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Domingo 10 de Septiembre de 2017

De esto sí se habla

La Fundación Huésped reunió a referentes argentinos y del extranjero vinculados al diagnóstico, tratamiento e investigación del VIH Sida. Los pacientes también expusieron y sus palabras fueron la clave del encuentro.

Desde su descubrimiento, hace más de 30 años, el sida pasó por muchísimas etapas y casi todas ellas tuvieron algo en común: tener que vencer distintos tabúes.

En 2017 uno podría pensar que esa lucha, encarnada sobre todo por las personas que tienen el virus o han desarrollado la enfermedad, ya debería ser sólo un recuerdo. Sin embargo quedan aún muchos frentes abiertos.
La defensa de los derechos humanos ha sido un emblema de las organizaciones civiles de personas que viven con VIH y que por el momento no pueden descansar demasiado ya que, a pesar de los matices y los logros, la discriminación y la estigmatización siguen siendo una parte grande del problema. Por eso, hay que seguir batallando para ponerles un punto final.
“Muchas personas con VIH tenemos una cultura canábica que nos ha ayudado a no entrar en depresión, a mantener el ánimo alto. Y por esto hemos sido doblemente señalados”. Con voz firme y al mismo tiempo amorosa, Estela Carrizo, de la Red de Personas Viviendo con VIH de Mar del Plata —y una referente a nivel nacional— habló de experiencias personales y de las de muchos compañeros y compañeras que recurren desde hace años a la marihuana para poder sobrellevar los avatares que les impone el sida. Esas vivencias, fuertes y conmovedoras, captaron la atención de varios centenares de participantes del XIV Simposio Científico de Fundación Huésped que se desarrolló en Buenos Aires la semana pasada y que año tras año deja mucha tela para cortar.
Esta vez, el blanqueo que los pacientes hicieron del uso de la marihuana, algo bastante más habitual de lo que muchos suponen, fue uno de los aspectos sobresalientes de las tres intensas jornadas en las que se tocaron todos los aspectos médicos, científicos y sociales del VIH Sida.
El testimonio de Estela, que reflejó la realidad de muchos hombres y mujeres a lo largo del país, fue clave en la mesa redonda plenaria que más interés generó durante el encuentro: “Cannabis medicinal, recreativo y espiritual”, que hizo parecer chico al enorme salón principal del Palais Rouge.
La mujer hizo una crítica profunda al sistema de salud y pidió mayor comprensión a los médicos a los que “casi nunca podemos contarles que usamos marihuana”.
La situación que relató la mujer, con coraje y determinación, corresponde, sobre todo, a personas que están en tratamiento desde hace décadas y que soportan las consecuencias de las primeras drogas que generaban efectos colaterales muy severos. Pedro Cahn, médico infectólogo, director de la Fundación Huésped, dijo a Más, al terminar las exposiciones, que lo del cannabis medicinal “fue sin dudas un tema novedoso y es además una necesidad fundamental en ciertos padecimientos”.
Cahn se apuró en aclarar que “lo cierto es que la mayoría de los pacientes con VIH sida no lo precisan pero hay grupos que por distintos motivos tienen cierta intolerancia a la medicación, o hace muchísimos años que están en tratamiento y tienen náuseas o efectos adversos que pueden manejar mejor con el consumo de cannabis. También, como ellos mismos lo expusieron en este simposio, es una manera de tolerar anímicamente ciertos contratiempos”.
Estela Carrizo fue tajante cuando se refirió a los médicos. Sin vueltas pidió, casi como un clamor, más sensibilidad por parte de los profesionales. “No queremos vivir más con miedo, no queremos seguir ocultándoles cosas a los especialistas que nos atienden. Muchas veces son ellos mismos los que nos miran mal. ¿Por qué no tenemos una medicina más cercana y humanizada?”, exclamó.
A su lado estaba sentada Valeria Salech, del grupo Mamá Cultiva, una agrupación que fue vital para que se apruebe la Ley de Cannabis Medicinal que aún no fue reglamentada por el gobierno nacional. “Venimos a acompañar el pedido de las personas con VIH, su intención de seguir hablando de este tema. Nosotros notamos una gran hipocresía en la sociedad en general pero también en el campo de la medicina. En el proceso de la aprobación de la ley (el 29 de marzo de este año y por unanimidad) nosotras demostramos que estábamos ahí blanqueando una situación, que estábamos ayudando a nuestros hijos con conductas disruptivas, que éramos parte de familias encerradas por la enfermedad, con chicos con convulsiones y problemas severos, chicos que desde que usaban el aceite nos sonreían, nos miraban a los ojos, se conectaban...pero muchos seguían preguntando por los efectos adversos del cannabis cuando jamás se preocuparon por los efectos adversos de las decenas de remedios que nuestras hijas e hijos tomaban desde hacía años”.
“La mayoría de las personas que preparan para ellas o alguno de los suyos el aceite de cannabis cultivan sus propias plantas. Hemos aprendido mucho en estos años, sabemos hacerlo, por eso, como primer paso pedimos que se legalice esta práctica y que no se persiga a quienes lo hacen. Hay que decirlo a viva voz: a nuestra ONG se acercan cada vez más personas con una muy mala calidad de vida, desesperados de dolor, personas grandes con distintas dolencias a las que la medicina que se aplica habitualmente nos les ha dado respuestas. ¿Qué esperan entonces? Sabíamos que el Ejecutivo iba a demorar la aplicación y hasta intervenir la ley porque el slogan de campaña del oficialismo ha sido la guerra contra las drogas, pero de ahí a estar alejados de la realidad y de toda sensibilidad sobre este tema hay un largo trecho”, dijo con emoción Valeria.
Estela, que también reclamó que no se penalice el cultivo y exigió que la ley se aplique ya mismo, agregó: “Ahora, a veces, algunos médicos te dicen que te fumes un porro si te hace bien, pero eso no alcanza. Pedimos que nuestros médicos nos prescriban la marihuana cuando la necesitamos. Estamos cansados de ser clandestinos. Tenemos miedo”.
Estela mencionó que “de ninguna manera queremos dejar nuestros tratamientos, ni las drogas que usamos para controlar el VIH, sino que queremos decir sin temores que utilizamos marihuana como paliativo. El consumo de antirretrovirales no es inocuo y menos después de 20 o 30 años; muchos de nosotros tenemos envejecimiento prematuro, tomamos antiácidos hace añares, paracetamol para las neuropatías, clonazepam para poder dormir, por eso, encontramos en esta planta el alivio que precisamos para estar mejor y seguir con nuestras vidas. Es hora de que nuestros médicos sepan que no somos un número, queremos que nos miren, de verdad”.

Acompañar

La mesa redonda plenaria sobre cannabis se completó con las exposiciones de Graciela Touzé, de la agrupación Intercambios y consultora del Grupo Internacional de Investigación en Toxicomanías de la Federación Internacional de Universidades Católicas (París) y el especialista extranjero Thomas Kerr, de la Universidad de Columbia (Canadá). Ambos coincidieron en que terminar con el tabú en este tema es una tarea urgente. Canadá está a un paso de legalizar la marihuana hasta para uso recreativo.

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El panel sobre uso de cannabis atrajo la atención de los participantes. Estela Carrizo, la primera mujer a la izquierda, conmovió a los presentes.
El panel sobre uso de cannabis atrajo la atención de los participantes. Estela Carrizo, la primera mujer a la izquierda, conmovió a los presentes.

Un tercio no lo sabe

El mundo se ha propuesto objetivos ambiciosos para 2020. Las llamadas metas 90/90/90 son las siguientes: que el 90% de las personas que viven con el VIH conozcan su situación; que el 90% de las personas diagnosticadas con el VIH reciban terapia antirretrovírica continuada y que el 90% de las personas que reciben esa terapia tengan supresión viral. A pocos años de llegar al 2020, y con un tercio de la población argentina con VIH que sigue desconociendo que tiene el virus, parecen inalcanzables. Pedro Cahn, médico infectólogo, referente en el tema VIH Sida, dijo al respecto que “sigue siendo un proyecto muy ambicioso pero no imposible”.
El experto señaló que “ahora, lo más importante es ampliar el campo de testeo, que todas las personas se hagan el test porque si no empezamos por ahí no hay manera de llegar a los otras dos metas”. Sobre este punto, Cahn mencionó que hay que empezar a pensar en “el fin de la excepcionalidad del sida” (tal como se denominó otra de las convocantes mesas plenarias del simposio), y esto significa que ya no sea un problema de unos pocos, o que se hagan análisis a las escondidas (más allá obviamente de respetar la intimidad de las personas): “Si no facilitamos el testeo, si no levantamos las barreras no vamos a llegar nunca a esas metas que se plantearon. Y para esto el sida debe dejar de ser una cuestión de la que se habla poco o sólo en determinados ámbitos; tendría que ser habitual que una persona que va al médico, al clínico, al cardiólogo, al diabetólogo, le diga que hace mucho que no se hace un test de VIH y el médico se lo indique. Ya no hay que tener ni miedo ni vergüenza al respecto. Además, lo cierto es que más del 99% de la población no tiene el virus, entonces, ¿qué mejor que saberlo y entonces seguir cuidándose para no contraer la infección? Y si tenés el virus, es importantísimo que lo sepas, que comiences con el tratamiento cuanto antes. Hoy está comprobado científicamente que es muy ventajoso iniciar las terapias lo más temprano posible. No hay excusas ni motivos para no testearse”, remarcó Cahn.
Otro de los paneles del simposio de Fundación Huésped se refirió a las nuevas estrategias para la promoción de la salud. Allí, un grupo de jóvenes especialistas en redes sociales y plataformas digitales expuso las innovaciones que se usan en Argentina para alentar a las personas de todas las edades a hacerse el test, cuidarse usando preservativo y también para que cada uno conozca sus derechos.
La vacuna sigue lejos

Durante las jornadas del Simposio Científico de la Fundación Huésped hubo varios paneles de expertos dedicados a los temas científicos que incluyeron los desarrollos mundiales y nacionales para encontrar, por un lado, la vacuna contra el sida y por otro, hallar la cura. Si bien se hicieron avances importantes en los últimos años, casi todos los médicos e investigadores coincidieron en que encontrar un medicamento que ponga fin al virus que ya está instalado en un organismo sigue siendo muy complicado. Se mostraron avances en modelos animales en el uso de anticuerpos neutralizantes del virus para ser usados en las primeras horas de contacto con el VIH (experiencias que se hacen en la Argentina), y también se mostró cómo se avanza en el conocimiento de los mecanismos del virus, lo que podría en algún momento, aunque no cercano, conseguir la vacuna.

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