propio del ser humano vivir atravesado por conflictos, malestares, insatisfacciones de mayor o menor intensidad, no sean considerados esperables en los vínculos. El conflicto en la pareja es vivido como una falla, algo que funciona mal. Un fracaso. Se trae a la terapia de pareja estos sentimientos que se transforman en reproches, irritación, enojo, intransigencia mutua. Predomina la convicción de que es el otro que está haciendo las cosas mal. Otro motivo de consulta habitual es el malentendido, el suponer que se saben los pensamientos y sentimientos del otro y esa es otra fuente de malestar. Se atribuyen uno al otro sentimientos de desamor, o malas intenciones. Esto es generador de intenso rechazo. También hay conflicto cuando el deseo de dominio, propio del enamoramiento, perdura en el tiempo y es más fuerte que el respeto por la individualidad del otro. En la actualidad la tecnología facilita esto exponencialmente a través del celular, la computadora, que posibilitan un cierto control sobre la otra persona.

— ¿Se pone en evidencia la violencia de género en esas terapias? ¿Es motivo de consulta?
— La terapia de pareja sirve cuando no pueden estar juntos pero aun así hay deseo de seguir juntos. Hay que aclarar que en los conflictos de pareja se presentan distintos grados de violencia. No tiene que haber necesariamente violencia física. El no escuchar, no recibir, no hacer lugar al malestar del otro ya es una forma de violencia, la de negar al otro lo es. Hay conflictivas que no pueden ser resueltas desde la terapia individual, que requieren la presencia y el trabajo conjunto de la pareja. Si tomamos la metáfora de la relación entre mapa y territorio, el mapa que se puede trazar desde la terapia individual no abarca todas las visiones del territorio. En numerosas ocasiones es muy difícil para los miembros de la pareja sincerar sus sentimientos y pensamientos. El marco de la terapia de pareja posibilita una nueva forma y lugar de encuentro, de escucha mutua. Lo que cada uno pensaba del otro es confrontado, sujeto a revisión. Cada uno pone un tope a la fantasía o creencia del otro. Los malentendidos son revisados. Es una experiencia transformadora, en el mejor de los casos.
"Si la pareja decide separarse luego de la terapia conjunta es porque el nivel de malestar y enojo es tan intenso que supera todo intento de reconciliación"
— Qué puede decirnos de estas terapias. ¿Son más buscadas que antes, se las acepta más?. Incluso hay quienes sostienen que las parejas que van a un terapeuta juntas terminan decidiendo la separación.
— En mi experiencia personal hay ahora más consultas de terapia de pareja. Allí se produce la experiencia emocional de un encuentro humano. La vorágine de la vida actual puede llevar a un doloroso sentimiento de pérdida de cualidad humana de los vínculos. El ser humano es gregario pero dicha cualidad humana no se da sin un trabajo subjetivo. Y el trabajo subjetivo implica el esfuerzo, poco habitual, de hacer saber al otro los propios sentimientos. Hablar de los afectos es evitado muchas veces por ser vivenciado como vulnerabilidad o para evitar el surgimiento de temas conflictivos. Muchas veces se prefiere el silencio porque se teme un sufrimiento mayor. Otras, el malestar se lleva a la acción, la descarga rápida de la frustración a través de la violencia, gritos, denigración del otro. Pero se sabe que los gritos no se escuchan. Este clima lleva al distanciamiento de la pareja y es la causa de su "desgaste". Se va perdiendo la cercanía, la intimidad, los rencores pueden ir ganando espacio. Si la pareja toma la decisión de separarse luego de la terapia es porque el nivel de malestar y enojo es tan intenso que supera el intento de reconciliación. Generalmente ocurre cuando los propios puntos de vista tienen el carácter de verdades que no pueden ser interrogadas. Las propias verdades, en ese caso, son certezas, no versiones personales, parciales, de cómo son las cosas. Es un esfuerzo a veces imposible salirse del lugar propio y tener que aceptar la diversidad del otro. El amor maduro requiere de un trabajo, es un proceso permanente. Para que el amor sobreviva es necesario elaborar la frustración por la "des-idealización". Es necesario también tener que aceptar, en el mejor de los casos, que cada integrante de la pareja ama a su manera, acorde a sus características de personalidad. Alain Badiou, filósofo francés, expresa poéticamente que el amor "es la exploración del abismo que separa a los sujetos, es un puente frágil entre dos soledades". "El amor es una obstinada aventura. El lado aventurero es necesario, pero no lo es menos la obstinación, que triunfa duraderamente, a veces duramente, sobre los obstáculos que el espacio, el mundo y el tiempo le proponen".

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