Economía
Domingo 16 de Octubre de 2016

Macri: un pacto con los suyos

En el encuentro de Mar del Plata, el presidente les propuso a los grandes empresarios una hoja de ruta para 2017. Entre el aplauso y la desconfianza

Mauricio Macri precisa consolidar su poder en 2017 y necesita que los empresarios, su clase de pertenencia, se convenzan de su proyecto, inviertan, pongan plata. Se los dice abiertamente y, a veces, en clave de reproche. Como sucedió en el discurso inaugural del Coloquio de Idea, en Mar del Plata, donde les recordó que hace exactamente un año la mayoría de ellos estaban resignados a convivir con el "oscurantismo populista" que representaba la continuidad de Daniel Scioli, pero fue él quien ganó las elecciones y les otorgó todo lo que le había prometido en ese mismo atril: sacar el cepo, liberar el mercado de cambio, eliminar las trabas a las importaciones y las retenciones.

El Coloquio de Idea, el foro top del empresariado, es un buen termómetro para medir la temperatura del establishment. En el calor de la superficie, los ejecutivos derrochan optimismo por el nuevo tiempo que les toca. Hablan de la "previsibilidad" del gobierno y de una buena perspectiva para el resto del año y todo el que sigue. La encuesta anual que hace la consultora D'Alessio lo puso en cifras: el 45 por ciento espera incorporar mano de obra en los próximos 12 meses y el 57 por ciento ampliaría inversiones.

"El optimismo está relacionado con el cambio de clima político, más allá de las condiciones actuales de la macroeconomía. Esas expectativas tendrán que ser homologadas con políticas concretas", valoró el economista Luis Secco, funcionario de Banco Nación, tras conocerse la pulsión emotiva que tienen hoy los empresarios con el gobierno de Macri.

Esta alianza de amor recíproco, sin embargo, no carece de tensiones. Una prueba ello está en la puerta: que el bono navideño, que ya el gobierno anunció para jubilados y beneficiarios de planes sociales, se extienda a los privados para compensar la erosión de los salarios por la inflación.

Macri espera que ese entusiasmo que declaman alcance también a sus billeteras. Los sentará, bajo decreto, en una misma mesa con la CGT, en lo que se ha dado llamar la Mesa del Trabajo y la Producción. Sabe que la central obrera, salvo el ala moyanista, no está con ganas de hacerle un paro, pero no le tienen que dar una excusa. Ya les desinfló el amague belicoso con beneficios en Ganancias, el resto dependerá de ellos.

El presidente no es muy amigo de los pactos sociales (tiene olor a peronismo); prefiere los acuerdos sectoriales. Pero Macri viajó a Roma, donde se encontró con el Papa y se sintió en la necesidad de llevarle algo que le mueva una sonrisa y no otra mueca indiferente, como cuando se encontró con Bergoglio en febrero pasado. La Iglesia viene promoviendo la necesidad del encuentro. De tender puentes hacia el diálogo como método para la resolución de los conflictos.

Por convicción o moda metafórica, la imagen del "puente" también fue utilizada por los responsables de Idea. El logo que promocionó el 52º Coloquio está representado por una imagen del Puente Colgante de Santa Fe, en tono gris oscuro, con siluetas de colores que lo transitan. "Puentes hacia el futuro" reza el lema. Gran parte de la suerte política de Macri depende de cómo cruza ese puente en el 2017 y que en el otro extremo lo espere una victoria electoral.

Brotes verdes.

Para ello necesitará un respingo de la economía, que los "brotes verdes" se extiendan y no se sequen a poco de salir. Por ahora, las inversiones vienen lentas, algo que no esperaba el gobierno, sobre todo porque desde el inicio les tendió la mesa con todos los condimentos para el festín. ¿Traición de clase? En esa duda se hamacan las contradicciones y las internas del gabinete; también las visiones encontradas del mundo empresarial, el "círculo rojo", que reclama, velada o abiertamente, mayor ortodoxia en el manejo fiscal.

En el juego de las apariencias, los empresarios reunidos en Idea aclamaron el discurso del presidente, festejaron la convocatoria al compromiso para aumentar la productividad. Pero por lo bajo, en los comentarios de foyer, asoman las quejas por su gradualismo fiscal y la presión impositiva.

Hay un punto que unifica los discursos de los empresarios y los funcionarios de Macri: la lucha contra la pobreza de la mano de la creación de "empleo de calidad". Es un enunciado genérico, pero en las formas están las pequeñas diferencias y los puntos de encuentros.

El presidente de Idea, Ignacio Stegman, advirtió que la mitad de los empleos que existen están amenazados en las próximas dos décadas. Y de los que hay, la mitad son trabajos informales. El ejecutivo sostuvo que hay consenso en la sociedad en identificar que el principal problema es la pobreza, que "no se soluciona con efecto derrame ni con puro asistencialismo". Puso como eje central a la educación para achicar la brecha de inequidades sociales.

El ministro de Educación, Esteban Bullrich, uno de los funcionarios con presencia full time en el Coloquio, retomó más tarde ese mismo argumento. Dijo que el sistema educativo argentino no sirve y que hay que cambiarlo para acompañar el paradigma de los nuevos tiempos. "La pobreza también es no comprender textos, no solamente no alcanzar una suma de dinero" para ingresar en el número fatídico del 32 por ciento, como lo venía sosteniendo el Observatorio Social de la UCA, recientemente homologado por el Indec.

El nuevo pacto que propone Macri empuja a los empresarios al límite de sus creencias. A una remozada "teoría del derrame", pero en clave electoral. Si no refrendan su poder en 2017, los inversores no vienen y las reformas realizadas, que sustentan el desarrollo perdurable, caerán nuevamente en las garras del populismo. Por ahora, ese compromiso y el llamado a una nueva revolución productiva, están con más interrogantes que certezas. Esta alianza conlleva, más allá de los mimos y la exageración de optimismo, desconfianzas mutuas.

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