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Martes 17 de Mayo de 2011

Los "turistas pedagógicos" que pasean por las aulas

Convivencia escolar y adolescencia

En las escuelas nos encontramos con niños y adolescentes que no entran en las aulas, otros que ingresan pero no han llevado ningún material para trabajar, y no me refiero a que han olvidado el mapa, o el compás para la hora de geometría. Me refiero a estudiantes que no han construido tal condición. Llegan a las escuelas sin carpetas, sin lápices, carentes de cualquier instrumento que los identifique, inscriba o afilie con lo educativo, con el ser estudiante. No son sujetos pedagógicos ni sujetos pedagogizados, porque la institución no formó huella, no dejó aún ninguna marca, no son sujetos instituidos en las prácticas discursivas sociales.

Deambulan por la institución y por las instituciones. Andan de aquí para allá sin estar en ningún lugar. “Vienen a hacer turismo”, comenta una docente. “Algunos ni entran a la escuela. Se quedan ahí, en la puerta, y  en los recreos se los ve por el patio. Los otros días encontré a uno de esos turistas en mi aula. Había entrado a escuchar, me dijo. A ver si puedo rendirla libre en febrero. No había traído nada para trabajar. Así que le di una hoja y una lapicera y tomó algunas notas. Después se fue. No volvió a entrar. Lo veo a veces a la salida”.

Otros llegan con todo el material pero no lo usan. Se sientan con su carpeta abierta sobre la mesa y escuchan música con los auriculares, se entretienen con el celular o simplemente se remiten a hacer como si estuvieran presentes. Asisten, cumplen con el horario, pero no trabajan, tampoco molestan demasiado. Las escuelas se empeñan en aferrarse a unas prácticas que los alumnos hoy están en condiciones de simular lo que le da a las actividades escolares un viso de irrelevancia. En su libro “De Sarmiento a los Simpson”, Caruso y Dussel señalan: “El proceso de desinversión educativa vivido en los últimos años ha producido una pobreza no sólo material sino también simbólica de lo escolar. (...) La cuestión de la pobreza simbólica fue definida por Barthes como asimbolia, característica que acompaña a la desestructuración de las sociedades”.

Reglas y convivencia. La desestructuración de las sociedades unida a la asimbolia produce a su vez otros efectos, semejantes a los que Durkheim llamó “anomia”. Se trata de niños y jóvenes que no logran
adecuarse a las reglas básicas de convivencia. No me refiero a la saludable resistencia que algunos sujetos oponen al régimen oprimente de algunas instituciones educativas, o a la resistencia que
algunos oponen ante las injusticias y arbitrariedades. Me refiero a la resistencia a ser educados en el marco de las instituciones. Pero se trata de una resistencia sin argumentos, una resistencia desfondada, desarticulada, indómita.

Esto muestra la pérdida del poder instituyente de las instituciones de la modernidad y la preponderancia de la impronta del mercado, preponderancia que no se vehiculiza a través de instituciones, sino que utiliza el soporte mediático a través del cual nos interpela el mercado. En este marco ¿qué lugar le cabe a la escuela, a su función social, a los adultos, jóvenes y niños que allí se relacionan?

Repensar la institución. Intentemos una posible propuesta: pensar una institución que responda a las nuevas necesidades e intereses, pero no sólo de los niños, sino fundamentalmente de la sociedad actual, que dé respuestas a la crisis histórica que estamos atravesando. La democracia, en tanto espacio público de debate, requiere argumentos fuertes y potentes ideales. Si creemos con real convicción en lo
interesante del mundo de la ciencia o del arte que tenemos para compartir con ellos, tal vez podamos buscar nuevos modos para convocarlos, para desafiarlos, para crear en ellos nuevos interrogantes a partir de los cuales problematizar creativamente el mundo y la cultura.

Crisis de la modernidad, quiebra del sistema educativo, los derechos de la mujer, del niño, de las minorías étnicas y sexuales, caída de la autoridad patriarcal, sujetos desfondados, interpelación atemporal de los  masmedia, prevalencia del mercado, Estado mínimo, nuevos movimientos sociales autogestionarios que están poniendo al país patas para arriba. Todo esto está sucediendo pero no nos engañemos, no es el fin de la historia ni el fin de las ideologías. Está empezando una nueva historia. Estamos ideando un nuevo mundo.

Tendremos que estar atentos, y a la altura de las circunstancias para repensar las escuelas, para reescribir los nuevos proyectos educativos para estas jóvenes generaciones. Y tal vez debamos aceptar que la formación de un sujeto político, crítico y autónomo sea más incompleto, menos memorioso, más atrevido para jugar con los conceptos, menos lleno de información y más capaz de razonar y producir la que no encuentre.

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