Escenario
Miércoles 22 de Junio de 2016

Mañana llega a los cines de Rosario "Julieta", la nueva película de Almodóvar

El drama gira en torno a una madre que lucha para sobrevivir a la incertidumbre y que está golpeada por un sentimiento de culpa.

Pedro Almodóvar vuelve mañana a la cartelera rosarina con "Julieta", el duro drama con el que compitió en el último Festival de Cannes. En la película protagonizada por Adriana Ugarte y Emma Suárez, las actrices componen al mismo personaje: una mujer que, más allá de intentar manejar su vida sin suerte, siente culpa por cada una de sus muchas páginas tristes que desde joven la superan y terminarán llevándola a sucesivas crisis existenciales. En su película número 20, y la tercera en que adapta textos ajenos, el cineasta aborda tres cuentos de la premio Nobel de literatura canadiense Alice Munro, incluidos en "Escapada" (2004), con historias cronológicas del personaje epónimo, centradas en un mismo tópico.

La trama gira en torno a Julieta, que vive en Madrid con su hija Antía. Las dos sufren en silencio la pérdida de Xoan, padre de Antía y marido de Julieta. Pero el dolor a veces no une a las personas sino que las separa. Cuando Antía cumple dieciocho años abandona a su madre, sin una palabra de explicación. Julieta la busca por todos los medios, pero lo único que descubre es lo poco que sabe de su hija.

"Julieta" habla de la lucha de una madre para sobrevivir a la incertidumbre. Habla también del destino, del complejo de culpa y de ese misterio insondable que nos hace abandonar a las personas que amamos, borrándolas de nuestra vida como si nunca hubieran significado nada. La película bucea en la fragilidad frente a hechos trágicos y los sentimientos de culpa que golpean a una mujer en la mitad de su vida, una serie de acontecimientos desafortunados que terminan acorralándola entre la espada y la pared, envejeciéndola de golpe.

Los trabajos de Adriana Ugarte y Emma Suárez como Julieta joven y adulta se complementan a la perfección y enriquecen al personaje, mientras que Daniel Grao, Rossy de Palma y Darío Grandinetti ayudan a consumar una original aproximación al universo literario de Munro, ya explorado por Sarah Polley en "Lejos de ella".

Almodóvar regresa aquí a un mundo femenino en el que los hombres ocupan un lugar secundario, esta vez poniendo énfasis en un personaje al que la vida desafía. "Traté de que sea un filme distinto a los anteriores, pero como ocurre en todos, vuelvo al universo femenino y el de la maternidad, que es un tema que siempre me ha resultado muy atractivo", aseguró el director. "La culpabilidad fue un elemento que apareció a último momento, cuando ya tenía el guión escrito. No es culpa en el sentido extremo, o no ha sido mi intención que sea así, ni una culpabilidad católica ni judeocristiana, sino un sentimiento laico, el de aquel que se siente responsable o insatisfecho porque le ocurre algo terrible en su vida", explicó.

Si bien Almodóvar vuelve a un universo que le resulta conocido, el cineasta aseguró que Julieta es diferente a otras mujeres de su filmografía. "Julieta es la más vulnerable, con menos capacidad para luchar: lo suyo es una desesperada resistencia pasiva, si es posible eso, y de allí pasa rápido a víctima de pérdidas irreparables que la van minando como persona. Sobre el final es una especie de zombie que camina sin ningún rumbo", puntualizó el autor de "Mujeres al borde de un ataque de nervios".

Sin maquillaje. Sobre otorgar el mismo papel a dos actrices, el director reconoció: "Quería imitar a mi maestro Luis Buñuel, que en "'Ese oscuro objeto de deseo" dividía el papel femenino en Angela Molina y Carole Bouquet, que tenían la misma edad", explicó. "En este caso no me gustaba la caracterización y el maquillaje para envejecer. Quería que en el rostro de la actriz efectivamente se notara que el tiempo pasó, porque la mirada es imposible de maquillar, y siempre tuve en claro que debía dividir a la Julieta joven de la más madura, que almacena dentro de sí años y años de dolor", apuntó.

"Julieta" llama la atención porque no tiene los desbordes característicos de la obra de Almodóvar, y se nota que el español intentó borrar cualquier atisbo de su sello. "Hay un momento, sobre todo cuando eres también el guionista de tu propia obra, en el que la película se manifiesta y —sin que entre dentro de lo paranormal— te demanda su propia fisonomía. Hay que hacerle caso a esa voz. En cuanto acabé el guión me di cuenta de que la propia película exigía contención", aseguró.

Prohibido llorar. En ese sentido, el cineasta dijo que le prohibió llorar a las actrices. "Esta historia trata del dolor, y en seguida vi claro que para acercarse al dolor la única manera es la discreción. El dolor exige discreción. A las actrices les tenía prohibido llorar. Ellas tenían que llorar y muchísimo, pero en las elipsis. Y las elipsis aquí son mucho más grandes que la propia narración. Lo más expresivo puede ser la falta de expresión. La regla era tratar de dominar las lágrimas. Y si aparecían que no implicaran ninguno de los músculos faciales. Que la cara fuera una máscara", concluyó.

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