Información Gral
Lunes 01 de Agosto de 2016

Más europeos, menos latinos, el mismo espíritu

Concluyó la misa final de esta XXXI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con el anuncio de que la próxima tendrá lugar en Panamá en el 2019. Una vez más, después de Río de Janeiro en 2013 y Buenos Aires 1978, el encuentro será en América.

Concluyó la misa final de esta XXXI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) con el anuncio de que la próxima tendrá lugar en Panamá en el 2019. Una vez más, después de Río de Janeiro en 2013 y Buenos Aires 1978, el encuentro será en América. El Papa abandonó ya el gran parque donde se celebró la misa pero los jóvenes siguen cantando, conversando, intercambiando objetos, direcciones con la ilusión de encontrarse dentro de tres años en Panamá.

Sin dudas, estás Jornadas fueron muy distintas a las de Río de Janeiro, pero el espíritu que las anima es el mismo. El mismo que se respiró en Madrid 2011 y en Roma 2000, aquel famoso jubileo de los jóvenes que convocó Juan Pablo II.

Esta vez la JMJ tuvo un tinte muy especial por haber sido en Cracovia. Cada calle, cada edificio, cada nombre, cada celebración rememoraban a Juan Pablo II. Los polacos lo aman, pero también todos los peregrinos llegados desde los más distantes puntos del planeta. Para muchos fue el Pontífice que marcó su niñez y adolescencia y no se lo olvidaron más?

Además, el pueblo polaco demostró una capacidad de acogida increíble para tantos jóvenes. Todos colaboraron desde su lugar para ayudar. Se mostraron pacientes ante los transportes públicos repletos de chicos y chicas bulliciosos, fueron amables para responder las miles de preguntas de los peregrinos perdidos por la ciudad y, por su puesto, colgaron en sus casas la bandera papal. La ciudad volverá hoy a su ritmo habitual, pero nadie de los que participaron de la JMJ regresará igual que como llegó una semana antes a Cracovia. Como los mismos chicos decían, "no hay palabras para explicarlo, esto hay que vivirlo".

Al igual que en Río de Janeiro hace tres años, el Papa argentino volvió a mostrar su gran capacidad de comunicación y de conexión con la gente joven. Les habló en su idioma, con las palabras que ellos entienden, desgranó las situaciones que atraviesan y, sobre todo, los animó, hasta se podría decir que los sacudió para que sean protagonistas, para que dejen huella con sus vidas y para que sean totalmente libres de las ataduras de la comodidad y del conformismo.

Como en Río aludió a los partidos de fútbol y les dijo que todos tienen que jugar de titulares, que en el partido de la vida no puede haber chicos sentados en el banco de suplentes y los invitó a calzarse los botines. Y al igual que en Río, todos entendieron su mensaje, aunque no fuera en su propia lengua. La diferencia estuvo en que los que participaron en forma masiva fueron los jóvenes europeos; en cambio, en Río, el público fue sobre todo latinoamericano, que además esperaba con gran ansiedad a este Papa que en aquel momento era muy nuevo.

Esta vez la expectativa mayor la tenían los europeos porque aún no habían visto ni escuchado directamente a Francisco. Aun así la capacidad de este Papa como la de Juan Pablo II de establecer el contacto con los jóvenes es muy especial. A todos les gusta y lo aplauden, y sobre todo están de acuerdo con él, sienten que les transmite mucho ánimo y esperanza, dos condimentos tan necesarios para este mundo y tan ansiados por los jóvenes.

El encuentro mundial, el ambiente de fiesta en las calles, el contacto y la cercanía entre los jóvenes de países muy diversos se repite en cada JMJ, y tal vez sea ese el milagro más grande de estos eventos: ver una humanidad hermana, fraterna, sin divisiones, al contrario, ver jóvenes que quieren conocerse, ansiosos por descubrir otras realidades y por ayudar. Aquí, como en las demás JMJ, se puede ver con los ojos que un mundo mejor es posible y que si todos quisiéramos podría reinar la paz. Los jóvenes lo demostraron en Cracovia una vez más.

Comentarios