AFA
Viernes 29 de Julio de 2016

Macri y Tinelli, ¿durará la paz?

Para que nadie olvide su poder de fuego, Tinelli reactivó la imitación del ex presidente De la Rúa.

El presidente Mauricio Macri no subestima el poder de fuego de Marcelo Tinelli y la pantalla caliente de ShowMatch. Por eso, pese a la resistencia de los sectores más ortodoxos del PRO, que querían una rendición incondicional del conductor televisivo, decidió acortar camino y cerrar una grieta que lo inquietaba. Una reunión a solas, sonrisas cordiales y un video en Snapchat sirvieron para aquietar ese frente de tormenta.

Está claro que Macri le otorgó a la pelea con Tinelli más entidad que a las embestidas en las redes sociales de Cristina Fernández o a los vaivenes —con amenazas de confrontación incluidas— de una parte del sindicalismo. Le preocupa mucho más, claramente, que una imitación que lo ridiculiza sea lo último que vean millones de televidentes antes de irse a dormir.

El distanciamiento entre ellos no es nuevo; es una saga que ya lleva varios meses y fue acumulando señales inequívocas de un lado y del otro. Cada uno con sus armas: chicanas públicas y críticas de parte del hombre de la TV; movidas e influencia política para boicotearlo, desde Casa Rosada.

En realidad, el conductor televisivo había mostrado que estaba más cerca de Daniel Scioli durante la campaña electoral del año pasado. A Macri le disgustó la imitación que hizo Martín Bossi cuando fue al piso de ShowMatch, a pocos días del ballottage que lo depositaría en la Casa Rosada. Bossi mostró un Macri casi tilingo, atento a cosas que no le importaban a ningún argentino y con marcado tono cheto de barrio Parque porteño. Los que están más cerca del presidente aseguran que ese día la relación se quebró. Más aún cuando el mismo programa le dio a Scioli un trato mucho más amigable, con una imitación de Freddy Villarreal que no esmeriló sus posibilidades ni su imagen ante los televidentes. A nadie le quedaron dudas, y menos a Macri: Tinelli tenía candidato. Y no era él.

Con la elección definida, la relación entró en una etapa más tormentosa. Macri es consciente de que Tinelli es un hombre con ambiciones de poder y que, además, dispone de una herramienta fenomenal para intentar concretarlas.

La rivalidad comenzó a escribir capítulos sigilosamente. Las aguas terminaron de dividirse cuando el conductor confirmó que iba por la presidencia de la AFA.

Nadie mejor que Macri sabe de la importancia de hacer pie en el fútbol y proyectarse hacia la política. Ese fue su recorrido, y los resultados están a la vista.

Es cierto que cuando Tinelli quiso llegar a la AFA tenía el aval de una exitosa gestión como vicepresidente de San Lorenzo, con un club revitalizado societariamente y con la obtención por primera vez en su historia de la Copa Libertadores. Esas cartas, su enorme popularidad y la promesa de un cambio parecían allanarle el camino hacia el sillón que ocupó Julio Grondona durante décadas. Un buen trabajo en un lugar importante para la gran mayoría de los argentinos hubiese sido un espaldarazo fenomenal para el pibe que llegó desde Bolívar para trabajar como periodista deportivo.

"Tinelli sueña con ser presidente de la Argentina", dijo hace unos días un periodista de chimentos. "No parará hasta ser Papa", imaginó alguna vez un cronista rosarino.

En ese contexto, desde sectores del gobierno comenzó una silenciosa política de desgaste; en la elección que debía definir al sucesor de Grondona, Daniel Angelici, titular de Boca y hombre de confianza de Macri, jugó un rol clave.

Angelici anunció que no iba a apoyar a Tinelli con un argumento endeble: dijo que los hinchas de Boca no veían con buenos ojos que un hombre identificado con San Lorenzo fuese presidente de AFA.

Operador político de peso y con múltiples contactos, Angelici abiertamente militó en contra de Tinelli. Le dio aire a la candidatura de Armando Pérez, el preferido de Macri desde el primer momento, pero el presidente de Belgrano no juntó los siete avales que necesitaba para presentarse en la carrera; después apoyó a Luis Segura, mientras que River, Racing, Central y Newell's, entre otros, jugaron con Tinelli.

Del bochorno de la elección empatada en 38 votos con 75 participantes no se salvó nadie. Fueron las primeras esquirlas que sacudieron a Tinelli. Y también la primera señal concreta de que sentarse en el sillón de Grondona no iba a ser un camino sin espinas, como en algún momento creyó. El mundo del fútbol no es la televisión: no le alcanzó el glamour, el rating al rojo ni las figuras de la farándula que desfilan cada noche por su programa. El fútbol obliga a embarrarse.

Al poco tiempo Tinelli comenzó a través de las redes sociales a cuestionar las políticas del gobierno nacional. Sin piedad, como nunca lo había hecho durante los años del kirchnerismo. En su cuenta de Twitter disparó varios misiles contra los aumentos de precios, en sintonía con el humor popular.

Con ShowMatch otra vez en el aire, en algún momento sintió que ya era el mánager de la Superliga, una estructura pensada a su medida.

Estuvo cerca, pero nadie duda de que las jugadas políticas del macrismo ante la Fifa lo dejaron sin caballo en mitad del río. No podía ser mánager por una razón muy simple: no habría superliga, al menos en lo inmediato. La creación de un organismo por fuera de la AFA no tuvo luz verde de la Fifa y deberá esperar como mínimo un año, suponiendo que en algún momento pueda resucitarse.

El macrismo fulminó a dos pájaros en un solo enroque: Tinelli y Hugo Moyano, que también se imaginó como el nuevo Grondona. Los dos desafiaron a Macri en el mundo que más conoce, y los dos perdieron.

Tinelli, golpeado, jugó su última carta: sacó a la cancha a los millones de espectadores que lo ven diariamente. Sabe que en 2009 el humor político y las imitaciones en su programa fueron determinantes para el triunfo de Francisco De Nárvaez sobre Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.

La desopilante imitación de Macri que Freddy Villarreal llevó ahora a la casa de Gran Cuñado activó las alarmas en el seno del poder. Hubo bronca y un llamado a boicotear el programa que fue un fiasco: ShowMatch midió 19 puntos de rating.

Como para que nadie se olvide de su poder de daño, Tinelli reactivó la imitación de Fernando de la Rúa. La imagen de aquel presidente confundido, que equivocaba la salida y le mandaba saludos a mujeres de Tinelli que ya habían dejado de serlo, no causó gracia en la Casa Rosada. Seguramente en 2001 sonrieron con la caricatura de ese De la Rúa extraviado, y lo mismo con la imitación de Cristina Fernández que se vio en el programa de Lanata. Pero no ahora. Si algo buscó el gobierno desde el primer día fue mostrar que Macri no es De la Rúa.

"Él decidió satirizarme y recibió 150.000 tuits de crítica. Investigamos el tema. No hubo trolls ni el gobierno tuvo nada que ver. Sí hubo 30.000 tuiteros que lo criticaron. Es increíble que se ofenda", dijo Macri el domingo en el diario La Nación tras las acusaciones de Tinelli.

El llamado de Horacio Rodríguez Larreta para sentarlos a solas frenó la escalada. Varios dirigentes de peso no estuvieron de acuerdo, pero la decisión estaba tomada. Macri optó por clausurar una disputa que seguramente iba a ganar, pero a un costo que no estuvo dispuesto a pagar. De todas maneras, las imitaciones seguirán y ya está en las gateras la de Juliana Awada. Quizás el tono sea otro.

La paz quedó sellada con la reunión en Olivos. Ahora resta saber si es una paz real o si durará lo mismo que un corte de ShowMatch.

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