Básquet
Sábado 13 de Agosto de 2016

Manos rosarinas a la obra

Romina González es la kinesióloga del equipo argentino de atletismo que compite desde ayer. Son sus primeros Juegos.

Cuesta encontrar el hueco. Los requerimientos se van incrementando a medida que se acerca la competencia y su obligación es estar disponible para lo que el deportista guste mandar. La rosarina Romina González es una de las dos kinesiólogas del equipo argentino de atletismo que ayer empezó su actividad (ver página 10).

Cuenta Romina con satisfacción que hace mucho tiempo acompaña al santafesino Germán Chiaraviglio por el mundo, que esta vez el Comité Olímpico Argentino decidió destinar dos plazas exclusivamente para kinesiólogos de los deportistas que compiten en atletismo, y uno de esos cupos es suyo. "No lo pude conseguir como deportista, pero acá estoy, en un Juego Olímpico", sonríe plena de felicidad en el comienzo de la charla esta ex empeñosa jugadora de hockey sobre césped de Duendes que, según ella misma reconoce, "pasaba mucho más tiempo en el banco de suplentes que adentro de la cancha".

Romina recuerda que cuando era chica se juntaba con su papá y pasaban horas mirando los Juegos Olímpicos, la misma mega fiesta del deporte que hoy la tiene como protagonista.

"Soy kinesióloga del equipo argentino de atletismo hace más de 10 años. Con el equipo de mayores estoy desde los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, en México. Es la primera vez que el equipo consigue una plaza para que una kinesióloga los pueda acompañar en un Juego Olímpico".

—O sea que Argentina nunca tuvo kinesiólogos en Juegos Olímpicos hasta acá.

—En atletismo no. El Comité Olímpico Argentino trajo dos kinesiólogos para el resto de los deportes que no poseen kinesiología y que necesiten, pero el trabajo que nosotros venimos haciendo hace años apunta más a la prevención de lesiones y a mantener al deportista lejos precisamente de la lesión.

—Bastante puntual y específico.

—No estoy acá para empezar a trabajar cuando se lesiona uno, al contrario. Trabajamos cualquier factor de riesgo que pueda andar dando vueltas o se detecte antes que se transforme en un problema. Y fundamentalmente que puedan competir sin dolores, que no es poco.

—Esos síntomas que intentan atacar inmediatamente, ¿son producto sólo de los entrenamientos o también pueden producirse por la emotividad y la tensión que genera estar en semejante competencia?

—Nosotros tenemos un plan de evaluaciones sistemáticas que venimos haciendo. A través de ciertos controles físicos, motores y demás, detectamos algunos factores de riesgo y armamos planes de trabajo. Pero siempre que hay una situación de este nivel y estresante, hay atletas que empiezan a sentir más su cuerpo y a lo mejor una pequeña contractura puede pasar a ser algo mayor o magnificarse. Los atletas son como un Fórmula 1, uno tiene que estar chequeando que todo funcione bien para que el día que deben dar su mejor rendimiento se encuentren en óptimas condiciones.

Romina llegó el 8 a Río porque el atletismo empieza más tarde, y se quedará hasta el final, pero ya siente un amor a primera vista por los Juegos. "Esto es increíble por la magnitud del evento, me siento maravillosamente bien. Es un sueño que no pude lograr desde el ámbito deportivo y que afortunadamente se me dio desde lo profesional".

—Es terriblemente emotivo, pero encima vos estás en el ámbito donde se viven las sensaciones más fuertes que es la Villa Olímpica.

—Hay una gran camaradería entre todos los deportistas y los equipos técnicos de los deportes.

—¿Cuántos deportistas pasan por tus manos?

—Trece. Cuatro del área lanzamiento, 6 que son de maratón (3 mujeres y 3 varones), uno de marcha, uno de salto y una chica de 3 mil con obstáculos.

—¿Y cuál es tu trabajo el día de la competencia?

—Viajo con ellos para la entrada en calor, si hay alguna molestia tratamos de resolverla en el momento, algunos necesitan un vendaje específico o alguna maniobra puntual antes de ingresar a la cámara de llamada. Y después ya está todo hecho, ya no podemos intervenir más. Una vez que lo llaman, el deportista ya no ve más ni al entrenador, ni al fisioterapeuta, ni a nadie. Al atleta lo podés asistir en toda la parte previa, pero después ya no tenés más contacto. A partir de allí si ellos necesitan alguna asistencia le corresponde al cuerpo técnico del evento.

—¿Y cuando no compiten, cómo se organiza tu día?

—Nos levantamos a eso de las siete, vamos a desayunar al comedor y ya empezamos con los turnos a las ocho y media o nueve hasta el final del día. Tratamos de dar turnos por una cuestión de organización mía y de los chicos, fundamentalmente para que nadie se quede sin asistencia. Son sesiones de una hora aproximadamente. Prefiero atenderlos después del entrenamiento aunque a veces no se puede. Es mucha terapia manual, trabajo de mano para la recuperación, piletas de hielo y alguna aparotología que no uso mucho, pero me traje algunas cosas que también son para recuperación muscular y regeneración.

—¿Estás donde querés estar?

—Sí, seguro, pero en algún punto tengo que reconocer que es estresante porque hay muchos objetivos que cumplir. Si va todo bien, es como que fluye mejor, pero a veces aparecen nervios propios de la competencia o ansiedades que también hay que saber manejar. Todos nos tensionamos antes de una prueba. Si va bien soy la primera que festejo, pero si sale mal me angustio como si fuera yo la que compite. Son muchos años y uno ve el sacrificio que ponen todos. El atletismo es divino para ver, pero es muy sacrificado. Son cuatro años de trabajo para tres chances de 2 segundos. Y listo. En otros deportes tenés suplentes, o 90 minutos, o 3 partidos para clasificarte. Acá son tres chances de 2 segundos. Es genial, pero a la vez es tremendo por lo efímero. Se esfuma rápido o pasás rápidamente a la gloria en nada.

El espíritu y el encanto de la Villa Olímpica

Romina cuenta algunas de sus vivencias en la Villa Olímpica "Uno de los primeros días me subí a un ascensor y estaban Ginóbili, Scola, Nocioni y Delfino, y les pregunté ¿nos podemos sacar una selfie acá mismo? Yo tratando de estirarme y ellos agachándose porque si no, no entrábamos en el cuadro (carcajadas). Es genial, el miércoles vimos el rugby por TV al lado de Del Potro y Mónaco, todos alentando a la Argentina. Todo es muy cordial.

—Tiene la magia de juntar al súper profesional con el deportista que la viene peleando desde que arrancó.

—Totalmente. Te doy un ejemplo, Ginóbili debe ser uno de los deportistas argentinos con mejores ingresos y está acá durmiendo como cualquiera de los otros mortales argentinos que se alojan en la villa, y los jugadores de básquet de la NBA de Estados Unidos están en un barco seis estrellas aislados de todo esto que es espíritu olímpico y amor al deporte. Ese es el sentimiento.

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