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Domingo 29 de Mayo de 2016

Los últimos 800 metros son la verdadera zona de muerte

Los dos meses de aclimatación que en el campamento base hacen los montañistas sirven para que el organismo se habitúe a realizar una notable actividad física en una altitud donde el oxígeno es muy escaso (se calcula que un tercio del existente al nivel del mar).

Los dos meses de aclimatación que en el campamento base hacen los montañistas sirven para que el organismo se habitúe a realizar una notable actividad física en una altitud donde el oxígeno es muy escaso (se calcula que un tercio del existente al nivel del mar).

Sin embargo, no existe ninguna aclimatación para los últimos 840 metros de ascensión. Este último tramo de la escalada es lo que se conoce como la zona de la muerte, dado que el nivel de oxígeno más allá de los 8.000 metros es ínfimo: es una altura cercana a la que vuela un avión comercial.

Cuando los escaladores ingresan en dicha zona, el cuerpo literalmente desfallece poco a poco cada minuto que pasa ahí. Si a eso se le suman temperaturas próximas a 40 grados bajo cero en la cumbre, se entiende que ni siquiera hace falta la aparición de una tormenta para convertir la cima del Everest en uno de los puntos más peligrosos del planeta.

Por eso, la gran mayoría de escaladores describen el momento de alcanzar la cima como un brevísimo encuentro en el que hay que dar un vistazo rápido, hacer una foto e iniciar inmediatamente el descenso. Cada minuto que se pasa allí arriba corre en contra del interés de regresar vivo al campamento base.

En este sentido, es especialmente trágico es el caso de Bruce Herrod, quien en 1996 coronó en solitario la cima pasadas las 17 cuando la hora límite establecida son las 14.

Eufórico, se hizo un selfie en la cumbre y llamó por radio al campamento base para comunicar el éxito de la ascensión. Todos los habitantes del campamento base (incluida su esposa) sabían que estaban hablando con un hombre muerto.

Tiempo después, se logró recuperar la cámara (no el cuerpo) y su propia mujer publicó aquella última foto de su marido para que sirviera de ejemplo, a todos aquellos que intentan ascender, de los peligros que se ciernen en la máxima altura.

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