Escenario
Domingo 14 de Agosto de 2016

Luis Machín llega a Rosario con "Jugadores": "El humor a veces remarca el costado triste"

El actor habló sobre los personajes de la obra que protagoniza junto a Daniel Fanego, Osmar Nuñez y Jorge Suárez y que se presenta hoy y mañana en El Círculo.

Cuatro hombres juegan una partida de cartas y terminan embarcados en un juego mucho más peligroso. Ellos son un peluquero, un sepulturero, un actor y un profesor de matemáticas. Son hombres incompletos, insatisfechos, que viven por inercia. En el fondo se sienten desplazados: el mundo ha cambiado y no lo entienden. Han cambiado los valores, las reglas, y ellos no encuentran su lugar. Este es el punto de partida de "Jugadores", la obra que se presentará hoy, a las 21, y mañana, a las 20, en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza). La comedia dramática escrita por el dramaturgo catalán Pau Miró y dirigida en su versión argentina por Nelson Valente está interpretada por un cuarteto de lujo: Luis Machín, Daniel Fanego, Osmar Nuñez y Jorge Suárez.

El rosarino Luis Machín, que se luce tanto en el teatro como en el cine y la televisión, charló con Escenario sobre estos cuatro personajes "enternecedores" y dijo que sus historias podrían encontrar un correlato en la Argentina actual. También habló sobre su abierta militancia a favor del kirchnerismo y aseguró: "Nunca le esquivé el bulto a decir lo que pienso".

—¿Cómo definirías a los personajes de "Jugadores"? ¿Cuál es el vínculo que los une?

—El vínculo está atado al título. Estos personajes están marcados por su oficio, tanto que están mencionados por su oficio, no tienen nombre personal, se los menciona por su actividad. Ellos son un actor, un peluquero, un sepulturero y un profesor. Lo que los vincula es el juego, y en el caso de la pieza es la no posibilidad del juego. Ellos están como es un estado de abstinencia, no tienen el recurso que les permite explayarse en su vicio, que es el dinero. La pieza descubre a estos personajes en un momento crítico, pero los encuentra juntos, porque hay una relación amistosa. A través de los años han jugado muchas veces juntos. Pero ahora están sin dinero y además tienen un problema personal que deben resolver ante la justicia. Ese es un poco el disparador de la obra para empezar a tocar otros temas y otras aristas.

—Tu personaje es el sepulturero. ¿Cómo lo describirías? ¿Cómo se relaciona con los demás?

—El sepulturero tiene un vínculo más estrecho con el actor, porque se conocen desde hace más tiempo, se tienen más simpatía. El peluquero y el profesor es como que forman parte de otro grupo. El sepulturero se metió en ese oficio porque no le quedó otra, no es algo que él ha hecho durante toda su vida. Es un tercerizado que trabaja en una empresa de sepultureros y tiene un amor imposible. Es un personaje enternecedor, como son los cuatro. La obra es claramente un paso de comedia, la gente la disfruta mucho desde ese aspecto. Los personajes se explayan sobre sus imposibilidades en un tono de comedia. Pero la temática lleva a pensar en la naturaleza de los oficios y los vínculos entre las personas. La obra también se desarrolla en un mundo de hombres, pero ese mundo refleja la mirada femenina a través de las palabras de estos cuatro hombres.

—¿Qué fue lo que más te interesó del texto?

—Me interesó la posibilidad de traerlo a algo más cercano. Pau Miró es un autor catalán, pero el mundo que habitan estos personajes es universal. No descubro nada diciéndolo, pero las grandes temáticas no son muchas: la muerte, el amor por otra persona y la desesperación frente a conflictos determinados. Lo interesante es cómo estas temáticas son tratadas. Esta obra permite traerla más a nuestra idiosincracia, lejos de los modismos catalanes, y por eso puede ser interpretada por cuatro actores argentinos. Esto también lo permitió la mirada de la dirección, porque la pieza está adaptada de tal forma que la reunión de estos cuatro personajes puede ocurrir a la vuelta de la casa de uno.

—¿La obra se centra en la frustración?

—Es un tema que sobrevuela, porque todo ludópata acarrea un peso de frustración. Es la imposibilidad de la insatisfacción. El juego, como todo vicio, permite un rato de euforia que puede posibilitar ganar dinero, sobre todo cuando se gana en grandes cantidades, que es a lo que uno aspira cuando juega. Y cuando eso no sucede conlleva a la frustración inmediata. Pero lo importante es que la obra siempre tiene un escape al humor, y el humor a veces también remarca el costado triste, habilita la posibilidad de que lo dramático exista en estos personajes.

—¿Por qué los personajes se describen como "desplazados"?

—Porque tienen oficios que en parte pertenecen al pasado. El peluquero, por ejemplo, es de una peluquería de barrio, no es un coiffeur. El estaba acostumbrado a hacer barba y corte a lo varón. A este hombre le han modernizado la peluquería, el hijo del dueño quiere hacer un salón de belleza y un cybercafé... Bueno, un cybercafé ya es demodé (risas). Es como que le ha entrado la tecnología por un lugar y a él se le escapó la tortuga. No la vio. En el caso del actor es un personaje que está permanentemente haciendo castings y nunca encuentra el trabajo que le permite demostrar el actor que él cree que es. Y además no es el actor que dice ser. Hay algo de la inmediatez del mundo moderno que a ellos los ha superado. Están en un territorio que los ha expulsado y están tratando de ver cómo se acomodan.

—En esta trama, ¿hay puntos en común con nuestra realidad cotidiana, con la Argentina actual?

—Sí, porque son personas que están sobrellevando la situación como pueden. Nosotros, desde ya hace unos cuantos meses, vivimos la realidad de los despidos, que han dejado mucha gente viendo qué es lo que puede hacer. A una persona que es despedida de su trabajo y que tiene una profesión, en un momento como el que estamos atravesando, le es muy difícil volver a insertarse. Nosotros ya vivimos esta situación de gran cantidad de desempleo día a día. Y ahora también se habla de a miles en muy poco tiempo. Uno podría fotografiar esta realidad y pensarla en personas que además tienen el vicio del juego y que han quedado fuera del sistema. Eso tiene puntos de contacto con la obra.

—¿Qué te da el teatro que no podés encontrar en el cine o la televisión?

—El espectador de teatro asiste a un acto único e irrepetible. La obra, por más que sea la misma, nunca es igual. En primer lugar porque los actores estamos distintos todos los días, y en segundo lugar porque el presente es irrepetible. La posibilidad que tiene el espectador, quizá, de ver una muerte en público, para nosotros los actores es el puro presente. Es irrepetible y es entrañable, y además te da revancha, porque siempre viene una próxima función. Una obra es algo en permanente crecimiento.

—Siempre manifestaste tu apoyo al gobierno de Cristina Kirchner. ¿Cómo ves al país ahora?

—Lo veo con enorme preocupación. Los índices que se conocen y se palpan diariamente son alarmantes. Hay mucha gente que se quedó sin trabajo, que ha sido despedida incluso por cuestiones ideológicas. Hay programas sociales, culturales, de sanidad y educativos que tuvieron un enorme desarrollo y que ahora han sido vapuleados, echados por tierra. Eso alarma mucho. En lo personal también veo que ha descendido mucho el público en los teatros, y no hay más desarrollo audiovisual en el interior del país, como había antes. Rosario el año pasado llegó a producir tres series de televisión al mismo tiempo. Eso fue histórico. Fue la primera vez que el interior tuvo ese desarrollo audiovisual. El Estado miró realmente a la gente que está contenida dentro del Estado, que no es sólo la gente que vive en Capital Federal. Y miró con ojos muy ávidos de cultura regional. Todo eso no existe más. Y actualmente muchos actores y muchos técnicos están sin trabajo.

—Recientemente se revelaron muchos hechos de corrupción que ocurrieron durante el kirchnerismo. ¿Cómo lo tomaste?

—Esas cosas me chocan tanto como los hechos de corrupción actuales. Es muy chocante, sí, y es imposible no estar al tanto de eso porque los medios se encargan de remarcarlo de manera muy locuaz. Lo que me llama la atención es que con tanto descaro se den actualmente y a la vista de todos casos como el de los Panamá Papers y el robo declarado con las tarifas del gas y la luz. Eso es un robo. Es desviar fondos que podrían ser para la redistribución equitativa y llevarlos a los monopolios.

—¿Tu militancia te jugó en contra? ¿Recibiste muchas críticas?

—No, en general la gente sabe diferenciar. Pero siempre te llegan algunos comentarios desagradables, eso es inevitable. Seguramente después de esta nota también aparecerán. Pero yo nunca le esquivé el bulto a decir lo que pienso. Y me parece que la gente también tiene que decir lo que piensa, aunque yo les pediría que sean un poco más educados. Por lo menos que respeten a nuestras madres (risas).

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