Política
Martes 21 de Junio de 2016

Mario Quintana: "Es una tarea cotidiana salir de una cultura en la que primaba el miedo"

Es uno de los brazos ejecutores del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Creó y presidió durante doce años Farmacity, principal empresa minorista de venta de medicamentos.

Cumplido medio año del desembarco del presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada, el secretario de Coordinación Interministerial de la Jefatura de Gabinete, Mario Quintana, busca aventar las críticas centralizadas en uno de los flancos débiles de la gestión de Cambiemos. "Podemos ser macroeconómicamente disciplinados y socialmente muy sensibles", asegura a La Capital, mientras el oficialismo ingresa a una etapa crucial con no pocos problemas por enfrentar, entre ellos el hallazgo de un freno a la inflación.

Luego de meses signados por el fin del cepo cambiario, la reestructuración del Estado, negociaciones interminables en el Congreso nacional y anuncios de decisiones antipopulares como los tarifazos, Quintana vincula lo realizado por el macrismo a un pasado no tan lejano. "Es una tarea de todos los días el salir de una cultura en la que primaba el miedo hacia otra en la que impere la confianza", advierte.

También aprovecha para enviarle un mensaje al radicalismo provincial, que desanda días de tironeos con sus aliados del Frente Progresista (FPCyS), al recordar que la UCR "es un partido aliado clave" en Cambiemos. Y sale al cruce de los socialistas que tildaron de "derecha y neoliberal" a la administración de Macri: "Ya en el siglo XXI, leer el escenario político de ese modo no condice con la realidad". Sobre la relación con Santa Fe, aclara que la Nación "no discrimina el color de un gobernador a la hora de trabajar codo a codo".

—Comenzando a transitar el tan mentado segundo semestre, ¿qué se recorta en el horizonte del gobierno después de una etapa marcada por los tarifazos y la inflación?

—Una de las preocupaciones sociales más importantes y urgentes que todos compartimos es la inflación, un proceso que en la Argentina supera los diez años consecutivos. En el primer semestre de gestión, con el reacomodamiento de los precios y el sinceramiento de las variables, tuvimos una inflación que nos resultó dolorosa y que muchos todavía dudan si realmente estará bajo control. Cuando veamos la inflación debajo del dos por ciento mensual, si bien es muy alta en estándares internacionales, tendremos la sensación de que el potro está domado. Eso lo visualizaremos en el segundo semestre y es un punto que nos dará una idea de rumbo, al tiempo que permitirá cumplir los compromisos fiscales planteados en diciembre para los próximos años. Es algo que queremos hacer atacando las causas, con un régimen moderno de flotación cambiaria y un plan fiscal, financiero y monetario coherente.

—¿La expectativa de reactivación en qué se sustenta?

—También veremos la reactivación de la obra pública, que se mantuvo frenada desde septiembre u octubre pasados y nos tomó cuatro meses echarla a rodar nuevamente. Es algo que en el segundo semestre debería andar a todo vapor. Además, el sector privado viene anunciando inversiones a diario e irá mostrando la concreción de las mismas, y eso no es menor.

—En 2017 llegarán los comicios de medio mandato y, en paralelo a la confrontación política, la marcha de la economía será determinante.

—Sí, el año próximo tenemos elecciones, pero parte del desafío al que nos convocó el presidente es la reconstrucción de la confianza en base a la verdad, una instancia donde las soluciones se deben encontrar a partir del diálogo. Vengo reuniéndome con distintos líderes de la oposición y de los gremios y la verdad es que nos gustaría que, más que un escenario de confrontación, crezca el consenso para construir soluciones duraderas y participativas para los grandes problemas del país.

—Desde el 10 de diciembre pasado una parte de las críticas apuntaron a las dificultades para comunicar los objetivos del gobierno.

—Mire, acabamos de enviar al Congreso de la Nación una ley muy importante de reparación histórica a jubilados y pensionados y el sinceramiento fiscal. Estamos llamando también a trabajadores, gremios, partidos políticos, académicos y empresarios para trabajar, de aquí a tres años, en un régimen previsional a largo plazo. Son ejemplos que ratifican que, desde el diálogo y la participación, es posible encontrar mejores soluciones. Ahora: es una tarea de todos los días el salir de una cultura en la que primaba el miedo hacia otra en la que impere la confianza.

—Otros cuestionamientos, más insistentes, confluyen en el descuido del flanco social...

—Siento que algunas veces la oposición necesita etiquetar para salir de la incomodidad que implica aceptar la novedad que venimos a traer: es posible ser macroeconómicamente disciplinados y socialmente muy sensibles para preservar a los que menos tienen. También es falsa la dicotomía que sostiene que el gobierno que cuida a los pobres destroza la economía, o a la inversa. No lo acepto y el mundo desarrollado no funciona así.

—¿Aspiran a que los radicales santafesinos afines trabajen más de cerca de ustedes que con el FPCyS?

—El radicalismo integra Cambiemos y, en ese sentido, es un partido aliado clave en la conformación de esta alianza. Paralelamente, y es otra novedad, nuestra administración no discrimina el color de un gobernador a la hora de trabajar codo a codo con cada provincia. Y damos muestras permanentes de eso. Venimos haciéndolo con Miguel Lifschitz, en Santa Fe, con Domingo Peppo, en Chaco, o con Juan Manuel Urtubey, en Salta, en igualdad de condiciones. No debería ser algo extraordinario porque, en rigor, representamos a todos los argentinos. Quizás estábamos acostumbrados a otras prácticas y nos parece algo raro. Pero es parte de la reconstrucción de la confianza.

—El Partido Socialista (PS) insiste en que el de Macri es un gobierno de derecha y neoliberal?

—(Risas) Resulta simpático escuchar la expresión "de derecha y neoliberal". Me suena ajena a mis convicciones y al accionar del gobierno nacional. Son categorías viejas y creo que, ya en el siglo XXI, leer el escenario social y político de ese modo no condice con la realidad. Pero lo que importa son los hechos, y ejemplifico: los que creen en los achiques neoliberales y ortodoxos nos acusan permanentemente de hacer kirchnerismo o populismo ordenado, de gastar más de la cuenta. En el otro extremo, dicen que hacemos ajustes salvajes. Desde el minuto cero de gestión nos planteamos un camino moderado, gradualista, en el que sabemos muy bien cómo llevar adelante una política que deposite a la Argentina en un ciclo virtuoso de confianza, inversión, generación de empleo y crecimiento, con un cuidado particular a los que más necesitan. Eso tiene poco que ver con el neoliberalismo tradicional, el noventismo. Es algo nuevo.

—¿Cómo define la actual relación de la Casa Rosada con Santa Fe, teniendo en cuenta el reclamo histórico de la deuda por coparticipación?

—El 15 por ciento corriente ya se está cumpliendo con Santa Fe, San Luis y Córdoba a partir del fallo de la Corte y con el resto de las provincias hemos firmado semanas atrás un acuerdo, a través del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que incluso la ley que acabamos de enviar al Congreso ratifica. Respecto del pasado, son muchos los elementos a poner sobre la mesa en la relación con los distritos. Un ejemplo: por un reclamo de Buenos Aires, hace unos 20 años aproximadamente, quedó establecido el fondo del conurbano para compensar a esa provincia, de lejos la que menos coparticipación por habitante obtiene. El paso del tiempo y ciertas cláusulas incorporadas a ese fondo hicieron que, en la actualidad, lo reciban todas las provincias, en detrimento de Buenos Aires. Existen muchas distorsiones acumuladas que, tarde o temprano, habrá que resolver.

Comentarios