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Lunes 24 de Enero de 2011

Más preguntas que respuestas

“Allanaron una peluquería de Empalme porque hacían abortos”. Recién llegaba al diario cuando mi editora me deslizó la noticia. Lo que se venía era previsible. Discutir entre nosotros cómo haríamos la nota y qué despliegue le daríamos (algo nada sencillo cuando se trata de un tema tan sensible y tan polémico)...

“Allanaron una peluquería de Empalme porque hacían abortos”. Recién llegaba al diario cuando mi editora me deslizó la noticia. Lo que se venía era previsible. Discutir entre nosotros cómo haríamos la nota y qué despliegue le daríamos (algo nada sencillo cuando se trata de un tema tan sensible y tan polémico), hablar con la policía responsable de la investigación, con la Justicia, con los agentes de Salud, ir al barrio y reconstruir los hechos, buscar análisis y lecturas especializadas sobre el tema.

Todo eso se hizo y en grupo. Pero se venían las preguntas. Muchas. Más preguntas que respuestas. Sobre el accionar policial, el legislativo, el periodístico, la clandestinidad de los mercados negros, los intereses científicos y religiosos y tanta hipocresía. Sobre la ley de Educación Sexual aprobada en Santa Fe en 1992. Preguntas sobre los juicios a las víctimas de cada uno de estos casos que seguramente se expresarían a minutos conocerse la noticia; en la calle, en las radios y en los diarios webs. Preguntas sobre la pobreza y las muertes evitables. Sobre los casos que ya habían sido públicos (bastó leer el mail de Gabriela Sosa del Colectivo las Juanas para recordar sólo dos de esas muertes en Rosario  ocurridas en febrero de 2009 en el Hospital Provincial tras abortos en condiciones inseguras).

 Los cuestionamientos se sumaban tanto como la indignación y mientras iba con un fotógrafo a Empalme Graneros no dejé de preguntarme también sobre esa mujer que concurrió el martes a la peluquería de Provincias Unidas y Juan José Paso. Hasta ese momento no sabía más que dos datos de ella: que tiene unos 40 años y que cursa entre dos y tres meses de embarazo. Pero yendo al lugar fui conociéndola más. No costó mucho saber que es una mujer humilde, ni tampoco imaginar que vivió prácticamente sola este drama.

 Comencé a pensarla, su rostro, su cuerpo, sus días antes del momento en que llegara la policía y la encontrara escondida en el baño y quedase detenida.

Me preguntaba quién le dio la noticia de su embarazo y cómo. Y qué cosas le pasaron por la cabeza el día que decidió que no podía o no quería seguir adelante con esa situación. ¿Habrá dormido por la noche? ¿Lo habló con su pareja? ¿Tendría pareja? ¿Por qué los varones que son parte de los embarazos siempre están ausentes de estas historias? ¿Habrá pensado en abortar yendo a trabajar o lavando ropa? ¿Habrá conversado el tema con una vecina o con una amiga?

¿Lloró por esos días o se tuvo que tragar sus sentimientos? ¿Sintió culpa, bronca, miedo o todo junto? ¿Quién le dijo que esa peluquería era una salida? ¿Pidió plata prestada para pagar ese día?  ¿Alguien la besó y despidió antes de ir ese mediodía a la peluquería?

¿Qué pensó mientras caminaba hacia allí ese martes de lluvia? ¿Qué sintió al entrar a ese lugar donde quizá minutos antes alguien se había cortado el pelo o se había hecho un brusing? ¿Se sobresaltó o enmudeció cuando llegó la policía?

¿Y cuando la llevaron detenida ante los ojos del barrio que siempre supo que eso pasaba allí, que sintió? ¿Deseó que alguien salga de entre la gente a defenderla? ¿Había escuchado antes las palabras imputada, punible o Código Penal?

¿Qué siente ahora que sigue embarazada?  

¿Cuándo comenzó esta historia? ¿Terminó?

Más preguntas que respuestas.

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