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Domingo 29 de Enero de 2017

Cuando el pasado ilumina el presente

El 3 de marzo el edificio que ocupa Plataforma Lavardén cumple 90 años. Planean iluminar su fachada a modo de regalo, habrá espectáculos y una publicación que procura recuperar su historia. Buscan testimonios sobre el sitio.

Julio de 1973. Nevó en Rosario. Las fotos y filmaciones integran un tesoro desperdigado en múltiples álbumes familiares. Pero hay una que por estos días resume una idea. En una terraza, una familia posa sonriente mientras caen los copos de nieve. Esa imagen es hoy un regalo, uno de tantos que llegan a Plataforma Lavardén. Es que el próximo 3 de marzo el edificio de Mendoza y Sarmiento cumplirá 90 años y está en marcha una convocatoria para que los rosarinos y rosarinas envíen imágenes, textos, recuerdos sobre ese sitio a modo de regalo por el aniversario. Y hay más, los festejos comenzarán en la víspera del aniversario y se extenderán hasta el domingo, inclusive. Ya se anuncia un recital de Daniel Melingo y por esos días se estrenará la iluminación del histórico edificio, con un diseño pensado especialmente para destacar su arquitectura.

Una publicación con la historia del edificio y las memorias que puedan recuperarse serán parte del agasajo y también se intervendrán lugares clave del edificio a través de dispositivos que permitan utilizar realidad aumentada. Fragmentos de la historia de la ciudad invadirán, seguramente, el presente.

Los festejos se extenderán a lo largo de nueve meses. Así, durante un fin de semana de cada mes se rendirá tributo a un sitio emblemático de la ciudad. Habrá tango, jazz, rock, teatro y los formatos serán variados: recitales, actuaciones, clínicas, diálogos, entrevistas, entre otras propuestas. Agosto será otro mes clave ya que Plataforma cumplirá cinco años, con lo cual el festejo seguirá avanzando. La idea es recrear algo del espíritu cultural que albergó el edificio a lo largo de su casi centenaria historia.

Lucrecia Moras es la actual directora de Plataforma Lavardén. Y no escapa del anecdotario referido al sitio que dirige. Cuando era chica, con cuatro o cinco años, en su colegio un plan de obras anuló el salón de actos y eso llevó a que las actividades por el fin de año se realizaran en otro sitio. La escuela no se andaba con chiquitas y alquiló un teatro para las actuaciones de rigor.

"Un teatro de verdad", quizá pensó Lucrecia, y sus días se colmaron de entusiasmo. Ese día, el de la actuación, estaba algo más que expectante. Mientras se acercaban a la zona del lugar elegido para la actuación, su corazón se aceleró. Pero algo ocurrió, algo que ella no había imaginado. Al llegar a la esquina de Sarmiento y Mendoza sus padres no pararon allí, sino que siguieron de largo. Es que para ella el teatro, el único, era el ubicado en esa esquina. Era la sala Lavardén. Se decepcionó, o más bien sintió que la ilusión se le hacía trizas. No logró trasponer esa puerta. Luego, dos cuadras más hacia el este, apareció El Círculo y con él la inmensidad de su escenario para esa pequeña niña. Esa pequeña niña hoy está empeñada en recuperar la historia de la sala y del edificio.

La anécdota es su respuesta a la pregunta sobre su primer recuerdo del edificio que alberga la sala Lavardén, y la emociona. Lucrecia es actriz, o mejor aún, ama el teatro como dispositivo cultural, como se suele decir por estos días. Ama todo aquello que envuelve al teatro y no siempre se ve. Las cuestiones técnicas, la infraestructura, el vestuario, las luces. Y Plataforma Lavardén es una gran puesta y también, claro, una gran apuesta. Al menos así lo vive ella.

Dirige el complejo cultural desde hace casi dos años. Y el que recién se inició aparece como un verdadero desafío. En los primeros días de marzo el edificio que alberga una propuesta innovadora en lo cultural para la ciudad cumplirá 90 años. En agosto, Plataforma Lavardén llegará a los cinco años. Será un año de cumpleaños.

Los festejos tendrán entonces esos dos hitos como marcadores. Los meses restantes harán de puente entre la conmemoración histórica de la construcción e inauguración del edificio y el presente cultural de la actual propuesta de “La Lavardén”, como se suele nombrar al lugar. Habrá espectáculos que representen la música de las distintas décadas que atravesó el edificio y llegará un regalo particular: a partir de su cumpleaños el edificio contará con un sistema de iluminación de su fachada que será diseñado especialmente. Es más, ya comenzaron algunas pruebas al respecto.


La historia


Si uno logra mirar hacia el cielo desde la esquina de Sarmiento y Santa Fe hacia Mendoza puede ver una línea dibujada por tres cúpulas. La del Palacio Fuentes, la tienda que está en la esquina de Córdoba y Plataforma Lavardén. Esas cúpulas, cada una con sus historias, marcan una época, una ciudad y un momento determinados.

   El edificio que hoy ocupa Plataforma Lavardén fue construido a instancias de la Federación Agraria. En 1925 en la esquina de Sarmiento y Mendoza se colocó la piedra fundacional para su construcción. El arquitecto Juan Durand tuvo el proyecto a su cargo y la construcción recayó en Isella y Candia.

   La Federación Agraria, surgida al calor del Grito de Alcorta, fue fundada para fomentar el cooperativismo y el mutualismo rural, así como la difusión de la enseñanza y las técnicas agrícolas. Y si bien no hay certezas, hay quienes sostienen que el edificio de Sarmiento y Mendoza fue una moción clave que los chacareros de la zona esgrimieron en aquellas convulsionadas asambleas. Dos años llevó su construcción y abrió sus puertas el 3 de marzo de 1927.

   Pensado desde el presente, aquel edificio sorprende aún más. Por su estilo, afrancesado en su fachada e interiores, distinguido por las pinturas murales de Alfredo Guido, buscó instalarse como el alma del campo en la ciudad cosmopolita. Pero además su funcionalidad asombra.

   En su interior había un espacio dedicado al arte y la cultura (la sala teatral), un área para formación y un museo agrícola, funcionaba la sede de la Federación y la estructura administrativa, pero también hay huellas hoy que indican que allí se redactaba, editaba e imprimía el periódico La Tierra.

   El edificio, cuya superficie llega a los 1.242 metros cuadrados, cuenta con seis pisos y dos subsuelos. El museo agrícola estaba ubicado en la planta baja, mientras que en el segundo piso se encontraban los salones para la presidencia, el consejo directivo, la secretaría, la tesorería, laboratorios y biblioteca. Sí, laboratorios porque allí se realizaban estudios de granos.

   Del cuarto al sexto pisos había un hotel, que hospedaba a los agricultores en sus viajes a la ciudad. Pequeñas habitaciones y un baño cada tanto, estructura que hoy se conserva, indican que ese era el sitio para albergar a quienes llegaban a la ciudad, desde campos aledaños. “Es que era muy común que los embaucaran, con lo cual era una seguridad tener un hospedaje propio”, acota Mora y agrega: “hay otro sector de habitaciones que llama la atención porque están dispuestas como en suite, tienen su baño propio, son como pequeños departamentos. Creemos que eran para los hijos de los chacareros que venían a estudiar a la ciudad”.

   No hace mucho comenzó la puesta en valor en el edificio, incluso las tareas aún continúan. Es que su destino fue un pasamanos que amenazó su conservación. Pocos años después de su inauguración, la Federación Agraria, crisis del 30 de por medio, perdió la propiedad. Un préstamo que no logró afrontar hizo que pasara al área de Agricultura de la Nación. A partir de ahí, con mejores o peores períodos, sus espacios fueron ocupados por reparticiones estatales hasta llegar a la provincia. Oficinas de cinco ministerios distintos llegaron a instalarse en el sitio.

   “Fue muy complicado reconstruir los planos, saber qué había en cada piso en la funcionalidad original, hasta el día de hoy nos encontramos con sorpresas”, dice Moras. En un momento se contrató a un arquitecto para que realice las mensuras del lugar porque ni siquiera se sabía la cantidad de metros cuadrados que tenía el edificio. “Desaparecieron muchas cosas, hasta planos”, se lamenta.

   “Para el cumpleaños podríamos haber armado una programación especial y punto, pero decidimos convocar a la gente a que cuente la historia, con textos o imágenes, de su relación con el edificio como un regalo particular, porque esa memoria es clave”, destaca Moras.


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