El Mundo
Martes 17 de Mayo de 2016

Maduro recurre al estado de sitio y amaga con anular el referéndum

El viernes anunció la medida represiva, pero aún no se publicó el decreto. Su vice dijo que la consulta popular "no se hará".

La crisis política y económica venezolana entró en una nueva y más aguda etapa de tensiones. Al estado de sitio o excepción que dictó el gobierno de Nicolás Maduro se agregaron las afirmaciones de figuras de primer nivel del gobierno sobre que el referendo revocatorio del mandato del presidente "no se hará", o será postergado para el año que viene, cuando tendrá un efecto menor. Todo esto ocurre mientras la economía continúa sin tocar fondo, la inflación vuela a un ritmo del 700 por ciento anual y el desabastecimiento ha paralizado la distribución de alimentos y medicamentos.

En medio del descontento popular, agudizado por los cortes cotidianos de luz y agua, Maduro firmó el viernes la extensión del decreto de "emergencia económica" vigente desde enero, pero sorpresivamente le añadió el estado de excepción por tres meses. El estado de excepción equivale al estado de sitio, un grave recorte de las libertades públicas y personales. Maduro no descartó incluso prorrogarlo sucesivamente hasta 2017. Ayer aún no se había publicado la medida, que restringe derechos de protesta y reunión y autoriza detenciones y allanamientos sin orden judicial.

Pero además Maduro ordenó tomar las fábricas paradas, poniendo en la mira cuatro plantas cerveceras de la firma Polar, el principal productor de alimentos y bebidas del país. Las plantas están inactivas por falta de divisas para comprar insumos. O sea, por responsabilidad del Estado y su férreo control de cambios. "Este gobierno actúa de forma autoritaria para mantenerse en el poder", comentó el diputado opositor Tomás Guanipa en rueda de prensa. El acosado e impopular gobierno de Maduro, que afronta crecientes críticas dentro del propio chavismo, justificó el estado de excepción en un supuesto "complot de Estados Unidos" y líderes opositores para intervenir e "invadir" Venezuela, so pretexto de una "crisis humanitaria". Ya son incontables las veces que Maduro y sus lugartenientes han denunciado presuntas confabulaciones de Estados Unidos, la oposición ("la derecha") y otros poderes conspirativos. Ante esa presunta "amenaza externa", Maduro ordenó realizar ejercicios militares el próximo sábado.

Maduro, un ex chofer de ómnibus erigido por el fallecido Hugo Chávez como canciller y vice presidente, también fundamenta el estado de excepción en las medidas drásticas que deberá tomar contra la "guerra económica", que según él ejecutan la oposición y empresarios "de derecha", claro está, para inducir la enorme escasez y poner al pueblo en su contra. La política económica de Maduro ha oscilado entre una radicalización extrema, que duró poco, y medidas aleatorias, que no sirven porque no desmonta el conjunto de medidas intervencionistas que fue acumulando el fallecido Hugo Chávez. El gobierno atribuye todos los males a los complots, y lógicamente a la caída brusca del precio del petróleo. Pero esto ocurrió recién en junio de 2014, cuando Venezuela ya padecía todos los males que la han hecho tristemente famosa, como altísima inflación y escasez generalizada. Además, el petróleo ha mejorado levemente en los últimos dos meses, superando en promedio los 40 dólares el barril, un precio que todos los demás países productores consideran aceptable. Venezuela, en cambio, para tener sus cuentas en equilibrio, requiere de un barril a 110 dólares, según calculan economistas.

Las actitudes de radicalización van más allá del desprestigiado Maduro, cuya gestión es repudiada por el 68 por ciento, según Venebarómetro. El vicepresidente Aristóbulo Istúriz desestimó que Maduro pueda ser "revocado" mediante referendo. "Aquí no va a haber referéndum. Ellos saben que no va a haber, porque lo hicieron tarde, mal y cometieron fraude", disparó Istúriz, aludiendo a las firmas entregadas por la oposición. El organismo electoral, el Consejo Nacional Electoral (CNE), exigía un 1 por ciento del padrón electoral, algo menos de 200.000 firmas: la oposición reunió en pocos días casi dos millones. Desde su entrega, el CNE, en manos del chavismo, se ha dedicado a retrasar su calendario.

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