Edición Impresa
Viernes 15 de Febrero de 2013

Lugüercio, un caso para reaccionar

Una vieja frase aludía a que el fútbol es un juego de hombres, la que servía para justificar picardías, trampas y deslealtades...

Una vieja frase aludía a que el fútbol es un juego de hombres, la que servía para justificar picardías, trampas y deslealtades, a tal punto que quien se sublevaba ante determinadas actitudes antideportivas era señalado como un “botón” en el perverso  juego de la descalificación. Allí donde aún radican los tan mentados “códigos del fútbol”, los mismos que sirven para sostener un sistema que es flexible y maleable a ciertos intereses. No obstante, este deporte tiene aún espacio para defender los  valores humanos y deportivos, aunque suene a quimera. Es por eso que la situación de Pablo Lugüercio, quien fue expulsado por primera vez en toda su carrera el pasado viernes al rebelarse por una cuestión moral, debe servir como punto de partida  para modificar comportamientos y ejemplificar con castigos. El atacante de Arsenal reaccionó con un golpe a Emanuel Brítez porque el jugador de Unión le manoseó el trasero. El árbitro no vio, consultó con su asistente y echó al delantero, quien se fue  de la cancha llorando, en un mal momento que le duraba hasta ayer. “Tengo una formación familiar, aprendí de buenas enseñanzas y el respeto tiene que darse en todas sus formas, incluso en el plano deportivo”, comentó Lugüercio. Y si bien Brítez se arrepintió,  el tribunal debería sancionarlo para ejemplificar, aunque se trate de pedir un acto de sentido común a un organismo que no se caracteriza por ello. Si no, alcanza con ver cómo manejó el caso de Lucas Bernardi.

Comentarios