El Mundo
Lunes 15 de Agosto de 2016

Macri, como toda la región, apuesta por Hillary y contra Trump

pdebrito@lacapital.com.ar

Es obvio que al gobierno de Mauricio Macri no le gusta nada Donald Trump y sueña con una victoria de Hillary Clinton. Como pasa con todos los gobiernos latinoamericanos, sean de centroderecha o centroizquierda. Pero salvo México, que tiene un enfrentamiento explícito e irremontable con el hotelero, nadie lo dirá en público, de forma directa, porque el 20 de enero Trump bien puede entrar a la Casa Blanca y la relación entre naciones deberá seguir. Pero este silencio forzado del gobierno argentino alcanza para que el ultrakirchnerismo englobe en la misma bolsa de sus fobias a Macri, para ellos "la derecha", y al confrontativo populista republicano, alguien totalmente ajeno al eficientismo tranquilo y dialoguista del PRO.

Pero la preferencia de Macri y de todo su gobierno es evidente. Rápidamente se recreó una relación con la administración demócrata de Obama, que tuvo su cénit durante la cálida visita del norteamericano en marzo pasado ("Argentina avanzó en modo impresionante en apenas tres meses, es un modelo a seguir", dijo entonces el visitante), y ratificada por la reciente del secretario de Estado John Kerry. Una secuencia, las visitas Obama-Kerry, que nunca se vio en los ocho años de poder de CFK. Macri y su gobierno también se deben imaginar la incomodidad política y personal que significaría tener que recibir en Buenos Aires a Trump con la solemnidad propia de una visita oficial, o a la inversa, ser recibidos así en Washington.

El asunto es simple: un triunfo de Trump sería un revulsivo para la región que pondría patas arriba la eficaz reconstrucción de la relación lograda en siete meses por la nueva administración argentina, remontando una década de desencuentros. Con Trump de presidente, el antinorteamericanismo que estimuló furiosamente CFK, y antes de ella su esposo (la Cumbre de Mar del Plata de 2005, que puso al país en la lista negra de Washington) y sus hoy escasos y decadentes aliados regionales (Maduro, Evo, Correa) ganaría aire nuevamente. El hombre del jopo inverosímil sería así el mejor aliado de ese antinorteamericanismo cerril y primitivo que el kirchnerismo fogoneó como nadie. Pondría si dudas en peligro la rápida recomposición lograda por Macri y Malcorra, justo cuando la marea del antinorteamericanismo está claramente en baja en América latina junto con los gobiernos populistas que lo motorizaron. Trump sería así un desastre para la estrategia de política exterior del gobierno argentino, aunque sus funcionarios no lo puedan decir públicamente. Pero incluso esta regla de oro de la diplomacia tuvo su excepción: el embajador en Washington, Martín Lousteau, lo sugirió claramente al recibir a la prensa argentina el 29 de julio pasado. La victoria de Hillary "haría más sencilla" la relación bilateral, por su continuidad con la actual, que es inmejorable, dijo el economista porteño.

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