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Domingo 17 de Septiembre de 2017

Crímenes en serie y series matemáticas

¿Qué tienen que ver los asesinos seriales con los números? Borges, Umberto Eco y Guillermo Martínez ya habían pensado en esto. (Advertencia: revelamos los finales de tres historias).

La muerte y la brújula es un cuento de Jorge Luis Borges acerca de unos crímenes en serie. En la noche del 3 de diciembre un estudioso del Talmud es encontrado muerto en su habitación. En una máquina de escribir, la policía encuentra una hoja con una frase: "La primera letra del nombre ha sido pronunciada". El detective que investiga el caso entiende que la frase es una pista dejada por el asesino para indicar que esta muerte es la primera de una serie, probablemente planeada por una secta que recelaba de las investigaciones de la víctima.

Efectivamente, pronto se suceden dos muertes más a intervalos regulares (en las noches del 3 de enero y del 3 de febrero). Siguiendo la pista, el detective se anticipa al cuarto crimen, que es el suyo: el asesino lo espera en el lugar adecuado la noche del tres de marzo y lo mata.

En realidad, la frase encontrada en la máquina de escribir no tenía nada que ver con el crimen. Sólo era el comienzo de un artículo que la víctima estaba escribiendo poco antes de ser asesinada. Además, había muerto por error: el asesino buscaba a otra persona alojada en el mismo hotel, pero en otra habitación. Pero otro delincuente, enterado de la hipótesis del detective, decide seguirle la corriente y comete los otros dos crímenes según el mismo patrón para guiarlo a la emboscada donde finalmente le quitará la vida.

Con este cuento Borges inaugura un subgénero dentro de la literatura policial: las historias de asesinatos en serie guiados por una pista falsa. Pero una pista que, por azar o por decisión del asesino, se convierte en verdadera.

Umberto Eco toma el modelo de La muerte y la brújula y de la pista falsa que se vuelve verdadera para su novela El nombre de la rosa. En una abadía medieval se suceden una serie de muertes que parecen guiadas por las catástrofes que anuncia el libro del Apocalipsis: nieve, sangre, inundaciones, destrucción del cielo, veneno. Al menos,eso es lo que uno de los monjes del convento le sugiere al compañero que investiga las muertes.

La primera víctima aparece al pie de un barranco, junto a la nieve. La segunda, en un barril lleno con la sangre de un cerdo recientemente sacrificado (sangre que guardaban para luego fabricar morcillas). La tercera se ahoga al perder el conocimiento mientras se bañaba. La cuarta es asesinada con una esfera celeste que se daña con el golpe. La quinta muere envenenada.

Como ocurre en La muerte y la brújula la relación entre las muertes y el Apocalipsis es casual. La primera víctima se había suicidado arrojándose de una ventana y cayendo en la nieve porque era invierno, naturalmente. La segunda había sido puesta en el barril por alguien que había encontrado el cuerpo y, asustado, quiso simular un accidente. Casualidades similares explicaban las demás muertes. Pero, de nuevo, el asesino (que no era el autor material de todas las muertes sino su instigador) decide seguirle la corriente al monje detective y lo guía hacia la última muerte, en la que el propio detective debe morir.

Eco se consideró en deuda con Borges por haberse inspirado en La muerte y la brújula, y pagó esa deuda poniendo en la novela un personaje (el instigador, justamente) llamado Jorge de Burgos, que es ciego y autoproclamado custodio de la biblioteca de la abadía. A Eco le gustaba la idea de un ciego a cargo de una biblioteca y, según dijo, "biblioteca más ciego es igual a Borges". (Borges habría contestado que también puede ser igual a José Mármol o a Paul Groussac).

La serie de muertes de El nombre de la rosa puede tomarse como una metáfora de una naturaleza que se comporta caprichosamente mientras los científicos que la investigan creen ver pautas que guían ese comportamiento. Al final de la novela, el detective (que salvó su vida pero no pudo evitar otras muertes ni la destrucción de la biblioteca) se lamenta: "¿Dónde está mi ciencia? He sido un testarudo, he perseguido un simulacro de orden cuando debía saber muy bien que no existe orden en el universo".

El mismo esquema de pista falsa aparece en Crímenes imperceptibles, la novela del escritor y matemático Guillermo Martínez, llevada al cine por el director español Alex de la Iglesia como Los crímenes de Oxford. Martínez es autor de un estudio matemático de La muerte y la brújula y su relación con las series matemáticas y aplicó este análisis a su novela.

Una mujer comete un asesinato y acude a un amigo, profesor de matemática en Oxford, para que la ayude a encubrir el crimen. Este trata de convencer a la policía de que este crimen es el primero de una serie basada en símbolos matemáticos. Busca así desviar la atención hacia un supuesto asesino serial.

A los pocos días se producen otras dos muertes que pueden encajarse en la serie sugerida por el profesor. En realidad se trataba de muertes naturales, no eran el resultado de crímenes y solamente por casualidad pudieron acomodarse dentro de la serie. Pero alcanzaban para convencer a la policía.

Como en el cuento de Borges, la policía busca adelantarse al próximo crimen y publica el símbolo que hace el cuarto término de la serie. Esperan que el asesino, al verse descubierto, desista de cometer ese crimen. Sin embargo, aparece un nuevo personaje: alguien que debe cometer un asesinato y lo acomoda al cuarto término de la serie, para esconder su crimen en la serie. De nuevo, la pista falsa ideada por el matemático es llevada a la realidad por un verdadero asesino.

La muerte y la brújula, El nombre de la rosa, Crímenes imperceptibles. ¿Forman estas historias una serie? ¿Alguien escribirá el cuarto término, aunque sólo sea para darnos el gusto?


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