Opinión
Domingo 08 de Enero de 2017

Los que leen por encima del hombro

La situación se sigue dando entre los porteños, que hojean en el subte, o en el consabido 60 un diario entero.

Hasta no hace mucho tiempo, los que viajaban en colectivo y aprovechaban el tiempo muerto para leer el diario tenían que soportar a un tipo muy molesto que, aunque inocuo, no era menos perturbador. La situación se sigue dando entre los porteños, que hojean en el subte, o en el consabido 60 un diario entero.

La geografía rosarina no da para tanto, desde ya, salvo que se exceptúe un recorrido del 35/9.

Pero hay situaciones que recuerdan esas molestias. No falta que alguien vaya viendo un partido por el celular que ya varios cogotes se empiezan a estirar. El celular es distinto al diario, éste es público, no refiere a situaciones particulares que entran en la esfera íntima como el caso del teléfono. De allí que la situación sea más violenta.

No importa, la pasión puede mucho más. Y pasan los minutos y las evoluciones de los tipitos que corren en un fondo de pantalla verde como un videojuego siguen torturando al tipo (o a los tipos) que no están invitados a ese asado.

Después de la enésima mirada asesina del dueño de celular, el interpelado ensaya una disculpa sentida con un ¿cómo van? Santo remedio, desaparece la tensión, tanto más si los dos son de al misma divisa, o son "amigas". Ahora la cosa se pone animada y la gente que está alrededor de los dos fanas asiste a un sainete improvisado. ¡Qué animal, que burro!, y así por el estilo pero con mesura, ojo que no están en una popular que da marco a cualquier zafaduría. Al fin, el que mira por encima del hombro le acortó el viaje a todos, las cuadras se desvanecieron en el rectangulito verde.

Chau negro, gracias.

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