Ovación
Viernes 04 de Noviembre de 2016

Loustau encarriló un partido chivo

Patricio Loustau estuvo en el ojo de la tormenta en la previa del partido del último miércoles en el Kempes, en lo que fue la clasificación canalla a las semifinales de la Copa Argentina. El juez tenía en el lomo la enorme mochila del pésimo arbitraje de un año atrás en la final de la misma competencia disputada también por ambos equipos. Aquella vez, los xeneizes se quedaron con todo por los fallos garrafales de Diego Ceballos, que entre sus graves desaciertos, como sancionar un penal por una infracción de Ferrari a Peruzzi que fue un metro afuera del área, no volvió a impartir justicia en primera división. Con este lastre salió Loustau a dirigir a canallas y boquenses y con mucha muñeca sacó adelante un partido chivo. El mejor resumen de que no incidió en el resultado es que cuando decretó el final del duelo en Córdoba ningún protagonista se le fue al humo a recriminarle nada. Eso suele ocurrir con el equipo que pierde, pero ni Carlos Tevez ni sus compañeros lo encanaron al juez y se metieron de una en el vestuario con la cabeza gacha.

Las jugadas polémicas con las que tuvo que lidiar Loustau fueron las reiteraciones de faltas de Pablo Pérez, al que sólo le mostró cartón amarillo, y una entrada dura del ya amonestado Cristian Villagra al propio Pérez, quien el juez entendió que no era para roja. Jugadas opinables, pero con el libreto que usó el árbitro de sacar el partido a flote fueron decisiones políticamente correctas.

Y otra polémica fue la mano de Dylan Gissi dentro del área tras una peinada de Santiago Vergini, pero no hubo ninguna intención del defensor auriazul de desviar el balón. No fue penal y acertó Loustau. Por eso, más allá de los lamentos de los periodistas de Buenos Aires por la eliminación xeneize, Central accedió a semifinales en buena ley.


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