La ciudad
Lunes 24 de Octubre de 2016

"Más que déficit habitacional, hay déficit de ciudad"

El director nacional de Vivienda en Uruguay trazó paralelismos entre Rosario y Montevideo.

Salvador Schelotto | Bío | Uruguayo , arquitecto desde 1982. Consultor en urbanismo y ordenamiento territorial. Docente urniversitario, fue decano de la Facultad de Arquitectura de la República de Uruguay en dos etapas. Actualmente es director nacional de Vivienda.

"Política de viviendas no es hacer muchas viviendas, ni cortar muchas cintas", aseguró el arquitecto uruguayo Salvador Schelotto, quien participó del Foro Hábitat y Vivienda organizado por el Colegio de Arquitectos junto con la Facultad de Arquitectura de la UNR. El director nacional de Vivienda en el vecino país trazó paralelismos entre Rosario y Montevideo. Apuntó que ante escenarios de abordaje urbano tan complejos es más conveniente trabajar sobre un concepto más amplio, interdisciplinario e intersectorial. "Más que déficit habitacional, hay que hablar de déficit de ciudad", advirtió Schelotto.

—¿En Uruguay se trabaja de manera similar en materia de vivienda?

—Hay cosas específicas, que vale la pena compartir, que no son originales de Uruguay, pero que tienen un desarrollo importante, como es la experiencia de la vivienda cooperativa, y del apoyo público para la vivienda cooperativa, a través de diferentes instrumentos.

También está el tema de la gestión de suelo urbano para programas públicos de vivienda, sobre el que podemos aportar algunas experiencias positivas y valiosas y otras que han tenido resultados más variados, pero que también vale la pena analizarlas.

—¿Por dónde se deben comenzar a abordar estas problemáticas urbanas?

—Hay que trabajar en diferentes campos. Por supuesto que la experiencia argentina es muy extensa y valiosa. Me parece que hay un plano que es más disciplinar, y otro más institucional. En el disciplinar, la universidad tiene un rol insustituible de construcción de conocimiento. No sólo en las facultades de arquitectura. Acá hay que poner en valor los profesionales de múltiples disciplinas que trabajan alrededor de la vivienda. Por eso los que trabajan desde el componente social, la economía urbana, el derecho, la gestión, también deben involucrarse.

—¿Y en los institucional?

—Hay que construir institucionalidad a nivel legislativo para poder contar con los instrumentos necesarios, con elementos financieros. Acá hay que volcar recursos, pero sobre todo hay que tener inteligencia para aplicarlos. De alguna manera, todos los países de la región estamos atravesando fenómenos similares de precarización del hábitat, de poblamiento de áreas centrales, de cambios en la organización territorial, de la residencia, eso implica procesos de segregación y tenemos que enfrentar esas cosas.

—El tema de la vivienda aparece como un termómetro claro de lo que pasa en una sociedad.

——Es un emergente y el causante de muchos procesos. Entonces, hay que rescatar la noción de que la vivienda es una condición necesaria. Una vivienda adecuada, digna, construye procesos virtuosos de inclusión social. Pero nunca es una condición exclusiva ni suficiente. Es decir, en la medida de que una familia no acceda a ciertos bienes sociales y culturales, no tenga empleo ni un ingreso digno, la vivienda no viene a resolver esos problemas. Nuestras sociedades latinoamericanas están muy afectadas por procesos de exclusión y segregación. Y eso tiene que ver con el modelo político, económico y social, con pautas culturales que a veces están colocadas por fuera de lo que es la problemática de la vivienda. La vivienda es más un factor que denuncia otros procesos.

—En ciudades como Rosario, la curva de crecimiento de la pobreza y de necesidades de vivienda es muy acentuada, y cada vez se distancia más de las posibilidades de respuesta del Estado, ¿cómo se hace para trabajar en esa brecha?

—No hay que resignarse. Pero hay que poner el foco, donde hay que ponerlo. Porque si esa curva va trepando o se va desplegando con una inclinación o velocidad mayor que la respuesta del sector público, hay algo que está pasando y que no será resuelto con la construcción de viviendas. Es decir, política de viviendas no es construir muchas viviendas ni cortar muchas cintas. Ahí hay que enfrentar algunos mitos o verdades que a veces han quedado instaladas de una manera medio automática. Nosotros en Montevideo, a nivel público de la gestión como a nivel del medio universitario, estamos empezando a construir una idea no sólo de déficit habitacional, que por supuesto que es un indicador que hay que medir, sino también de déficit de ciudad. Muchas veces los problemas no sólo se manifiestan en una cuestión de la vivienda como objeto, como una entidad en sí misma, sino que tiene que ver con la relación de la vivienda con el medio y el entorno en que está, o podría estar. Y ahí es donde vemos que puede haber una línea de intervención de tipo de complementaciones, de desarrollo, de equipamientos, de servicios, de infraestructura, que son parte fundamental de las acciones sobre el hábitat.

—El arquitecto muchas veces critica con dureza la vivienda social. ¿Se puede hacer mejor desde la gestión pública?

—Esas críticas muchas veces tienen razón. Creo que todas las organizaciones estatales tienen excesiva burocracia, también los períodos de gestión de los gobiernos implican un cortoplazismo en la búsqueda de resultados, y eso conspira contra proyectos de largo plazo. Ahí es donde el aporte técnico tiene que estar jerarquizado. Una de las cosas que más ocurre es que cuando se necesita suelo para desarrollar vivienda pública generalmente el Estado recurre a conseguirlo de una manera rápida. Y generalmente no es lo más adecuado. O bien está ubicado en áreas demasiado lejanas de las centralidades urbanas, o tiene problemas de contaminación, o de niveles, o de relacionamiento con la estructura urbana global. Entonces, muchas veces el propio Estado induce a un proceso de precarización a través de estas acciones. Hay que plantearse el tema del suelo urbano como una estrategia básica para construir una política, y de buscar los instrumentos para obtener localizaciones en áreas intermedias que permitan optimizar inversiones que la sociedad realizó, y a su vez generar mixtura, integración y heterogeneidad, que son los paradigmas de una inserción exitosa en materia de vivienda.

—¿Cuál es el desafío de ciudades como Rosario o Montevideo?

—Uno de los problemas comunes es recurrir al terreno barato, y rápidamente obtenible. Es un factor que induce a procesos de expansión urbana que son no deseables. Ese es un desafío importante, como también volver a localizar a la vivienda pública en las áreas consolidadas. Seguramente hay suelo vacante, a veces esos suelos están en manos de otros entes públicos, de la Nación, de los ferrocarriles, del puerto, y a veces está en manos privadas. Entonces tenemos que darnos los instrumentos para poner ese suelo en juego, para los proyectos que haya que desarrollar.

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