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Jueves 09 de Febrero de 2012

Luz del alma

Lo recuerdo tantas veces, aquella noche en la Rural, cuando hizo magia con una criolla y prometió volver "con toda la usina", y en el Real, con Pescado, una leyenda que yo, que ni siquiera pasé por la puerta del teatro porque era un pibe y todavía no tenía idea de qué era el rock, también alimenté.

Lo recuerdo tantas veces, aquella noche en la Rural, cuando hizo magia con una criolla y prometió volver "con toda la usina", y en el Real, con Pescado, una leyenda que yo, que ni siquiera pasé por la puerta del teatro porque era un pibe y todavía no tenía idea de qué era el rock, también alimenté. Fue esa noche, a la salida, escapando a las corridas de la cana, cuando me arrancaron el arito de la oreja, sí, de ésa oreja, la derecha, que hoy tengo partida, como el corazón. Y en las tardes de la secundaria, cuando escuchaba los discos en el Winco de mi hermana Anahí y aprendía las canciones de memoria, todas mezcladas, con ruido a huevo frito, sublimes. De memoria, como atesoré ese momento en el que me abrió la puerta de su estudio en Bajo Belgrano, para contarme, mientras tomaba unos mates, que se había enamorado. Ya era un hombre grande, yo también, y sus palabras me conmovieron. Como sus músicas, que eran invisibles, rabiosas, amargas, almendras amargas, un veneno que me iluminó el alma.

 

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