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Domingo 09 de Abril de 2017

Anne Gabillot, la vida en colores

Relajada y contenta. La joven creativa recibió a Más en su estudio, en el centro rosarino.

La primera característica que resalta de la artista Anne Gabillot es su pasión por los colores y las texturas. Basta con poner un pie en su taller y otro en su departamento donde las luces, los cuadros, las latas de pinturas, los libros y un mural a medio hacer invaden todos los sentidos. Basta con encontrártela un lunes por la tarde y verla luciendo los labios rojos, una remera rayada, un par de lentes transparentes. Basta con pispear sus trabajos por las redes sociales, o cruzártelos por la calle.

No es difícil darse cuenta. Pero ella, por las dudas, lo destaca: "Me encanta y me resulta muy simple romper combinaciones, mezclar colores y texturas. Me parece alegre y yo pienso que estamos para eso: disfrutar y transmitir. Me gusta aportar algo positivo, ¡hay tantas cosas feas!. Alguna vez fue mi misión: me propuse ir lográndolo de a poco. Ahora ya está pasando".

Anne Gabillot tiene 26 años. Es rosarina y artista, un oficio que de a poco desarma: "Soy diseñadora gráfica, ilustradora y licenciada en Comunicación Visual. Pero antes que todo eso, dibujo y pinto. Es lo que me gusta hacer".

Siempre supo a qué iba a dedicarse. Su proceso de formación, dice, fue ante todo genuino. Comenzó a asistir a talleres plásticos a los seis años. Y desde esa infancia empezó a relacionarse con el dibujo, con distintos materiales, a ensuciarse con pinturas.

El curso natural de su carrera la llevó, en algún momento de su vida, a aplicar sus dibujos a distintos objetos y después a hacerlo por encargo: de boca en boca apareció alguien, una amiga, un familiar que quería un cuadro, un mural, un par de tazas. "Surgieron porque, creo, se nota cuando se hacen las cosas con pasión y dejás todo. La entrega absoluta queda plasmada en el objeto final, sea cual sea. Eso está bueno. Y por eso me van llamando. Cada trabajo me llena el alma y una porción de mí queda ahí".

"La felicidad es muy importante para mí. Es lo que intento transmitir con los colores y mi trabajo. Me siento muy afortunada"

La artista trabaja de dos maneras. Por un lado, a través de la computadora y el diseño digitaliza sus dibujos y los plasma en distintas plataformas: desde agendas a trajes de baño, pasando por posavasos, tazas, mouse-pads. Pero también se da el gusto de trabajar sin pasar por la computadora. Los originales van a ciertos muros, muebles, bastidores, maderas.

Uno de los desafíos que se planteó Anne fue aplicar sus creaciones a la mayor cantidad de objetos posibles. "Se trata de ver cómo mis diseños y dibujos se adaptan a las formas", cuenta divertida, y enumera: intervino desde telas hasta máquinas de escribir a muebles antiguos y teléfonos. "Que el arte sea accesible y esté en todos lados es lo que más me divierte. A veces no podés pagar un mural o no tenés el lugar pero con un cartuchera o un fondo de pantalla alcanza, con cualquier cosa, sea tangible o no. Eso me parece buenísimo y cada vez pasa más".

Entre tantos gustos lo que más le gusta es pintar paredes. Sus pinceladas y dibujos se pueden ver en frentes de negocios, en dormitorios o patios de casas particulares, en los espacios comunes de algunos coquetos edificios. "Es un trabajo que me da mucha satisfacción, porque es una forma de apropiarme del lugar. Es hermoso", dice Gabillot.

La artista habla rápido, en su tono de voz se la percibe apasionada. Cuando se da cuenta, se excusa: "¡No me alcanzan las palabras!". Todo lo que sea referente a las paredes lo va a decir acompañado de gestos y risas. "Me tengo que adaptar al espacio en su totalidad. Pensar cómo lo camina y vive la gente, cómo van a convivir con ese dibujo que va a formar parte de su vida y su paso diario. Eso es lo más importante: los murales conviven con la cotidianeidad de la persona".

Anne también intervino las paredes de las calles rosarinas: tanto con pegatinas sueltas como por trabajos contratados en la puerta de locales. "Mucha gente destaca cómo esas obras dan vida a un espacio público, cómo cambia todo con colores en una fachada. Yo a veces no sé cuál es mi objetivo, pero sí sé que me encanta hacer sentir bien a la gente. Entonces yo busco que mi intervención —sea en un mural gigante o una pequeña franja— provoque que la persona que la mire se sienta feliz, contenta, a gusto".

Tiene el pelo castaño claro, recogido. Se mueve al compás de sus brazos... También es la dueña de una sonrisa que, en su máximo despliegue, ocupa toda su cara. La joven artista se ríe mucho.

Nerviosa frente a un grabador al principio, contenta y enredada entre sus ideas y anécdotas después, no le cuesta llegar al punto clave de su trabajo, esa característica que salta desde un principio, primero viéndola, después escuchándola. A Anne Gabillot le gusta divertirse, tener la posibilidad de dar el toque de alegría en la cotidianeidad de alguien. "La felicidad es muy importante para mí. Es lo que me pasa con los colores y mi trabajo, lo que intento transmitir. Me siento muy afortunada".

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