Opinión
Miércoles 13 de Julio de 2016

Macri & el 50 por ciento

El presidente tiene la oportunidad de dar un salto cualitativo en Argentina, cambiando todo el entramado social. Puede borrar definitivamente, con el tercer nunca más, la sociedad patriarcal.

Mauricio Macri tiene la oportunidad de dar un salto cualitativo en Argentina, cambiando todo el entramado social. Puede borrar definitivamente, con el tercer nunca más, la sociedad patriarcal.

Hechos coyunturales suelen esconder los hechos fundamentales. De aquel peronismo fundacional (46/55) las leyes laborales, el papel protagónico de los trabajadores y, básicamente, el sufragio universal son el eje. Cuando votó el otro 50 por ciento del padrón, hasta entonces postergado, invisibilizado, el sufragio fue para todos. El cambio del país atravesó coyunturas y se consolidó. No fuimos iguales. Primer nunca más.

Sobre la década del 90 la ley de cupo femenino puso en funcionamiento otra maquinaria, otro modo, trajo cambios definitivos. Por fuera, otra vez, de cualquier coyuntura. Ya en 1994 el país, con el voto universal y la inclusión de la mujer, fue el hecho diferente. Segundo nunca más.

La argumentación más revulsiva: "Pondrán a sus mujeres, sus amantes y caras bonitas" poco a poco dio paso a los hechos. Distintos, claro está. Las decisiones de gobierno, en las cámaras legislativas al menos, fueron cambiando por el pensamiento acumulado de las mejores mujeres y los mejores hombres. Distintas miradas. La ley de cupo femenino cambió la sociedad, se volvió semi patriarcal.

Otra argumentación es ésta: "Los dirigentes varones ponen mujeres que representen su pensamiento, que sean sus satélites, no hay igualdad efectiva de hombres y mujeres en las decisiones partidarias, en las elecciones internas…etcétera, etcétera". En confianza la esgrimen las dirigentes femeninas y les asiste una buena parte de razón.

Está claro que no hay partido, repito, que no hay partido político que pueda decir que tiene sus cuadros dirigenciales en términos de igualdad porcentual. En todos hay una marcada desigualdad de peso específico. Dicho de modo claro: los partidos políticos argentinos, en su totalidad, discriminan por sexo. En las agrupaciones, las asambleas, las listas y el mando.

La más reciente encuesta, sobre junio de 2016, puso nombres femeninos en superficie. Ocuparon la primera plana. Es tan inusual que mereció notas de varios periódicos. Horror, sorpresa, notorio fenómeno: Margarita, Lilita, María Eugenia Vidal y Cristina, con distintos porcentuales de "la quiero/no la quiero", acapararon los primeros puestos. Se consideró un fenómeno y como tal se consignó periodísticamente.

Este año en la Cámara de Diputados de la Nación, junto con la reforma política del Estado, que impulsa el PRO Cambiemos, se pretende (mediante el pago nacional de los costos) unificar las elecciones estaduales y/o municipales para que, en las provincias con votos significativos, por el ahorro de los dineros invertidos en los procesos electorales, se unifiquen elecciones y el arrastre de los nombres nacionales oscurezca las decisiones locales. En ésa reforma hay un olvido que resalta: la ley de paridad. Igualdad de cargos para varones y mujeres según reparto (igualitario).

Stolbizer y Carrio, como Sergio Massa, que no tienen asentamiento territorial importante en la provincia de Santa Fe, están entre los que proponen el 50 y 50, agregándolo al proyecto de reforma.

No hay socialista que, más allá de la oscuridad, donde no se escucha lo que se piensa, se oponga.

No hay fuerzas de izquierda o "progresistas" que la demoren o trafiquen con canjes el voto positivo en el recinto. Han hecho de la igualdad de género una bandera personal.

Qué radical se negaría y, de hecho, los restos del FPV, comandados por Cristina estarían, al decir de la diputada Diana Conti, baleándose las partes pudendas si no votasen la ley de paridad.

Una mujer un hombre para todos los procesos electorales. Macri debe decidir si cambia en serio al país. Es su oportunidad, el tercer nunca más.

Solo el PRO Cambiemos opina negativamente sobre un tema que escapa a las coyunturas y define un país diferente apenas se apruebe.

No se aplica en los sindicatos la ley de cupo. Los actuales líderes ¿admitirían un 50 y 50 de los cargos directivos? El sueño de la libertad es una pesadilla para cualquier burocracia sindical.

Hay en la región un notorio silencio de los líderes políticos y gremiales, también de los titulares judiciales. Parece un pacto y acaso lo sea. Se juega el poder y los varoncitos no quieren repartirlo. No quieren la igualdad con las mujeres porque, si sucediese, perderían ese doble voto de guapos que suelen ejercitar. No quieren la igualdad, básicamente, por ineptitud. Una cosa es el arbitrario "Juanita… vení vos…", a que Juanita diga "quiero ir yo, votemos…".

Hay, convengamos, una cuota de mujeres que no apoyan este criterio igualitario. No es fácil mensurarlo ni evidenciar el número, pero el tiempo que lleva el tema sin resolverse es la mejor demostración de su existencia.

No se le escapa a nadie, a nadie, que la sociedad cambió cuando las mujeres votaron, que volvió a cambiar con la ley de cupos y que la ley de paridad solo deja un camino: la suma del pensamiento es mas completa con todos y todas. Es un paisaje inaceptable para muchos líderes. En la ciudad, la provincia, la región y el país.

La ley de paridad tiene un enemigo muy claro: la cima del poder. Los hombrecitos no quieren compartirlo. Ni siquiera hablar del tema. Es de hombres hacerlo.

El tema es superior a Messi/Maradona, las bolsas por encima del alambrado, Hotesur/Bonadio y/o las tarifas. Esas son las coyunturas. La ley de paridad seria el verdadero cambio. No lo promovió CFK y todavía no lo promueve MM. Por algo será.

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