Opinión
Miércoles 29 de Junio de 2016

Macri & El Monumento

Es la referencia de paisaje, de sitio de encuentro y punto de partida. Con fuerte valor simbólico, en ese palco se produjeron algunos de los hechos políticos más relevantes de la ciudad. El 20 de junio salieron a la luz fuertes contradicciones.

Nadie pensó sobre 1957, cuando se inauguró, que las cosas fuesen de este modo. El Monumento, que en su origen recordaba un hecho histórico, es el "ágora rosarina". No lo imaginó siquiera el jefe del Escuadrón Granaderos a Caballo que desfiló en la inauguración. Según crónicas fue Alejandro Agustín Lanusse, que después cerró el primer ensayo, luctuoso, del Partido Militar.

En la década del '90 estaba muy descuidado. Es recién con Julio Bárbaro como secretario de Cultura de la Nación, en la primera presidencia de Carlos Menem, con Héctor Cavallero de intendente, que se decreta su título: Monumento Histórico. De ése modo participa de un presupuesto nacional directamente.

El Monumento cambió la circulación de la ciudad. En Rosario la calle de la ciudad es Calle Córdoba y todos los cánticos, festejos y protestas terminan en El Monumento. Poco a poco la región lo usó de referencia del paisaje, de sitio de encuentro, de punto de partida. Cacharros, camisetas. Lo dicho, el ágora rosarina es esa explanada. Venir a Rosario es, como paisaje y referencia turística, buscar su perfil.

De todas las agrupaciones y todos sus festejos es testigo y memoria esa "dura piedra de otros cielos".

Tuvo dos grandes momentos en que sus laterales, su nave y la explanada explotaron. Cuando cerró Raúl Alfonsín su campaña para la presidencia, en el 1983, y cuando toda la región se autoconvocó para manifestarse contra "la 125" y el impuesto sojero, en el 2008. Dos llenos totales.

Es en un palco del 20 de Junio que CFK le da la espalda al discurso de la intendente Fein y le avisa a sus militantes: "Vamos por todo". La monarquía populista nunca festejó el 20 de junio, siempre lo usó para sus fines facciosos. Como sea: el símbolo es El Monumento. "No se debe perder de vista el valor de lo simbólico". El Monumento cumple con Lacan, es real, imaginario y simbólico. Todos al Monumento.

Diversos sectores político partidarios quisieron manifestarse contra la presidencia Macri. El 20 de junio de 2016 no hubo un potente acto alternativo, paralelo, en algún otro sitio, para demostrar fuerza en las calles, en las movilizaciones, con consignas claras de centroizquierda, que es donde hay un vacío tan preocupante que define país si o país no. El hecho es visible. Poca gente, mas ímpetu que ideas, mas radical que plural. Y el reflejo: todos hacia El Monumento.

La falta de norte ideológico de los que deberían estar esclarecidos, confundió las realidades, los mandatos, las funciones y en lugar de resolver (parir) el origen de un espacio político democrático, que tanta falta hace, adoptaron la respuesta juvenil y atropellada, la soberbia adolescente de enfrentarse con un policía y creer que en ese hecho, violento, terrible, aparece el programa alternativo para 2017 y definitivo para 2019. Feo error.

Va de suyo que sin el peronismo todos los impulsos se asemejan a los que sostiene "Quebracho", agrupación tan dispuesta al choque urbano como al rol minoritario en cualquier proceso electoral que reconfigure, por el voto, los gobiernos y el Estado.

Lo riguroso es que aflige cada video que documenta el 20 de junio de 2016 en Rosario. No es con sillazos a la policía ni con bastonazos a un actor político que se construye el porvenir democrático. Esas son las imágenes que proporcionan ¿Cómo escapar de esa lógica callejera? ¿Cómo escapar de ésa memoria setentista? Congelarse en el tiempo quita dudas, pero también soluciones. Creer que una manifestación callejera es una propuesta de cambio en el siglo XXI, en Argentina, trae recuerdos, memorias entrañables y retroceso. Hoy las contradicciones están en otro lado, se resuelven de otro modo y si, cuando vamos al fondo de las cosas, es el voto el que transforma (como cree el peronismo) no hay votos en la violencia callejera, hay espanto. Dicho con palabras más claras. Los votos se rajan en mitad del griterío.

Este 20 de junio en el palco, mientras tanto, varias contradicciones se producían. Los mismos personajes que se fumaron a CFK y sus desplantes de reina madre dándoles la espalda, "ninguneándolos", despreciando una administración sin corruptos (corrupción fenomenal como la de ése régimen) debían fumarse un protocolo nacional distinto, mas frío. El palco del "si se puede, viste…". Hubo un palco del "yo no fui". Un senador nacional que ahora no sonríe al FPV y diputados nacionales que se alejan del paraguas K. El peronismo es descarado, previsible y mayoritario como conducta. Hubo un palco del "quiero ser". Dirigentes radicales que sueñan con el mando que no poseen. Ni allá ni acá. También un palco del "sobrevivimos", con la pancarta socialista.

En cada discurso estuvo el inconsciente florecido. Fein habló del Billiken, Lifschitz de la historia federal y Macri del 9 de julio. La frase del colega Mauricio Maronna describiendo el acto es perfecta: "La organización del evento central —craneada como un efecto embudo para evitar personas y personajes no invitados a la fiesta—". No quería, Protocolo de Presidencia, despelote alguno. El gendarme del bastonazo (una investigación en deuda) es una contradicción en el liberalismo. Arruinó una fiesta. Los peronistas actuando como grupo minoritario otra contradicción. La violencia la mayor contradicción. Macri no tiene contradicciones. Es un ingeniero porteño que pasó por aquí, por El Monumento. Hay fotos. Para él este no es el ágora, ni el lugar de sus festejos. Ni en Cardenal Newman ni en Boca Juniors frecuentan a Lacan. Para Macri, para siempre, el Monumento Nacional a la Bandera. Y el 20 de junio es feriado nacional.

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