Opinión
Miércoles 17 de Agosto de 2016

Macri & la velocidad

Las quejas van más rápido que las promesas de soluciones. El presidente debe entender que el malestar que se siente en los bolsillos se va a acelerar. Si su gobierno fracasa, será un duro golpe para el comienzo de una democracia de alternativas.

Miguel Gila Cuesta (Gila) fue un estupendo humorista español. En su monólogo telefónico sobre la guerra (Hola, ¿está el enemigo?…¡que se ponga! …) tenía un chiste que nunca abandonó. "No le tengo miedo a las balas" — decía mientras se golpeaba la mejilla con una bala de fusil— "a lo que le tengo miedo es a la velocidad...".

Atahualpa Yupanqui, ante una pregunta sobre la diferencia entre una milonga, una chamarrita y un valseado respondía: "…mire amigo, cada 50 kilómetros cambia la velocidad, pero la milonga es la misma…", sonreía para concluir: "sabe, amigo, la queja es la misma...".

La velocidad, esa que afligía a Einstein, es la que comienza a trabajar contra Mauricio Macri. El bolsillo argentino es el sitio del fenómeno. Y la posibilidad de éxito o fracaso. Con el fracaso de Macri un contrasentido: el fracaso del comienzo de una democracia de alternativas.

Para el señor presidente, mientras se consume el primer agosto de su mandato, la velocidad de las quejas por las tarifas de energía es mucha, va mucho más rápido que cualquier anuncio sobre la injusticia de la electricidad gratuita, esa borrachera suicida por la que el grupo K le regaló, al Conurbano bonaerense y a la Capital, durante 12 años, el futuro del país. Alterándolo.

No es la queja, es la velocidad de la queja. Asombra. El componente de tiempo y espacio se convierte en teorema. Las quejas van mas rápido que las soluciones, que las promesas de soluciones, la energía se encarece mes a mes y alguien deberá pagar la fiesta, la misma fiesta K. Punto. Fiesta que se mantiene. Acusemos a la impericia. Digamos qué sucede. Estamos en la continuidad de la borrachera populista. Detrás el final anunciado: no hay energía. No la producimos ni la produciremos. Teorema del fracaso. Si no producimos energía, la compramos cara y urgente, la malgastamos y no la cobramos ¿dónde iremos a parar…?

Cuando comienza el relato de los porqués de tanta ausencia, carencia y obsolescencia de fuentes de energía aparece Atahualpa. Nada que decir, la milonga es la misma. La queja es la misma.

Quien está en el escenario con todos los guitarreros y las luces encendidas es Mauricio Macri. No puede afirmar sin costo que el pasado fue el peor porque no se lo dice a un público nuevo, se lo cuenta a los mismos aplaudidores de la monarquía de baja intensidad que complicó a todos. Asusta que algunos que fueron pajes, mancebos, arlequinos, eunucos y cortesanos sean hoy fiscales de la patria. Asusta, pero nadie fallece del susto en un país donde poseen peso específico y calidad mediática algunas personalidades fenomenales que todavía no tienen partido político, ni plataforma.

Más de un diputado nacional, provincial, más de un Poder Ejecutivo no reconoce pertenencia, cable a tierra, pasado, biografía y parientes. Vamos, algunos ni garaje a la calle para sus admiradores. Es otra paradoja de la velocidad. Los actores políticos argentinos circulan mas rápido que los certificados, las declaraciones de bienes y los juramentos. Hoy no hace falta certificado de buena conducta. Como en los mejores velatorios. Acto de presencia.

Está claro que quien debe entender que la velocidad de la queja subirá, como resolución constante, es el señor presidente. No hay mas jubileo ni moratoria sobre el hambre, la injusticia o, en algunos casos, la simple incomodidad. Las redes, que tanto expanden y de igual modo disimulan, también viralizan. No hay mas secretos de alcoba en la política argentina. Los medios tradicionales la cuentan menos. Las redes la exageran mas. Existe.

El mejor espejo de MM es CFK, heredera de los latrocinios económicos de NK y, también, de su trono. Me acompaña el íntimo convencimiento que CFK sabía que robaban los amigos de su esposo (junto con su esposo) y, así, la familia se enriquecía de modo ilícito. Como viuda no supo cómo parar y/o esconder el delito y el mecanismo se volvió, además de perverso, un liberto. NK tenía esclavizada la mecánica del robo desde el Estado, pero murió. La heredera eligió el espejo y los aplausos. Nos costó caro.

Hoy CFK advierte que la velocidad de la queja, que antes era de un modo, digamos, previsible, cambió. Aumentó. Solo Macri, ensuciándose hasta el cuello, puede salvarla. CFK tiene final señalado. Sufre el vértigo que aproxima la cárcel y goza del olvido de sus culpas al punto de enrostrarle los yerros y las metidas de pata a los que vinieron después, a MM y a tres corruptos, que siempre hay, según sostiene. En cierto modo para CFK el robo al Estado es una constante y no importa la velocidad, ni el espacio ni el tiempo. Una estoica. A su modo, claro está.

En estos días, además de la velocidad de las balas, Mauricio aprende que la velocidad de las piedras es lo peligroso. Ya lo apedrearon. En su primer agosto. Es un ingeniero, debe advertir que en política la velocidad se vuelve masa.

El cómico español pedía una tregua para Navidad y saludar a su primo. Porque la guerra no tiene nada que ver con las navidades, decía. Y Atahualpa Yupanqui es autor de la más formidable copla de la protesta. Dos octosílabos que en la década del '50 (siglo XX) definieron Latinoamérica, la pampa, el sur, el gaucho: "Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas". No se escribió nada mejor.

La misma milonga, con más o menos velocidad y parecidas referencias. Vaquitas, m3 de gas, Kw hora, petróleo. Ajenos. Caros. A nosotros las penas. Cada vez más veloces.

Comentarios