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Martes 24 de Mayo de 2011

Los tópicos no sirven

La derrota del PSOE y de Zapatero es inevitablemente interpretada por un sector importante de los medios y de la opinión como resultado...

La derrota del PSOE y de Zapatero es inevitablemente interpretada por un sector importante de los medios y de la opinión como resultado, no sólo de la demoledora crisis nacida en 2008 y de los 5 millones de desempleados, sino de la rendición incondicional del gobierno español a los dictados ortodoxos y antipopulares de los mercados y el FMI. Conviene advertir que las cosas no son así de gruesas y lineales, y que el terrible porrazo socialista se debe sobre todo a su total falta de soluciones eficaces a la crisis, y no a los escasos y tibios remedios ortodoxos aplicados hasta ahora. "ZP" paga por ese 20-21 por ciento de desempleo (en 2007, antes de la crisis, era 8 por ciento) y la recesión (en 2007 España alcanzó un récord de 16 años continuados de crecimiento; en 2009 se hundió en un -3,9 por ciento de actividad económica, y en 2011 apenas si crecería 0,8 por ciento). Tampoco es que el gasto público, expandido con fuerza en 2008-9, haya bajado abruptamente por orden fondomonetarista. De hecho, la leve disminución del déficit de 2010 respecto de 2009 (de 11,2 por ciento a 9,3 por ciento de PBI), se debió en un 55 por ciento al aumento de los impuestos y no al recorte del gasto. El tópico del "ajuste salvaje" cae así rápidamente, apenas se estudian los números nacionales. El déficit previsto para 2011, de 6,6 por ciento de PBI, tampoco indica que se esté ante un ajuste brutal, ni mucho menos. Es verdad que los mercados aplican el torniquete de las tasas de interés a los bonos, pero eso es lógico cuando detectan una deuda pública creciente con una economía que no crece.

El altísimo desempleo es el gran drama español, que los jóvenes de Puerta del Sol escenifican de manera inmejorable para entusiasmo de massmediólogos y panfletistas del anticapitalismo profesional. La cruda verdad es que el brusco fin de la industria del "piso", al estallar la burbuja inmobiliaria en 2008, dejó a una masa de gente desocupada muy difícil de reubicar. Ese motor se apagó, y no hay por ahora con qué sustituirlo

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