Opinión
Martes 24 de Mayo de 2016

Manifestación histórica de los estudiantes terciarios

El miércoles pasado los alumnos santafesinos de profesorados y tenicaturas públicas protagonizaron una jornada de reclamo por el derecho a educarse en condiciones dignas.

"Nos merecemos un edificio digno, para estudiar danza en pisos aptos, sin agujeros"; "el año pasado, en tiempos electorales, se lanzó la carrera de gastronomía, pero no tenemos cocina para las prácticas, sólo damos la teoría"; "nuestro instituto funciona repartido en cinco escuelas diferentes"; "tenemos compañeras que van a dejar de estudiar porque no pueden pagarse el transporte". Estos son apenas algunos de los testimonios de estudiantes terciarios que se escucharon en la histórica manifestación que protagonizaron en Rosario el miércoles pasado.

Un micrófono abierto permitió durante más de dos horas, y sin importar el frío, recoger las realidades de los institutos de educación superior de la provincia, donde se cursan tecnicaturas y profesorados públicos. Los pedidos son conocidos, también poco atendidos: falta de edificios propios, de horas cátedra y de cargos, de aulas en condiciones apropiadas. Además de pedir por un plan de becas provincial para quienes estudian en el nivel superior, de guarderías para las alumnas madres y del boleto estudiantil gratuito.

A principios de mayo, los estudiantes de la tecnicatura de enfermería creada por la provincia en 2015, y que funciona en dependencias de la Técnica 407 de Las Flores, denunciaron que no se cumplía con el plan prometido y, por ejemplo, de seis materias cuatrimestrales que debían cursar en esta primera parte del año, sólo tenían dos. La respuesta de parte de las autoridades del Ministerio de Educación de Santa Fe es siempre la misma: "Aguanten un poco más, que ya van a llegar".

También alumnos de la tecnicatura en gastronomía del Instituto Galileo Galilei advirtieron que sólo ven la parte teórica de la carrera, porque carecen de una cocina para hacer las prácticas. Y recordaron que esta carrera había sido creada por la provincia "en tiempos electorales".

Nada mal la observación si se tiene en cuenta que hace casi un año la propia ministra de Educación de Santa Fe, Claudia Balagué, celebraba la expansión del nivel superior: "Nos enorgullece haber creado en 2 años 56 profesorados y tecnicaturas; es una expansión del sistema de educación superior importantísimo, y acompañado por un crecimiento de la matrícula, que en los últimos 7 años ha crecido un 47 por ciento" (19 de junio de 2015/ santafe.gob.ar)

Sin dudas es para celebrar que más jóvenes ingresen al nivel superior de la educación y se creen más carreras. Sin embargo, en la provincia de Santa Fe el problema de la falta de espacios destinados a las carreras de nivel superior es de larga data, a esta altura crónico. Un ejemplo cercano es el Instituto Superior N°24 de Villa Gobernador Gálvez, que dicta sus carreras en cinco sedes diferentes (escuelas primarias) o el del N°16 Bernardo Houssay de Rosario, repartido en la sede de Ayacucho al 1600 y de Necochea al 1300. En febrero de 2015 la provincia anunció una inversión de 45 millones para reconvertir el ex Bazar Erquicia en la nueva sede propia de este instituto, pero como bien expresó una estudiante "hasta ahora ni noticia" de aquella promesa oficial.

El pedido de sedes adecuadas para el estudio no es un capricho, más bien tiene relación directa con la inclusión educativa con calidad. También evita situaciones tan penosas como cursar hasta en una cancha de bochas, como habían denunciado docentes y estudiantes del Instituto Superior de Profesorado (ISP) Nº 4 de Reconquista, cuando pidieron por el edificio propio a principios de 2015. Al poco tiempo se anunció la construcción de la nueva sede. O bien no correr peligro de que se caiga una mampostería en la clase o quedar electrocutados, como llamaron la atención este año los estudiantes del profesorado de educación física (Isef 11).

La jornada de protesta protagonizada por los terciarios santafesinos es histórica por lo masiva (los organizadores estimaron unos tres mil jóvenes presentes), por lo representativa y por lo colectiva, plural y participativa, que originó en ese mismo corte de calle de Entre Ríos y Pellegrini la convocatoria a una marcha estudiantil para el jueves 26 en Rosario. Un antecedente cercano es el que impulsaron las alumnas de los profesorados de formación docente para protestar por lo insólito de los planes de estudio provinciales que las obligaban a tener clases de buraco o de circo para ser maestras. Eran las llamadas "cátedras experimentales" aplicadas desde 2008 por la ex ministra Elida Rasino. Un plan que fracasó y no fue aprobado por la Nación.

No es casual que la consigna principal para esta movida del jueves que viene sea la defensa de la educación pública y que, tal como plantearon los estudiantes, sirva para replicar la federal del jueves 12 de mayo pasado en Buenos Aires. "Quiero ser docente, no esclavizarme en un McDonald's como piensa Macri", expresaba un cartel sostenido por una joven para dar cuenta de cuál es la política que se proyecta desde Cambiemos para la juventud.

Otro estudiante también recordó el preocupante anuncio del ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich, de querer cerrar institutos de formación docente porque son muchos. "Hay que cerrar institutos de formación, hay muchos, son 1.300 en todo el país"; "Es muy difícil mantener la calidad en todos ellos" (Mendozapost y Sitio Andino, del 6 de enero 2016), declaró Bullrich en Mendoza en enero pasado. La histórica protesta de los estudiantes terciarios santafesinos se une a la de los secundarios y a la de los universitarios en una estricta defensa de la educación pública, del derecho a aprender en mejores condiciones. También coincide con la campaña impulsada por la Ctera para que los legisladores de la Nación aprueben una nueva ley de financiamiento educativo, que eleve al 10 por ciento del PBI el presupuesto que se destina a la enseñanza. Una ley que llega con metas a cumplir, entre ellas que ningún chico o joven se quede sin acceder a un aprendizaje inclusivo, respetuoso del derecho humano y universal a la educación.



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