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Miércoles 14 de Octubre de 2015

Macri y Massa salieron a arriesgar el todo por el todo, tratando de evitar la derrota

Ante la inminencia de los comicios, decidieron "quemar las naves" con la intención de entrar a un ballottage con el candidato del FpV, Scioli.

Cuando el equipo va perdiendo y el reloj implacable se encamina al desenlace lo normal es mandar a todos arriba y revolear el pelotazo al área contraria. Mauricio Macri y a su modo Sergio Massa, en la metáfora futbolera, han decidido arriesgar el todo por el todo. Meditaron, será igual perder por un gol que por mayor diferencia. "Arriesgamos, nos jugamos, dejamos todo", suelen encontrar tranquilidad espiritual, tras el partido, los derrotados. A dos semanas de la elección, quien viene asumiendo la metáfora futbolera con mayor determinación es Macri. El jefe de Gobierno porteño, si quedara afuera de la conversación el domingo 25 a la noche, le resultará muy complejo retener durante los próximos cuatro años su costura política. Su oportunidad es ahora. Alrededor del empresario penden retazos unidos por un hilván que conviven trabajosamente con una expectativa excluyente: un triunfo electoral.

En la semana que pasó, el jefe del PRO inauguró una estatua de Juan Domingo Perón en pleno Buenos Aires. La excusa fue el 120 aniversario del nacimiento del líder que fundó el movimiento político que perdura por más de 70 años en la Argentina.

Hecho asombroso. Que un dirigente liberal -a la Argentina-, antiestatista, representante neto de las elites de centroderecha, se juegue a fondo a reivindicar la figura del líder político que representa exactamente lo contrario constituyó un nuevo hecho asombroso de la política nacional.

En el acto de descubrimiento de la nueva estatua de bronce, de cinco metros de altura y 2.500 kilos, Macri se acompañó con una escuálida representación peronista: Hugo Moyano, Eduardo Duhalde y Gerónimo Mono Venegas. "Todos unidos triunfaremos", su nombre, rescata a un Perón con los brazos abiertos, en su clásico saludo con el que conmovía a las masas rugientes en la mítica Plaza de Mayo.

La audacia del candidato a presidente de Cambiemos sembró silencio entre sus huestes: ni aprobaciones ni rechazos significativos entre los dirigentes de segundas líneas. Tampoco en la nube de redes sociales que acompañan a esa fuerza política. Sin comentarios.

Desde el Frente para la Victoria, como era de esperar, lo trataron de oportunista y "desfachatado", disparó Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, y candidato con más chances de consagrarse gobernador de la provincia de Buenos Aires dentro de dos semanas.

Con audacia o temeridad —el tiempo acomodará el término con más precisión—, ¿conseguirá Macri penetrar en el campo electoral peronista con esos "tres o cuatro" que le faltan (según sus propios cálculos) para meterse en un ballottage con Daniel Scioli? La lógica, suele indicar, que aquello que no se consiguió jugando bien al fútbol durante los 90 minutos es difícil que se consiga, de manera providencial, y en el tiempo de descuento. Pero la pelota todavía está en juego.

Sergio Massa, por su parte, también puso en juego la estrategia del pelotazo al medio del área, y a la carga barraca. En estas horas, cuando los spots radiales y televisivos con publicidad política ocupan cerca del diez por ciento del tiempo publicitario en los medios de comunicación, el trigrense abandona el discurso del justo medio. Por ese lado no obtiene los resultados esperados. Muchos de los dirigentes que lo acompañaban, se terminó revelando, no estaban justo al medio, estaban más cerca de Scioli. De tal manera que se terminaron yendo con el candidato del FpV.

Entonces Massa, con un poco de audacia y otro tanto de temeridad, repite una y otra vez su spot donde promete "atacar a los narcos en las fronteras y en los barrios" pobres con "las fuerzas armadas". Si bien su discurso punitivista, antinarco, lo acompañó desde 2013, todo indica que sobre la hora, se corrió del justo medio. ¿Qué resultado recogerá con ese pelotazo de último minuto?, la pelota está en el aire.

Principios fundantes. La democracia argentina se refundó en el 83 con un puñado de principios inviolables: elecciones libres sin proscripciones, respeto a los derechos humanos y a la Constitución, y, entre otros, prohibición absoluta de la participación de las fuerzas armadas para sustituir a las fuerzas de seguridad policiales en los conflictos internos.

La militarización de la guerra contra los narcos, como propone la Administración para el Cumplimiento de las Leyes sobre Drogas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (el país con mayor consumo de cocaína del mundo), DEA, quedó largamente demostrado, constituye un camino de ida.

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