Opinión
Miércoles 15 de Junio de 2016

Macri & un gol en contra

El fútbol no es una cuestión menor en la Argentina. Menos todavía para el presidente, que encontró allí la base para su carrera política. Pero hoy el deporte más pasional encierra negociados, corrupción, violencia y droga. Todo lo que la sociedad necesita erradicar.

El fútbol no es una cuestión chiquita, el fútbol es una cuestión de Estado. Con los clubes de barrio una cuestión de Estado municipal, con los clubes como instituciones una cuestión de Estado provincial —préstamos, crecimiento, protección—. El fútbol como pasión y clubes como depositarios de esa pasión ó representantes de esa pasión constituyen un problema nacional. A Macri se le apareció el problema; hasta ahora es lo más parecido un gol en contra.

Macri no puede decir que esta fuera del tema fútbol por una razón elemental, el es presidente de todos los argentinos —entre otras cosas— porque fue presidente del Club Atlético Boca Juniors (Cabj) y tal vez muchos no lo recuerden pero, como presidente de Boca recorrió el país mostrando copas, yendo con jugadores famosos y viejos jugadores que lo acompañaban y en cada sitio decía: "ayúdame, quiero ser presidente de la Argentina". Mauricio no decía "quiero seguir siendo presidente de Cabj". Como precandidato para presidente de la República Argentina recorrió el país mediante el uso del colectivo, la caravana, la cena, los banderines, las filiales. Mauricio Macri se paseó por el país con una llave que abrió cualquier domicilio: "Boca es pasión nacional". En muchos sitios —en Rosario, en Santa Fe, en Córdoba, en La Plata no tanto como en el descampado— Boca no es prioritario, hay otras camisetas, pero el asunto fue claro, visible.

Desde Macri, pero antes con Ramón Cereijo, con Raúl Perette, el fútbol y la pasión están dentro de las cuestiones de Estado. En el siglo XXI hay menos inocencia y nada de romanticismo.

En el caso de Macri el fútbol es una cuestión genética de Estado, tanto es así que, cuando tiene que explicar que toma decisiones riesgosas, refiere a las decisiones que tomaba en Boca ("no lo contrate a Maradona como DT cuando todos me lo pedían, como no voy a poder firmar un veto presidencial").

En el 2016 el tema se complica porque las cuestiones económicas de muchos corsarios, filibusteros, mercenarios que están en el fútbol, pertenecen a la sociedad que aceptamos. También los preocupados por el porvenir.

Más claros: esta sociedad acepta a Hugo Moyano, a Marcelo Tinelli, a Ted Turner, son actores sociales de primera magnitud. Se suman a los acompañantes de cualquiera de los tres mencionados los que, sin pudor, escupen la memoria del padrino mafioso que los alimentó por 30 años; Julio Grondona, el "Don". Perdón, perdón, jugadores, representantes, directivos ¿dónde estaban cuando don Julio mandaba sobre campos y haciendas?

Los mercenarios no tienen patria, bandera, prejuicios, están allí para aprovecharse de una pasión, para hacer con ella negocios. Excepto un viejo dirigente de "Ciencia y Sudor de Villa Oeste", emocionado en la subcomisión de ajedrez, tengo la intima convicción que no van allí como mecenas ad honorem, sino que van como filibusteros, tratando de llevar más dinero, más poder a su propio domicilio a su propio grupo —precisamente de eso— de poder.

Macri es presidente de todos los argentinos y el fútbol está en situación de calle, a merced de los mencionados corsarios, filibusteros, mercenarios. La ubicación de Macri es la del defensor el club que recibe un gol en contra, el viene (dirigencialmente) del fútbol. El problema, sobre junio de 2016, tiene una referencia específica a dos cuestiones.

La primera cuestión es de que modo se resuelve, en Argentina, el negocio de la pasión por el fútbol, sus números, sus ramificaciones en la economía nacional, en los medios nacionales, en el humor nacional. Cualquiera entiende el viejo dicho de los periodistas adocenados: "Cuando Boca pierde medio mundo llora, medio mundo ríe". Risas y lágrimas. De allí viene Macri. De la publicidad del medio tiempo, del humor del lunes, de vincha, bandera y gorro, pero también "esponsoreo" de la camiseta, del referí bombero, del dinero ocultado o blanqueado en el mundo, de los petrodólares y la coima de los jeques, de la mafia rusa (ex gerentes comunistas manejando clubes y jugadores en Brasil, Inglaterra…) y la preocupación yanqui por el terrorismo antiyanqui, financiado por los mismos que financian el fútbol de un modo tan negro, tan sangre, que asusta. Bueno, no asusta a todos.

La Segunda cuestión es de que modo se resuelve, dentro de la ley y en forma pública, la relación, la conexión de la que pocos quieren hablar. Sigamos esa secuencia. Barra brava. Delincuencia. Violencia. Droga. Policía corrupta. Jueces permisivos, corruptos. Dirigentes políticos corruptos. Sociedad que permite todo. Si alguien dice que no sabe de qué se trata, que no sabía, que aún no lo sabe, que recién se entera, es necesario advertir: la posibilidad de la tontería no debe esgrimirse. En este tema no hay tontos.

Hace poco, ante la requisitoria periodística, un presidente de club de fútbol en ejercicio contestó: "Si, es verdad, hay barras bravas, no lo voy a negar, pero yo no les doy plata"… en ésa respuesta hay una cuestión tan fácil de ver que, como diría Antoine de Saint-Exupéry, "no la vemos porque lo esencial es invisible a los ojos… pero allí está"

La droga, el barra brava, el fútbol y el dirigente, la corrupción, esos son los componentes de la sociedad; allí están. Sigamos con las metáforas cancioneras: "Aunque no la veamos la corrupción siempre está".

Educación, salud, trabajo, buenos sueldos a la cana, calles iluminadas, servicios, Justicia rápida y pareja salvarían a la sociedad. Es decir: salvarían al fútbol. Sin fulbito. Penal y gol es gol dicen los mafiosos. Y ganan. Hasta ahora.

Comentarios