Opinión
Miércoles 02 de Noviembre de 2016

Macri & el 2 %

Escenario. Después de 300 días, España le dio su voto de confianza a Rajoy para que gobierne. ¿Podría sobrevivir Macri en una situación similar?, ¿la burocracia Argentina seguiría funcionando en ese tiempo?

Para finales de octubre de 2016 los representantes del pueblo español decidieron que ya bueno, que basta y, después de mas de 300 días sin titular, votaron a Rajoy (PP) para que gobierne el reino con Parlamento y Primer ministro.

Hace tiempo que la comparación del Partido Popular, la centroderecha democrática española es asimilada, para las teorías políticas, con el gobierno de PRO Cambiemos. Para las prácticas también.

El parangón se detiene porque en Argentina no hay centroizquierda comparable al Psoe. En Argentina no hay centroizquierda y la deformación que provocó el FPV, exageración populista del peronismo, confundió la trama y el futuro.

Quienes deberían ocupar el espacio, básicamente el socialismo y sus arrabales, se encuentra en estado de confusión, perplejidad y retirada a pequeñas parroquias.

Asumir, desde la izquierda, la definición de minoría lleva al deterioro. Hay dos pensamientos políticos activos. Para atrás y para adelante según lo conquistado, conocido, existente. Las minizquierdas argentinas atrasan demasiado.

A ése espacio lo ocuparon con eslóganes y relatos, sectores del pensamiento único, pero sin decisiones políticas que sustentasen el sitio: centro izquierda. Estos sectores populares se encuentran encerrados en una paradoja que cruza el país desde 1945. El peronismo es el eje político, declama reivindicaciones sociales progresistas, de avanzada, pero sus alianzas con el capital y las leyes monetarias son contradictorias con los enunciados, gruesas, profundas, definitivas. Su mecánica de partido único ha trabado cualquier relación que intente asimilar el parlamentarismo europeo y el diálogo entre diferentes. La relación del partido único con el poder ni siquiera es enfermiza, es simplemente necesaria. Fundante.

En todo hay enseñanza positiva. El gobierno de Rajoy, resuelto con votos, abstinencias y asunción de la realidad por parte de todas las fuerzas con representación parlamentaria, que son las que lo ungen, nos lleva a una pregunta ¿podría Macri sobrevivir a una situación similar? ¿Argentina con más de 300 días con la burocracia sin padre ni madre? Un gobierno de centroderecha que no pueda asumir en su rol Ejecutivo por trabas parlamentarias que lo impiden… ¿sobreviviría?

La primera condición es que el diálogo sería necesario, imprescindible. Algunos deberían callarse, por honestidad intelectual, fueron parte integrante de ése despotismo sin ilustración que negó el diálogo en la última década.

La mejor definición de la omnipotencia del populismo y/o el partido único, que por algo sostienen la sinonimia, es la frase de CFK: "Armen un partido, ganen las elecciones"… No refería al parlamento y las diferentes representaciones. Claramente refería al presidencialismo exacerbado, cuasi monarquía que es, fue y será el verdadero artículo uno de todos los populismos. Ni buenos ni malos. Son eso.

La situación actual de Argentina impide esa ejecución. Está claro que el condicionante de muchos actores políticos de primer grado, como de segundo grado, donde estamos incluidos los periodistas, responden a esa lógica. Se entiende, hay una vida completa con el partido único como eje, difícil escapar al hábito, finalmente al mandato cultural. Argentina, societariamente, reclama un jefe y esta referencia militar (originada por el general Perón) es la piedra donde tropieza cualquier diálogo. Buena parte de los análisis políticos sostienen ese dogma. Se juzga según y conforme se ejerza el mando. A Macri el acoso periodístico lo pone en un verbo: mandar. Ejecutivo poderosísimo o anarquía y debilidad. Eso sugieren.

El triunfo de Macri (que en primera vuelta había perdido con Scioli) constituye un punto de partida diferente. No son suyas las fuerzas provinciales, ni suyos los diputados y senadores nacionales (por eso quiere mas legisladores y un triunfo rotundo en 2017).

Mauricio Macri es un presidente del 2 por ciento. Tan legítimo como explícito. Esa diferencia lo puso en el Ejecutivo.

Para el sistema de populismo, partido único y remedo militar es malo. Para el nacimiento de pactos en cada ley, diálogo, necesidad de escuchar al otro y conceder, el mejor origen. Muchos, deformados por el puritanismo y su doble moral, sostienen que pactar es pecado. Ése error es un pecado mortal para la democracia, la transparencia y el futuro de las sociedades. La democracia es un pacto renovable cada día.

La democracia no es épica, allí la deshonestidad cultural de CFK, de sus exégetas y aliados. Contaban una epopeya y se robaban los presupuestos para sus estancias.

La democracia es humilde. Es una construcción permanente, perfectible, con tropiezos y como los veleros en el mar, imposible de llevar en línea recta. Se sabe el puerto de llegada, pero se debe navegar.

No hace falta que nos interroguemos sobre la virtud democrática de Macri. De como asuma su fragilidad y la convierta en fortaleza debería surgir el origen de un nuevo país. También puede resolver, si sus anhelos son la mayoría automática y el fin de las discusiones, pactos y acuerdos, el retorno del sistema de partido único, populismo y su degeneración obligatoria: la corrupción estructural.

Una palabra en particular para provincias y municipios donde el triunfo ha sido tan exiguo que la humildad, la aceptación del otro es tan necesaria como inevitable para la sobrevida. La supervivencia no solo de ellos, también de la democracia, todos los días a punto de nacer.

El 2 por ciento es un dato positivo. Para los dialoguistas. Los enamorados del partido único se sienten mal, muy mal.

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