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Miércoles 14 de Octubre de 2009

Maldito Pipo Pescador

¿Hay en esta ciudad, en este país, alguien que haya vivido un viaje en ómnibus de larga distancia maravilloso, placentero o al menos sin contratiempos? Por favor, si es tan amable y no tiene nada mejor que hacer, cuénteme su experiencia. Escríbame a lvilche@lacapital.com.ar ya que tengo el firme propósito de ser flexible, cambiar de opinión y desterrar la idea de que estos viajes por los que uno paga cifras considerables son una verdadera cagada...

¿Hay en esta ciudad, en este país, alguien que haya vivido un viaje en ómnibus de larga distancia maravilloso, placentero o al menos sin contratiempos? Por favor, si es tan amable y no tiene nada mejor que hacer, cuénteme su experiencia. Escríbame a lvilche@lacapital.com.ar ya que tengo el firme propósito de ser flexible, cambiar de opinión y desterrar la idea de que estos viajes por los que uno paga cifras considerables son una verdadera cagada.

El frío y el calor allí arriba nunca son lo esperable: la calefacción te hace transpirar cual bestia en celo y cuando quieren moderarla pasan, de una, al aire acondicionado. Como mínimo, se llega a la playa con 40 grados a la sombra y pulmonía.

Los asientos nunca se reclinan como uno espera y además su comodidad es tan dudosa como su definición. ¿Qué significa "semicama"? ¿Es esa tablita que te eleva los pies unos 20 centímetros y que con suerte logra que se te acalambren apenas en 15 kilómetros de recorrido?

Tema baños, ni hablar. Hay que ser energúmeno o audaz para lograr algo allí adentro. También están el jugo y el café: intomables. Ambos tibios y empalagosos, y si se le agregan encima los sándwiches de miga o los alfajorcitos durísimos que pueden llegar de regalo en una bandejita plástica, la palidez del óbito y el revoltijo estomacal son una garantía.

¿Le pasó que el coche haya tenido que parar en medio del camino? Seguramente. El tema es que nadie explica por qué se detiene el vehículo, ni por cuánto tiempo. Cuando esto le suceda, pruebe con este entretenimiento: mire por la ventana e invente sus propias hipótesis y argumentos sobre el hecho, expréselos en voz alta y comprobará cómo inmediatamente el pasajero de adelante, de atrás o del costado repite y agrega datos, pero nadie, nadie sabe a ciencia cierta qué pasó, ni a qué hora finalmente se llegará a destino. Pruebe, puede hasta llegar a ser divertido.

Bueno, hay más, mucho más que tiene que ver con la falta de frenos, gomas lisas, parabrisas quebrados, techos que se llueven y choferes filtrados, pero voy a hacer como que todo eso ya está, a poco de las vacaciones de verano, en las agendas de los funcionarios de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte. Y me voy a detener sólo en otras dos experiencias para mí inolvidables.

Una de ellas tiene que ver con un largo viaje de Chile hacia Rosario. Ya había cruzado la cordillera, todo divino. Llegando a Mendoza ponen una película. Vio que aquí nadie le pregunta si usted quiere dormir, por ejemplo. Nadie le da o vende un auricular para la ocasión: lo obligan a ver o al menos a escuchar un film, le guste o no. Me ocurrió. Esa vez se prendió el aparato, aparecieron los títulos y entre ellos el nombre de la actriz principal: Gena Rowlands. Si no la tiene le cuento que es una actriz madura, bellísima, que entre otras películas protagonizó "Gloria" dirigida por quien fue su marido (y también bellísimo) John Cassavetes; y que actuó hace poco en uno de los tantos cuentos que componen el encantador filme "Paris, Je t´aime" (2007).

El tema es que la Rowlands, una ídola para mí, parece que aceptó hacer ese bodrio por el pancho y la Coca o para pagar la luz. El film titulado "Mi amigo Paulie", la traducción es típicamente argentina la original es sólo "Paulie", es la historia de un loro parlante.

No sabía si reírme o llorar, lo mismo que me sucedió este fin de semana cuando viajé diez horas de ida y diez de vuelta, desde Rosario a Bahía Blanca, al cumpleaños de una amiga que merecía este sacrificio de mi parte y mucho más.

Tenía sólo tres días para este periplo, pero no lo dudé. Me dije: "Voy a aprovechar para dormir y leer".

Ni una, ni otra cosa. Cuando quise dormir tuve que esquivar el sonido al palo de dos películas y un recital de Shakira, más la cumbia que escuchaban los choferes (pobres tipos, los compadezco: el coche partió de Corrientes con destino a Río Gallegos, ¿quién no merece entretenerse si debe pasar por esto?).

Cuando quise leer apareció el que oficiaba de azafato y nos dijo a los que íbamos sentados en el piso de abajo: "Ahora se viene el bingo!!!!". "¿Qué bingo?", pregunté perpleja dejando de lado el libro. "La empresa rifa un vino blanco, y como en este coche no anda nada, tampoco los parlantes, le voy a pedir un favor señora... a usted que está sentada adelante: ¿yo canto los números arriba y usted me los canta abajo?".

Muy fuerte.

Su sinceridad al reconocer que el coche era de cuarta, el que me diga "señora", lo que me pedía. Todo muy fuerte.

Dejé el libro para más tarde y me escuché decir: "40, cuatro...cero". El viajar es un placer... Maldito Pipo Pescador.

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