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Sábado 06 de Junio de 2009

María Luisa Miretti: "Mediadoras que estimulan a leer"

Las bibliotecas son el elemento clave para el mundo lector”, dice María Luisa Miretti, una reconocida escritora radicada en Santa Fe. Miretti es profesora y licencia en lengua y literatura y magíster en la especialidad, además de coordinar la maestría en literatura para niños que se dicta en la Facultad de Humanidades (UNR) es también autora de numerosos libros dedicados a los niños y en particular a la formación de docentes, sobre la lectura en la escuela.

En su mirada, las bibliotecarias ofician de mediadoras válidas para acercar a los chicos al mundo de los libros. Enfatiza que los adultos en general cumplen un papel destacado en esta tarea y saluda la formación de bibliotecas del aula, donde todos los chicos se involucren en el armado y diseño de cómo hacerla funcionar mejor.

¿Qué papel cumplen las bibliotecas en la promoción de la lectura?

Las bibliotecas son el elemento clave para todo lo relacionado con el mundo lector, incluido el proceso mismo. No olvidemos que la literatura infanto-juvenil nace un poco de la mano de las bibliotecarias, en el afán de ordenar y sistematizar el material de lectura para chicos y adultos, así que _a no dudarlo_ fueron y son singularmente importantes y su función es tan relevante como la de quien guía, sugiere o recomienda un texto.

¿Y qué pasa con el rol del bibliotecario en tanto animador del acercamiento a los libros?

Está en consonancia con lo anterior, en tanto hablemos del bibliotecario/a mediador/a que orienta, provoca y estimula. Lamentablemente todavía guardamos recuerdos feos de aquellas épocas en que los bibliotecarios eran los seres más temidos de cualquier institución, ya que oficiaban más de cancerberos que de guías orientadoras. Creo que en la actualidad los roles han cambiado y están más consustanciados con la problemática. No olvidemos que la severa acusación “ ¡los chicos no leen!” nos involucra a todos, incluidos los bibliotecarios, tan responsables como el resto del mundo adulto en acercar a los más chicos al mundo de la lectura.

¿Qué pueden hacer los docentes para sacar el mayor provecho de lo que ofrecen las bibliotecas?

Visitarlas en todo momento, trabajar en forma conjunta, establecer redes, socializar experiencias, compartir títulos, procesos, vivencias; organizar cada día, cada semana o una vez al mes, encuentros de lectura en los que se escuche la voz de alguien leyendo, contando o discutiendo un tema, un autor, un librom ¡sería maravilloso! ¿no crees?

¿Qué pistas daría para armar una biblioteca del aula?

Hay muchos y muy buenos consejos, pero fundamentalmente hay que involucrar al alumno/a: entre todos/as (discusión, asamblea) organizar la biblioteca del aula, su reglamento de funcionamiento y puesta en marcha con encuentros periódicos de paneles, mesa de discusión, etcétera en torno a determinados títulos, autores o temas. Que los alumnos y alumnas sean los verdaderos protagonistas del proyecto y si aún no accedieron a la escritura convencional, que lo hagan en forma mediatizada, incluyendo padres y maestros.

¿Cómo se pueden complementar la tarea de las bibliotecas y lo que ofrecen las nuevas tecnologías?

La convivencia configura un “deber ser obligatorio” y esto es como consecuencia de la enorme cantidad de volúmenes, la ¿necesaria? rapidez (a la que nos tienen acostumbrados en los tiempos actuales) por encontrar títulos, temas, autores, por mantener informados/as a todos y todas y, al mismo tiempo, para estar en sintonía con el nivel cibernético de los chicos y chicas. Los recaudos pasarían en todo caso, por: no cortar y pegar (advertir sobre los riesgos del plagio) y al mismo tiempo, si bien las wikis andan bien, no todo es perfecto y en más de una ocasión se han deslizado yerros intolerables. Y como sugerencia finale, y emulando a Mempo Giardinelli (escritor argentino), reitero a modo de eco: “En nuestro país hay muchas y muy buenas bibliotecas”.

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