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Sábado 06 de Marzo de 2010

Maestros que hablan del oficio de enseñar en tiempos de conflictos

Marcela, Paola, Patricia y Roque están convencidos de que lo mejor de la docencia es la creatividad que les demanda cada día el trabajo con los chicos, y desde ya el compromiso social que representa asumir la educación en sus manos. Por eso lamentan que no se escuchen los reclamos del sector y eso los lleve a no estar en las aulas. Son maestros de primarias públicas y privadas, superan la década frente a las aulas, y ofrecen su testimonio para contar cómo es el oficio de enseñar en tiempos de conflictos.

Marcela, Paola, Patricia y Roque están convencidos de que lo mejor de la docencia es la creatividad que les demanda cada día el trabajo con los chicos, y desde ya el compromiso social que representa asumir la educación en sus manos. Por eso lamentan que no se escuchen los reclamos del sector y eso los lleve a no estar en las aulas. Los cuatro son maestros de escuelas primarias públicas y privadas, superan la década frente a las aulas, y ofrecen su testimonio para contar cómo es el oficio de enseñar en tiempos de conflictos.

A diferencia de lo que ocurrió en la mayoría de las provincias argentinas, el 1º de marzo las clases no empezaron en Santa Fe (tampoco en Jujuy y Tierra del Fuego). Era un conflicto anunciado a los cuatro vientos cuando el 2009 cerró con deudas para el sector docente. La contundencia de los paros decididos para lo que resta de marzo (72 horas por tres semanas seguidas) fue la prueba de aquel presagio.

"Hace años que vivo todo esto, no es la primera vez que hay conflicto salarial, la diferencia es que si bien hay opiniones contrarias, ahora la gente está más concientizada y ve que nuestro reclamo es justo". Las palabras son de Patricia Rubinich, maestra de 2º grado de la Escuela Nº 6.389 Federico de la Barra (Uriburu al 2.500), y hay que atenderlas: tiene más de 20 años de antigüedad en la docencia.

Sin embargo, Patricia no tarda en volcar a su reflexión inicial "la angustia" que provocan los conflictos: "Nosotros queremos estar en las aulas, dando clases, no yendo a una movilización o haciendo paros".

Paola Cieri es maestra de 6º grado del Colegio Madre Cabrini (Pellegrini al 600), hace 15 años que abraza la enseñanza, y no tarda en retomar los dichos de su colega: "Sabemos que ser docente no es sólo estar con el alumno, sino también acompañar a las familias, a la comunidad".

Se apasiona cuando habla. Dice que eligió ser docente porque "es un trabajo creativo que la obliga siempre a estar en movimiento espiritual". Y si algo quiere rescatar es el encuentro "que desde el año pasado se está profundizando entre los docentes oficiales y privados a la hora de reclamar", porque "ambos —dice— tenemos las mismas necesidades".

Durante la charla con La Capital, al lado de Paola se sienta Marcela Mateos, maestra de cuarto grado del Colegio Boneo (Gorriti al 600). Lleva 13 años dando clases y confiesa sentirse encantada con su trabajo, porque demanda "un aprendizaje de los dos partes". "Con cada grado —explica—, con cada chico la enseñanza es diferente, eso es un aprendizaje para ellos y para mí. No hay recetas mágicas aquí, esa demanda de creatividad permanente es lo mejor".

La relación con los padres



 

 

"La Argentina tiene la fuerza de trabajo docente más feminizada: 84,7 % son mujeres", dice el sociólogo Emilio Tenti Fanfani en un estudio publicado en su libro "La condición docente" (Siglo XXI). Entre ese 15 por ciento excepcional de hombres que eligieron la enseñanza está Roque Jaimes Fainstein, maestro de 5º grado de la Escuela Nº 1.337 Silvestre Begnis (Nahuel Huapi al 4500).

Asiente lo que dicen sus colegas, y además señala una diferencia sustancial que hace al trabajo educador y la relación con los padres: "Es común que en las escuelas públicas periféricas (como la 1.337), donde los niños están por debajo de la línea de la pobreza, los papás acompañen nuestros reclamos. Es que bien saben que estas escuelas funcionan casi exclusivamente por obra de los maestros. Son escuelas sin nada, con infraestructura deficiente y cooperadoras débiles. El padre ve que el maestro hace más de lo que se le exige".

Las tres maestras y el maestro acuerdan que los días sin clases no sólo se pierden por los paros. Hay que contabilizar —dicen— "aquellos por problemas de robos, falta de agua, y eternos problemas de infraestructura" en especial en las escuelas más pobres. Y a la hora de retomar las aulas, aseguran que cada docente sabe "cómo hacer las mejores adaptaciones curriculares para que los chicos aprendan los temas prioritarios", y recuerdan que la enseñanza no se realiza "como si se tratara de las páginas de un manual que se pasan una por día".

 

Paros y el 1º de marzo     



 

 

"Compro una propuesta que no sea paro, pero donde se escuche de verdad a los docentes", desafía Marcela para responder a la pregunta de por qué una medida de fuerza para reclamar por salarios. Y agrega: "La huelga es el último recurso que buscamos".

"Está instalado en la sociedad de que lo primero que hacemos es paro, y no es así. Este es un reclamo de años, donde todos los gobiernos que asumen dicen que la educación es la prioridad y luego no se cumple. Y no es sólo por salario: las escuelas están deterioradas, eso la comunidad lo sabe", opina Patricia.

Sin muchas dilaciones, Roque define, y el grupo coincide, a la propuesta oficial del 7 % inicial como "una broma", "no hay quien lo haya entendido como algo bueno". Y Paola concluye: "Hubiéramos querido empezar el 1º de marzo, porque cuando recibimos a nuestros alumnos renovamos nuestro contrato con la enseñanza. Pero interiormente estoy convencida que igual les estoy enseñando: que hay derechos y el Estado tiene obligaciones".

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