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Domingo 26 de Febrero de 2017

¿Berlusconi o Trump?

Umberto Eco se hace extrañar. Nos faltan sus reflexiones teóricas y sus cáusticos comentarios sobre la realidad política y cultural.

Umberto Eco se hace extrañar. Nos faltan sus reflexiones teóricas y sus cáusticos comentarios sobre la realidad política y cultural. También se extrañan su curiosidad de niño y la creatividad de su pensamiento adulto. En estas semanas circuló profusamente en las redes un viejo artículo publicado por Eco en The New York Review of Books el 22 de junio de 1995. En ese texto Eco presentaba un identikit del fascismo en catorce puntos. Según el autor no era necesario que los catorce rasgos estuvieran presentes: bastaba sólo uno para que el fascismo "se coagulara a su alrededor". El artículo había sido publicado cinco meses después de la caída del primer gobierno de Silvio Berlusconi, el cual volvería a ser presidente del Consejo de Ministros de Italia por otros dos períodos (2001-2006/2008-2011). Si el texto de Eco nos ofrece un útil sistema para radiografiar dirigentes o partidos políticos, su difusión después de la llegada al gobierno de Donald Trump abre una perspectiva más que interesante de relectura de algunas contribuciones del semiólogo italiano.

Eco, por motivos obvios, no tuvo oportunidad de escribir sobre el nuevo presidente de los Estados Unidos. Pero podemos hacer un juego muy semiótico: cambiar la palabra "Berlusconi" y poner "Trump" en algunos textos publicados por Eco en los últimos años. Este juego —basado en la llamada "prueba de conmutación"— es muy utilizado en semiótica para analizar sistemas de significación. En este caso utilizaremos la prueba de conmutación para realizar una ecografía de Donald Trump. Ahí donde decía "Berlusconi", pusimos "Trump", y donde Eco escribió "italianos", escribimos "estadounidenses". Este es el resultado:

"Trump es, y nadie lo niega, un genio de la publicidad y uno de los principios a los que se refiere es «hablen de mí, aunque sea mal, pero hablen». Esta es la técnica de todos los exhibicionistas: seguramente es cuestionable bajarse los pantalones y mostrar el aparato sexual a la salida de una escuela secundaria para niñas, pero si lo hace usted tiene la primera página garantizada. Algunos, para obtenerla, incluso se convierten en asesinos seriales" (E se provassimo a ignorare B.?, L'Espresso, 2 de agosto de 2012).

"Trump no es un dictador como Mubarak y Gheddafi, porque él ha ganado las elecciones con la ayuda de gran mayoría de los estadounidenses (...) Es triste pero es así" (conferencia en la Feria del Libro de Jerusalén, febrero de 2011).

"El problema de los Estados Unidos no es Donald Trump. La historia (yo diría de Catilina en adelante) está llena de aventureros, no carentes de carisma, con poco sentido del Estado pero con el más alto sentido de sus propios intereses, que querían establecer un poder personal, sin pasar por los parlamentos, poder judicial ni constituciones, distribuyendo favores a sus cortesanos y (a veces) a sus cortesanas, identificando su propio placer con el interés de la comunidad. No siempre estos hombres han conquistado el poder al que aspiraban, porque la sociedad no se los permitió. Y cuando la sociedad se los permitió, ¿por qué tomársela con estos hombres y no con la sociedad que los dejó hacer?" (Il nemico della stampa, L'Espresso, 9 de julio de 2009).

"Muchos estadounidenses lo admiran porque hace lo que muchos quisieran hacer: acostarse con mujeres y no pagar impuestos. Trump representa sus sueños más salvajes" (entrevista en el Frankfurter Rundschau, 13 de diciembre de 2010).

"Es inútil culpar a Trump: él cumple, por así decirlo, con su trabajo. Es la mayoría de los estadounidenses la que aceptó el conflicto de intereses, las patrullas, la ley de inmunidad, y que ahora aceptaría de manera bastante tranquila (...) poner el bozal (por ahora experimentalmente) a la prensa" (Il nemico della stampa, L'Espresso, 9 de julio de 2009).

El juego podría seguir a lo largo de muchas páginas y con resultados sorprendentes. Pero en algún momento hay que dejar de jugar y ponerse serios. Antes o después llega la hora de actuar. En un acto público para pedir la renuncia de Berlusconi realizado en Milán el 5 de febrero de 2011 dijo Umberto Eco: "Pedimos su renuncia porque no se puede estar gobernado por un esquizofrénico que el viernes no recuerda aquello que dijo el jueves". Ahora toca a los estadounidenses poner el nombre y la fecha que correspondan.

Eco se hace extrañar pero por suerte sus palabras siguen ahí, esperándonos para jugar y seguir aprendiendo.

Los 14 principios del fascismo

• 1. Culto de la tradición

• 2. Rechazo a la modernidad

• 3. Culto de la acción por la acción

• 4. Negación del pensamiento crítico

• 5. Miedo a la diferencia

• 6. Llamamiento a las clases medias frustradas

• 7. Nacionalismo y xenofobia

• 8. Envidia y miedo al "enemigo"

• 9. Estado de guerra permanente

• 10. Elitismo de masa

• 11. Heroísmo

• 12. Machismo

• 13. Populismo cualitativo

• 14. Manipulación lingüística

Carlos A. Scolari

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