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Domingo 01 de Abril de 2012

Malvinas: una radicalización ruidosa y sin perspectivas

La radicalización del caso Malvinas, decidida por el gobierno nacional a fines del año pasado, y que ha llevado al tema a constituirse en eje y leit motiv de la política exterior del país, conlleva un realineamiento internacional de sesgo "tercermundista", oneroso en todo aspecto para Argentina.

La radicalización del caso Malvinas, decidida por el gobierno nacional a fines del año pasado, y que ha llevado al tema a constituirse en eje y leit motiv de la política exterior del país, conlleva un realineamiento internacional de sesgo "tercermundista", oneroso en todo aspecto para Argentina. La retórica Malvinas actúa casi mecánicamente llevando al país hacia la vecindad de regímenes como el venezolano y el cubano. Son compañías poco aconsejables si se quiere tener una imagen internacional alejada de populismos autoritarios y tercermundismos fallidos. Porque, además, este giro se hace sin lograr nada sustancial a cambio, como se comprobará una vez pasadas las actuales ráfagas retóricas y todo quede más o menos como siempre.

Por otra parte, el pomposamente denominado "bloqueo" urdido por Argentina no va a ninguna parte. El canciller uruguayo Luis Almagro blanqueó esta semana lo que piensan en su país: dijo que cumplirán con lo acordado en la cumbre de diciembre del Mercosur (o sea, no dejar entrar en sus puertos a buques con la bandera de Malvinas/Falklands), pero que un bloqueo en plena regla no lo harán. Así como lo rechazan en Cuba, en Malvinas también, alegó Almagro. Eso sería "violar los derechos humanos de los isleños", declaró, adoptando así el punto de vista que incluye a los isleños como actores centrales del diferendo, un factor clave que Argentina se empeña en desconocer. Almagro agregó que empresarios uruguayos viajarán a Malvinas a cerrar negocios con los isleños. Es que, por un lado, los países vecinos están hartos de la mala conducta comercial de Argentina, lo que da impulso a gestos como el de Almagro. Y además no quieren perderse el negocio que vislumbran en las islas en torno al inminente boom petrolero. Si alguien cree que las amenazas de acciones legales lanzadas por el canciller Timerman acobardarán a los inversores petroleros, no conoce a esos empresarios. Veamos un ejemplo cercanísimo: en plena "guerra" del gobierno argentino con Repsol-YPF, la norteamericana Exxon anunció que se unirá a la española para explotar un enorme yacimiento en Neuquén. La inversión requerida: 28 mil millones de dólares. Es que las "multis" petroleras tienen la piel curtida, están habituadas a trabajar en ambientes políticamente hostiles e inestables, como Africa...y América latina. No se van a intimidar por las denuncias de Timerman. En cuanto a las existencias de petróleo en el área Malvinas, analistas del mercado estiman que en la próxima década dejarán más de 167.000 millones de dólares. Buena parte de ese dinero irá a los isleños como regalías e impuestos. Ese dineral les aseguraría su independencia de Londres en materia económica y de defensa. Ellos pagarían la cuenta por la presencia de tropas, cazas y fragatas. Son muy malas noticias para la Argentina y su estrategia de desgaste de un Reino Unido presuntamente harto de pagar la cuenta militar de Malvinas.

A nivel de política interna, el gobierno fogoneó a fondo la causa Malvinas, esperando confiadamente en que la caldera nacionalista subiría la presión a las nubes. Pero la respuesta social no parece la esperada, resulta más tibia. Da la impresión que ni la población general ni las nuevas generaciones se "prenden" con la causa Malvinas como en otros tiempos. Un signo de ese cambio es que un grupo de intelectuales, Plataforma 2012, haya podido plantear públicamente sus disidencias de fondo con el dogma nacional Malvinas, y que lo haya hecho con amplia repercusión mediática. En su último texto, el grupo presenta muy bien el dilema que tiene la sociedad argentina: "Elegir la posición que adoptaremos en la cuestión Malvinas, como problema a solucionar respetando principios constitucionales y compromisos internacionales en materia de derechos humanos, o como causa irredenta y absoluta ante la cual sacrificar" esos valores.

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