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Sábado 02 de Julio de 2011

Los riesgos en el trabajo y la escuela

Las muertes de los obreros ocurridas en los últimos meses obligan a una reflexión educativa

La muerte de un solo trabajador ya es demasiado. Cientos mueren en nuestro país cada año como consecuencia de accidentes o de enfermedades adquiridas en el trabajo o que son consecuencia de él en el largo plazo y que pueden prevenirse.

No podemos permitir esas pérdidas de vidas humanas por varias razones. En primer lugar, no sólo por la lamentable desaparición de esas personas que con sueños de progreso y proyectos para él y su familia estaban trabajando y creando riqueza aparte del desgarro familiar que su muerte implica. Segundo, el impacto anímico en los compañeros de trabajo resulta muy difícil de superar. Muchos de ellos pueden sufrir trastornos, resistirse a volver al lugar de trabajo y requerir asistencia médico- psicológica. Tercero, la empresa, su desempeño e imagen ante la comunidad que la rodea son afectados de tal manera que, en algunos casos, su capacidad de operación puede quedar interrumpida por días, semanas o meses. Algunas veces, deben retirarse del mercado como consecuencia del costo de los juicios que enfrentan y del valor de las compensaciones monetarias que deben abonar por muertes o lesiones culposas.

Hay otra dimensión que no debe dejarse de lado. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que las pérdidas totales por la falta de medidas eficaces de prevención ante la existencia de peligros y de riesgos en los lugares de trabajo asciende aproximadamente al 4 por ciento de lo producido en el mundo cada año. Ese valor oscila entre el 2 por ciento del PBI en los países más desarrollados y puede alcanzar hasta el 9 o el 10 por ciento en los que están en vías de desarrollo industrial.

Si se toma sólo un 2 por ciento como cifra conservadora para el caso de nuestro país, esas pérdidas alcanzarían a unos 12 mil millones de dólares. ¿Somos tan ricos e insensibles como para gastar ese monto de dinero en compensaciones por daños y perjuicios, pérdidas de días de trabajo y caídas de la productividad?

Actores sociales. Las responsabilidades para evitar accidentes, controlar riesgos y eliminar peligros en los lugares de trabajo están repartidas entre los actores sociales principales. La primera responsabilidad es la del dador de trabajo, es decir, del empleador directo. Así lo establece la legislación nacional vigente y las normas internacionales de la OIT.

La Argentina no ha ratificado ninguno de los tres convenios principales de la OIT sobre este tema: ni el C 155 sobre seguridad y salud de los trabajadores (1981), ni el Convenio sobre los servicios de salud en el trabajo (1985), ni el Convenio 187 sobre el marco promocional para la seguridad y salud en el trabajo (2006).

El C 187 establece la expresión “cultura nacional de prevención en materia de seguridad y salud”. Se refiere a “una cultura en la que el derecho a un medio ambiente de trabajo seguro y saludable se respeta en todos los niveles, en la que el gobierno, los empleadores y los trabajadores participan activamente en iniciativas destinadas a asegurar un medio ambiente de trabajo seguro y saludable mediante un sistema de derechos, responsabilidades y deberes bien definidos, y en la que se concede la máxima prioridad al principio de prevención”.

Para lograr la vigencia plena de esa cultura de prevención de riesgos y su práctica entre todos los argentinos se requiere la adopción de una política en la materia, y la ejecución de un programa asistido por un sistema nacional de instituciones.

Rol clave. Entre las instituciones que deberían desempeñar un papel protagónico para la comprensión y adopción de una cultura de prevención en riesgos del trabajo resulta clave el sistema educativo. Pero no sólo las escuelas en todos sus niveles deberían incluir en la currícula esta cuestión. Es imperativo alcanzar con ese concepto a la formación de los maestros y de los profesores. Por lo tanto, la prevención de riesgos y la promoción de la seguridad y de la salud en los lugares de trabajo debería ser parte de la enseñanza en los institutos de formación docente.

Si en nuestros jardines de infantes y en las escuelas primarias y secundarias lográramos que sus docentes trabajaran el tema de la prevención de riesgos, estaríamos mucho más cerca de que sus alumnos lleven consigo en sus mentes la marca indeleble de la importancia esencial de cuidar su vida y saber cuidar la de los demás.

Muchos alumnos serán trabajadores, unos pocos crearán empresas o serán sindicalistas, otros serán profesionales, legisladores, jueces, inspectores del trabajo. Pero todos, incluido el presidente de la Nación, habrán aprendido el concepto de la prevención de riesgos y podrá tomar, entonces, la buena decisión de ratificar los convenios de la OIT sobre seguridad y salud en el trabajo.

 (*) Director académico del posgrado en higiene y seguridad (UNR)

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