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Martes 20 de Mayo de 2008

Maleducados

El taxi va por la calle Entre Ríos. Circula por la derecha y, antes de llegar a San Juan, cambia de carril porque se encuentra con otro vehículo parado en doble fila. Por desidia o acaso por una distracción que no debió ocurrir, el chofer no anuncia la maniobra y le cierra el paso a otro auto que viene detrás. ¡Para qué!

El taxi va por la calle Entre Ríos. Circula por la derecha y, antes de llegar a San Juan, cambia de carril porque se encuentra con otro vehículo parado en doble fila. Por desidia o acaso por una distracción que no debió ocurrir, el chofer no anuncia la maniobra y le cierra el paso a otro auto que viene detrás. ¡Para qué! De inmediato se arma uno de esos intercambios verbales tan típicos en las calles rosarinas, en el que los dos conductores le endilgan al otro lo putas que son sus madres mientras frenan el tránsito con absoluta impunidad y ponen en riesgo la vida de los peatones sin que a ninguno de los dos les importe nada ni nadie.

Soy el pasajero del taxi y me quedo pensando en ese repetido episodio cotidiano. Me pregunto si el señor que circulaba detrás del taxista que lo cerró será un conductor tan pero tan bueno que nunca se equivoca al volante. Me permito dudarlo mientras observo que a su lado va una nena de unos diez años, probablemente su hija que, como es obvio, escuchó todas las barbaridades que le dijo al taxista y lo que el taxista le retrucó, en ambos casos sobre sus madres.

Como tantas veces, pienso en lo inútil que resulta discutir con alguien en la calle por un incidente de tránsito. Inútil y angustiante, porque nunca lleva a nada. Incluso me ha ocurrido que después de cometer un error mientras manejaba pedí disculpas a la víctima de mi mala maniobra y a cambio no recibí más que una estupenda y visceral puteada. ¿Será que quienes se enojan tanto frente a la conducta de los otros conductores nunca se equivocan?

Una vez más me permito dudarlo mientras el taxi sigue su marcha y de pronto ocurre otro episodio.

Estamos a mitad de cuadra entre 3 de Febrero y 9 de Julio. El semáforo que tenemos adelante se ha puesto en rojo y los vehículos que tienen luz verde comienzan a moverse, pero por Entre Ríos un auto cruza ignorando la señal de detenerse. El que lo hace es el mismo señor que antes descargó un arsenal de insultos contra el chofer del taxi, indignado porque éste le cerró el paso. El tipo no sólo no era un conductor ejemplar sino que tres cuadras más adelante hizo algo mucho más grave que lo del taxista.

¿Habrá esbozado algún gesto de disculpa frente a los conductores que tenían la luz verde, o se habrá acordado también de sus madres?

Así somos. Todo el tiempo les reprochamos a los demás cosas que no tardamos en hacer nosotros. Maleducados e intolerantes, vamos por la ciudad con el índice levantado y la lengua cargada para disparar, sin la más mínima dosis de autocrítica. Les exigimos a los otros que hagan lo que nosotros no hacemos ni nos imponemos como norma.

¿Tendremos remedio?

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