Opinión
Jueves 28 de Julio de 2016

Macri y Lifschitz no logran construir confianza mutua

twitter: @MauricioMaronna

Lejos de amainar, la tormenta declarativa que inició Mauricio Macri contra el gobernador Miguel Lifschitz descendió a otros funcionarios nacionales, que utilizaron la misma línea argumentativa que el presidente. Anoche, una de las más altas fuentes del gobierno nacional dijo a La Capital: "No hay un problema personal, pero no nos gusta que diga una cosa acá y otra en Santa Fe. Genera poca confianza".

La decisión de la Casa Gris, al menos por ahora, es esperar que el gobierno nacional baje los decibeles y evitar la lucha cuerpo a cuerpo.

El primer efecto práctico comprobable del malestar de Macri fue el sorpresivo desembarco, el sábado pasado, del ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, quien entró al pago sin golpear y sin darles aviso a los funcionarios provinciales y/o municipales.

Los dichos de Dietrich contra Lifschitz fueron un calco de los que descerrajó el presidente ("es la excepción al resto de los gobernadores", "tiene doble discurso", "no construye") y no respondieron a una casualidad: hubo instrucciones desde Presidencia para continuar la ofensiva.

Nada personal. Lo que más sorprendió a Lifschitz, y a los observadores neutrales, es la crítica casi personal que hizo Macri, algo inédito en los 7 meses que lleva de gestión, donde siempre se mostró como un líder frío, pero consensual. respecto de los opositores. La fuente muy cercana al presidente que habló anoche con este diario insistió en que "no hay valoraciones personales, no nos gusta el doble discurso".

Otra voz oficial, pero del Parlamento nacional, amplió el concepto: "Se sacan la foto, reciben los fondos, nos agradecen que les atendemos todos los llamados. Se suben al tarifazo con la EPE, pero se bajan discursivamente a los K, cuando guardaron 10 años de prudente silencio".

Cerca de Lifschitz opinan todo lo contrario: reivindican el rol dialoguista del gobernador y ejemplifican con la posición que tomó desde el jueves pasado, cuando se recluyó de la exposición pública a la espera de una fumata blanca. Eso no sólo no sucedió, sino que desembarcó Dietrich con críticas y promesas de inversión; desde la segunda línea del Ministerio del Interior también afilaron las dagas y hasta la interventora del Pami II se sumó a las objeciones contra el ex intendente rosarino.

Pero sólo el amor nos vuelve inocentes, dice la canción de Violeta Parra. Al tiempo que en Gobernación no quieren amplificar el volumen del estruendo, desde el gabinete, el socialismo y el radicalismo aliado replican los mandobles.

El ministro de la Producción, Luis Contigiani, no deja títere con cabeza a la hora de poner bajo la lupa la política económica de Macri, Antonio Bonfatti le recuerda a Balcarce 50 la deuda con Santa Fe y Jorge Henn acusa a la Nación de usar fondos discrecionales para los intendentes santafesinos de Cambiemos.

Es verdad también que Lifschitz no cruzó los límites de los ataques personales hacia el jefe del Estado, por caso en el escándalo de los Panamá Papers. En la Casa Gris aceptaron mansamente el pedido del gobierno nacional al inicio de la gestión para postergar la ejecución del fallo de la Corte Suprema por la coparticipación (algo así como 22 mil millones de pesos, más intereses), en un gesto de buena vecindad que, asegura hoy Lifschitz, no se romperá pese a la andanada verbal macrista.

"Paz y amor", dijo un funcionario todoterreno del gobernador, quien, sin embargo, interpretó que las aseveraciones de Macri y sus funcionarios "no se compadecen con esa vocación de diálogo que dice tener el gobierno nacional, de apertura y de trabajo en equipo".

"Nadie habla ni se pelea", al menos por ahora, es la orden que bajó el mandatario provincial, aunque otros dirigentes del PS no quieren privarse de exponer las diferencias.

Lo que claramente está faltando es un nivel de diálogo intermedio entre ambos gobiernos que evite que todas las cuestiones se contesten por los medios. Acción política, se le llama.

El primer cara a cara entre Macri y funcionarios nacionales tenía fecha y lugar: el 2 de agosto en Puerto Madryn. Allí los mandatarios provinciales firmarán junto al Poder Ejecutivo el "Acuerdo para el fortalecimiento del federalismo", pero Lifschitz no será de la partida: viajará el fin de semana próximo a Estados Unidos para cumplir con un compromiso preestablecido. En representación de Santa Fe estará el vicegobernador Carlos Fascendini.

En términos políticos la escalada con Macri le sirve al gobernador para tener mayor visibilidad, aunque ese beneficio sea escaso para estas instancias. Una encuesta reciente de Management & Fit lo ubica como el más desconocido de las provincias grandes, con el 39 por ciento.

Lo central es resolver los episodios de confrontación de acuerdo al horizonte de convivencia que les espera a los dos Ejecutivos. Nada más ni nada menos que tres años y medio de gestiones compartidas.

El Frente Progresista deberá entender que las cosas han cambiado a nivel nacional, y que todo cambio de época merece una correcta interpretación. Al margen de encuestas que le den bien, regular o mal a cada protagonista de la escena, la Casa Gris —socialistas y radicales progresistas— deberá laudar con un presidente y un gabinete provenientes de otro vector ideológico, con otras formas y una nueva cultura política. El tiempo irá diciendo si mejor, igual o peor que el relato kirchnerista.

Al margen de posicionamientos, chisporroteos y estado de las relaciones, lo que moldeará el presente y signará el futuro de Macri y Lifschitz en Santa Fe tendrá que ver con el resultado de ambas gestiones.

Sin embargo, todo el ruido ensordecedor alrededor de la relación confunde a los santafesinos, que ya venían hartos de los desplantes y la falta de diálogo entre los gobiernos de Cristina Kirchner y el Frente Progresista.

Tras una década a salto de mata, no estaría de más un tiempo de paz. Por ahora, siguen los cantos de guerra.

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