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Domingo 26 de Julio de 2015

Los problemas de los marcianos

Reflexión, en clave de humor, sobre añejos vicios de los argentinos.

No hay cómo leer diarios y libros viejos para estar actualizado. Es increíble cómo las cosas se repiten o, más bien, no pasan, siguen igual. Mi amigo Pablo Solomonoff preparó hace tiempo una edición anotada de un libro de Eduardo Holmberg, “Viaje maravilloso del señor Nic-Nac al planeta Marte”. Pablo sostiene que es el primer libro argentino de ciencia ficción. Como suele ocurrir, este libro de ciencia ficción es también un libro de actualidad política.
Nic-Nac,viajero espiritista del Sistema Solar, se encuentra en Marte, y allí es invitado a conocer “un pueblo extraño”: “La causa de su ruina —le explica a Nic-Nac el cicerone que Holmberg ficcionalmente le ha proporcionado— es la vehemencia con que se desenvuelven las pasiones en su seno”.
“Estas llanuras inmensas de extrema fertilidad —le siguen explicando— están completamente despobladas, y es necesario a todo trance que una fuerza viva venga arrancarles los tesoros que encierran. Las otras naciones le envían elementos de todo género, buenos y malos, y de esta asimilación, resultan las relaciones poderosas de los diversos grupos que tratan de armonizarse, de unificarse de ideas, y cuando estalla una de aquellas manifestaciones sociales o políticas, tan comunes en los pueblos que que no han cimentado aún su organización interna, estos grupos heterogéneos se reúnen en dos grandes centros, de los cuales emanan todas las disensiones, todas las sospechas, todas las amenazas, todos los males en una palabra, que pueden afligir a un país”.
El subrayado me pertenece. ¿No le va resultando familiar la descripción de este país marciano? Espere, el narrador continúa así: “Las instituciones son republicanas, y en uno de esos momentos en que el pueblo se prepara a representar su autonomía, la prensa de uno de los dos grandes centros se manifiesta altamente contraria, hostil diremos, a la opinión del otro centro. Comienza la lucha. Todo marcha bien. La indignación llega al colmo, y en vez de insultarse de individuo a individuo... no... esto es muy poco, es necesario prodigar algunas blasfemias a la propia patria, cansada ya...”.
La vehemencia. Un país nuevo. Que no sabe usar las instituciones, y reclama su derecho a usarlas mal... ¿A qué me hace acordar esto?
“Mientras el natural del país, solamente él, toma cartas en el asunto, puede creerse que se lo mirará como a un desgraciado, que habla porque goza del don de la palabra, o que escribe porque no ignora el arte de trazar signos...”. En efecto, este pobre pueblo, deduce el lector, puede verse castigado por semejantes engendros, pero, bueno, esto ha ocurrido muchas veces en la historia; se sobrepondrá...
Sin embargo, la cosa no termina ahí: “Pero cuando el extranjero toma parte... la escena varía de carácter, los insultos toman un aspecto más grave”. ¿Ah, sí? Y entonces, ¿qué pasa? (y esto lo subraya Holmberg, no yo): “El grajo se viste con las plumas de los pavos reales para decirles IMBÉCILES (a los de un grupo) y los pavos reales que ven un hermano en el grajo... no le arrancan las plumas, porque así conviene a los intereses del centro a que pertenecen”.
Esto, decididamente, me hace pensar en ciertas cosas que están pasando ahora, pero ¿no se equivoca el don profético de Holmberg en el tipo de ave a la que se refiere?
Y así, sigue diciendo el personaje habitante de Marte, los partidarios de un grupo dan oídos a este “pájaro” nada más que porque está en contra de otro grupo, olvidando que es un extranjero, “posponiendo la dignidad de la patria, el fuego del sentimiento nacional, ese fuego sagrado que una vestal celeste debe animar perpetuamente, a todos los intereses mezquinos de pasiones que cada cual pretende ennoblecer con razón o sin ella”.
Creo que Holmberg, que escribía esto en 1875, marcaba bien como generador de este problema del país marciano, al hecho de que las otras naciones “le envíen elementos de todo género”. Quién sabe si esta pobre sociedad del otro planeta no sigue teniendo el mismo obstáculo, aunque ya haya transcurrido casi un siglo y medio más... Puede que los descendientes de aquellos inmigrantes que se mudaron un día de país en el Planeta Rojo se sigan sintiendo un poco extranjeros... Con derecho, en todo caso, a pedir la “ayuda” de aquellos que se quedaron en el lugar de donde sus antepasados, cierto día, se largaron a venir, en vez de darse cuenta de que eso ya pasó hace mucho tiempo, y que, ahora, tienen que arreglar sus problemas aquí (digo, allí), dentro de la comunidad a la que ahora pertenecen, y que no está bien fortalecerse con los ataques a su propio país, aunque sean ataques al gobierno de signo opuesto al de ellos. Qué problema con la ciencia ficción, uno nunca sabe de quién está hablando, realmente.

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